Los orígenes del modelo sindical argentino: V. Un largo proceso hasta el sindicalismo integrado

La quinta sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino”, en la cual el autor examina las bases de la futura estructura corporativa y el comienzo de un movimiento sindical conciliatorio.

Manifestación de la USA, 1923
Manifestación de la USA (Unión sindical argentina), 1923

Las secciones anteriores se encuentran acá.

Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

Un largo proceso hasta el sindicalismo integrado:

Al poco tiempo de constituido el Departamento Nacional del Trabajo, el mismo invita en 1907 a la UIA y a las dos centrales obreras a constituir una comisión de arbitraje integrada por representantes obreros y patronales. La UIA contesta favorablemente a la propuesta. La FORA ni siquiera contesta la invitación; y la UGT contesta rechazando la misma y pide que “…en lo sucesivo no la molesten con proposiciones semejantes porque están convencidos de que todo lo que se refiera al bienestar y mejoramiento de nuestra clase depende única y exclusivamente del esfuerzo que pueda desarrollar la acción obrera por medio de la lucha”. Este hecho permite apreciar el rechazo absoluto que en ese momento tenían las tendencias anarquistas y sindicalistas a todo intento integracionista por parte del Estado.

Hipólito Yrigoyen, 1926
Hipólito Yrigoyen, presidente de la Argentina, comenzó a cambiar la actitud confrontativa del estado hacia el movimiento obrero.

Sin embargo, luego de la represión ocurrida durante el centenario, la corriente sindicalista comienza a sufrir modificaciones en su postura, perdiendo la huelga general y las medidas insurreccionales la centralidad que tenían anteriormente. A partir de ese momento los sindicalistas comenzarán a preocuparse más por el fortalecimiento de las organizaciones gremiales y comenzarán a tener una posición más favorable hacia la intervención del Estado. Este proceso adquirió una mayor dimensión luego del IXº Congreso de la FORA (1915), cuando los sindicalistas pasan a dominar el movimiento sindical, y al mismo tiempo, el Estado comienza a cambiar su actitud confrontativa hacia el movimiento obrero a partir del ingreso del yrigoyenismo en el poder. Los sindicalistas comenzarán a dejar a un lado sus aspiraciones revolucionarias y comenzarán a utilizar la amenaza de huelga como arma de presión para obtener mejoras inmediatas a través de la negociación1.

Uno de los cambios en este proceso fue la transformación operada dentro de la propia estructura de las asociaciones sindicales, asumiendo un carácter más corporativo y de mayor centralización. En este punto tiene importancia el crecimiento operado por las grandes federaciones nacionales de actividad. Ya en el IXº Congreso de la FORA en donde los sindicalistas pasaron a dominar dicha central, se resolvió realizar una intensa propaganda a los efectos de posibilitar la constitución de federaciones de oficio y de industria por considerarlos “…un medio eficaz para extender e intensificar la acción que los sindicatos realizan cotidianamente contra el capitalismo y el Estado”2. Asimismo, el secretario general de la FORA del IX Congreso, Sebastián Marotta, publica luego un artículo en el cual expresa la necesidad de reorganizar la entidad aumentando el número de federaciones nacionales de industria. Señala que las federaciones locales de que hablan los estatutos no satisfacen las necesidades de la organización, debiéndose crear un nuevo mecanismo formado por delegados directos de las federaciones de industria y uniones departamentales, agregando que estos delegados mantendrían la unidad real y eficaz de la clase trabajadora y estimularían al Consejo Federal en su labor3. Corresponde recordar que para Pellico era la federación local la que brindaba a la organización sindical un carácter revolucionario al eliminar las diferencias corporativas existentes entre los trabajadores, y era por el contrario la federación de oficio la que posibilitaba sólo mejoras inmediatas para el grupo profesional que representaba. Por otro lado, se puede apreciar la tendencia cada vez mayor a confundir unidad con concentración, haciendo perder con ello autonomía a las organizaciones de base, y por ende, abandonar la forma federativa de organización por la designación de delegados directos de las federaciones nacionales.

huelgadeinquilinos1907El cambio operado dentro de la corriente sindicalista argentina es categórico si tenemos presente la opinión del fundador del sindicalismo revolucionario, Georges Sorel, respecto de las consecuencias que acarrean las grandes concentraciones gremiales: “Cuando los sindicatos se vuelven muy grandes, les ocurre lo mismo que a los Estados: las calamidades de la guerra, entonces resultan enormes. Los defensores de la paz social han formulado muchas veces el deseo de que las organizaciones obreras alcancen el poder suficiente para que estén condenados a la prudencia. Del mismo modo que entre los Estados se producen en ocasiones guerras de tarifas superadas por lo general mediante la firma de tratados comerciales, los convenios entre las grandes federaciones patronales y obreras podrían poner fin a los conflictos que renacen sin cesar. Dichos convenios, de modo similar a los tratados comerciales, establecían la prosperidad común de ambos grupos sacrificando ciertos intereses locales. A la vez que se vuelven prudentes, las federaciones obreras muy grandes alcanzan a considerar las ventajas brindadas por la prosperidad de los patronos y a tomar en cuenta los intereses nacionales. El proletariado se halla arrastrado así a una esfera que le es ajena: se convierte en el colaborador del capitalismo. La paz social parece entonces muy próxima a transformarse en el régimen normal. El sindicalismo revolucionario conoce tan bien esta situación como los pacificadores, y recela de las fuertes centralizaciones”4.

Por otro lado, Joaquín Coca, viejo dirigente socialista que luego se uniría al movimiento nacional justicialista, señalaba en 1929 “…que a medida que la organización gremial se hace más grande y más compleja, es más difícil movilizarla para la huelga… la huelga es un modo de acción que se hace menos necesario para las organizaciones grandes y fuertes que para las débiles y pequeñas, pues la propia fuerza de los sindicatos de industria y de industrias evita en numerosos casos el que se vean obligados a recurrir al abandono del trabajo para obtener satisfacción a sus exigencias, porque los capitalistas, en conocimiento de la potencialidad de esos organismos y de las graves consecuencias de su acción, se sienten más inclinados a concederles lo que piden… El resultado de todo esto es que haya por parte de los obreros y también por parte de los patrones una tendencia a la negociación pacífica sin abandono del trabajo o cierre de fábricas, y a que no se recurra a la huelga o al cierre, paro o huelga patronal, más que en los casos extremos”5.

congresoforaMientras la FORA del IX Congreso alentaba a la formación de federaciones de industria, la FORA del V Congreso intentaba mantener la forma de organización prevista en su Pacto de Solidaridad pero realizando ciertas adaptaciones fruto de la evolución operada por las federaciones nacionales de industria. En el Congreso Extraordinario de la FORA del V Congreso realizado en 1920 se confirma la forma de organización adoptado en su Pacto de Solidaridad: “Se debe mantener la organización federalista, que comprende las federaciones locales y comarcales de diversos oficios, y éstas forman la federación provincial para complementarse en la regional”. Pero al mismo tiempo se resolvía en ese Congreso que “Se acordó que, dentro del sistema federalista aprobado, se haga una excepción con la F. O. Regional Portuaria, por las circunstancias especiales en que está colocada. Las secciones de la Portuaria dependerán directamente de su respectiva federación local o comarcal (y por ende de la provincial) en todos los asuntos de orden administrativo y de la regional en las cuestiones generales, pero manteniendo con la F.O.R. Portuaria relaciones directas en lo que se refiere a los asuntos del trabajo: pliego de condiciones, huelgas generales en los puertos, etc.”. En el IXº Congreso de la FORA del V Congreso realizado en 1923, se elimina la concesión a la Federación Portuaria: “Queda abolida la concesión acordada en el Congreso Extraordinario de la FORA respecto a la existencia de la F.O.R. Portuaria y anexos, pasando las secciones a integrar las locales, comárcales y provinciales, por entender que no caben dentro de la FORA, Federaciones Regionales de Oficio”. Pero el problema en ese Congreso se trasladó a los ferroviarios: “El Congreso considera que la organización ferroviaria está en los actuales momentos en gestación y que las normas de organización federal de oficio, que el delegado de los sindicatos ya constituidos defiende ante este Congreso, no constituye ningún problema de urgente solución. En consecuencia acuerda que perentoriamente los sindicatos ya constituidos y los a constituirse formen en las locales, comárcales y provinciales respectivas, debiendo, una vez completada la organización, discutir el asunto, Federación de Oficio con la FORA”. La dificultad con los ferroviarios se mantiene en el Xº Congreso realizado en 1928: “Sobre la base del considerando hecho, en el 9º Congreso, a propósito de la organización ferroviaria, el 10º Congreso acuerda: 1º Que los ferroviarios se organicen en la FORA dentro de su sistema federalista, o sea, integrando los Locales, Comárcales y Provinciales, entendiéndose con esos organismos para todo lo relacionado con cotizaciones, orientación, etcétera. 2º Se creará un Comité Regional Ferroviario, que no tendrá otra misión ni autoridad que la de relacionar simplemente a las secciones en lo que se refiere a las cuestiones propias del gremio. Tendrá a su cargo también la redacción del periódico”. Estas resoluciones permiten apreciar el intento de la FORA del V Congreso de mantener su organización federalista y anticorporativo ante el crecimiento operado por las federaciones nacionales de industria.

Al mismo tiempo en que la corriente sindicalista reelabora su estrategia y posterga sus reivindicaciones revolucionarias en pos de mejoras más inmediatas, la reforma electoral de 1912 permitía colocar en el poder a una nueva fuerza de impronta popular que competía con el PS por el voto obrero. Esto implicará que el Estado dejará de utilizar en forma exclusiva el recurso de la represión para poner coto a los reclamos obreros. El yrigoyenismo inaugura la política de acercamiento del gobierno a las dirigencias sindicales. Este acercamiento a las dirigencias sindicales se expresará en una serie de intervenciones conciliadoras efectuadas por el Estado en favor de los trabajadores. La primera de importancia se produjo en la huelga marítima de 1916 encabezada por la Federación Obrera Marítima (FOM), la cual aceptó el arbitraje propuesto por el Poder Ejecutivo y que resultó favorable a los trabajadores. La segunda de importancia se produjo en la gran huelga ferroviaria de 1917 encabezada por la Federación Ferrocarrilera, la cual resultó favorable a los trabajadores luego de que el Poder Ejecutivo aprobara un reglamento de trabajo que contenía sus reclamos. Los dos casos se trataban de federaciones nacionales de industria y se encontraban adheridos a la FORA del IX Congreso.

Un hecho significativo en el proceso de transformación del movimiento sindical es el incremento de la influencia del PS en los sindicatos, especialmente en los grandes sindicatos ferroviarios. Pese al predominio de los anarquistas y sindicalistas, el PS siempre se mantuvo expectante sobre el desarrollo del movimiento sindical. En el XIVº Congreso del PS realizado en Avellaneda en 1918, se emiten dos declaraciones totalmente contradictorias que permitirá a los socialistas tener un mayor margen de actuación dentro de los sindicatos. Una de las declaraciones recomienda la perfecta unidad entre organizaciones gremiales y PS, y la otra recomienda la independencia entre partido y sindicato para la mejor actuación dentro de sus respectivas esferas6. Los socialistas a partir de este momento dejarán de proclamar dentro de los sindicatos la subordinación formal de los mismos al partido, situación que se aproxima al neutralismo propio de los sindicalistas, pero paralelamente seguirán militando en el PS y adoptando dentro de los órganos sindicales los lineamientos trazados por el partido.

fraternidadferroviaria
Fraternidad Ferroviaria

El cambio operado en ambas fracciones permitirá que socialistas y sindicalistas aumenten sus intenciones de unificación. Esto se plasmará en 1922 cuando la FORA del IX Congreso se fusione junto con otros sindicatos autónomos vinculados al socialismo y se cree así la Unión Sindical Argentina (USA). La FORA del V Congreso será la única que mantenga su nombre original. Pese al ingreso de los socialistas, los sindicalistas seguirán siendo mayoría dentro de la USA, extremo que se evidencia en su carta orgánica en la cual se expresan varios de los principios del sindicalismo revolucionario como la adopción de la tesis “todo el poder a los sindicatos”. Sin embargo, los socialistas dominan los sindicatos ferroviarios, primero La Fraternidad y luego la Federación Ferroviaria, esta última integrante de la USA. El poderío alcanzado por los sindicatos ferroviarios permitirá a los socialistas intentar formar una central obrera propia, la Confederación Obrera Argentina (COA), la que se constituye en 1926 luego de que los sindicatos socialistas se retiren de la USA. La COA adopta un programa claramente reformista y más pragmático, declarando no “excluir ningún medio eficaz de lucha”, y que la organización llama a los trabajadores “a organizar en el terreno sindical para conquistar, desde luego, mejores condiciones de trabajo y remuneración”. Los estatutos de la COA establecen que la misma esta constituida por federaciones de industria u oficio, no pudiendo adherirse dos federaciones de la misma industria u oficio, y adopta una estructura organizativa claramente verticalista al establecer que los conflictos de carácter general son dirigidos por su Consejo Nacional y su Comité Ejecutivo Confederal7. La COA adopta la ideología de la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam por lo que acepta la implementación de la legislación del trabajo tal como fue resuelto en su Congreso constituyente “…apreciando toda la importancia práctica que tiene una legislación del trabajo cuando interpreta las aspiraciones inmediatas de la clase trabajadora, declara: que es necesario sancionar legislativamente las convenciones aprobadas en la Conferencia del Trabajo realizadas por la Oficina Internacional”.

cgtEn abril de 1929 la USA y la COA formalizan las bases para una fusión entre ambas centrales. En la misma se declara que la nueva central será independiente de todo partido político y agrupación ideológica, pero se reconoce la entera libertad de sus integrantes para desarrollar las actividades que mejor satisfagan sus aspiraciones de renovación social. Asimismo, se establece que las huelgas generales sólo podrán ser resueltas por los congresos y el voto general, correspondiendo al Comité Central fijar la fecha de comienzo y finalización; y las huelgas generales de carácter corporativo que afecten a otras organizaciones y obliguen su solidaridad, no se declararán sin previa consulta con el Comité Central. Sobre estas bases se constituye el 27 de septiembre de 1930 la Confederación General del Trabajo (CGT). Por motivo del golpe militar, recién en junio de 1934 puede reunirse el Comité Central de la CGT y se plantea la necesidad de iniciar una acción “por objetivos claros y concretos”, por lo cual se elabora un Programa Mínimo con reivindicaciones inmediatas tales como jornada de 48 horas semanales, vacaciones pagas, distribución del trabajo equitativamente, etc., entre los que se encuentra la “Constitución de comisiones mixtas en cada industria para la fijación periódica de salarios mínimos”.

La permanencia de sindicalistas y socialistas en la nueva central no duraría mucho. El 12 de diciembre de 1935 un grupo de dirigentes socialistas ocupa las oficinas de la CGT desconociendo sus autoridades. Las nuevas autoridades se instalan en el edificio de la Unión Ferroviaria de la calle Independencia y las autoridades depuestas lo hacen en el local del Sindicato de Obreros Telefónicos de la calle Catamarca. De esta manera la central queda dividida en CGT de la calle Independencia de tendencia socialista, y la CGT de la calle Catamarca de tendencia sindicalista. Estos últimos reconstruyen nuevamente en 1937 la USA, pero irán perdiendo paulatinamente fuerza. La CGT (Independencia) realiza su Congreso Constituyente en 1936, pero pese a la impronta socialista de la central, la misma mantiene su independencia del PS tal como se había resuelto el Congreso partidario de 1918. En 1943 se produce un nuevo fraccionamiento de esta central entre CGT Nº 1 (Domenech) que persistía en la independencia de la central respecto del PS, y la CGT Nº 2 (Pérez Leirós) que buscaba ampliar la participación de la central en los problemas políticos y una adhesión más firma al PS. El golpe de estado del 4 de junio de 1943 disolvió la CGT Nº 2, quedando como única central la CGT Nº 1.

Notas:

1) Bertolo Maricel; “Sindicalismo Revolucionario y el Estado (1904-1922)”, Cuadernos del CIESAL, Año 1, Nº 1, 2do. semestre 1993, p. 59
2) Abad de Santillán Diego; “La Fora”, Libros de Anarres, 2005, p. 243
3) Palacios Alfredo; “El nuevo derecho”, Ed. Claridad, 1960, p. 276
4) Ciria Alberto; op. cit., p. 41
5) Coca Joaquín; “Las formas de la lucha obrera”, en “Los socialistas y el movimiento obrero”, Ed. Fundación Juan B. Justo, 1982, p. 122
6) Zimmermann Eduardo A.; “Sindicatos y política en la argentina (1900-1943)”, Revista Libertas 2, mayo 1985, p. 16
7) Marotta Sebastián; “El movimiento sindical argentino”, Ed. Lacio, 1961, tomo III, p. 199

FORA rojo y negro

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Los orígenes del modelo sindical argentino: IV. El sindicalismo cristiano y la Tercera Internacional

Lenin en el segundo congreso de la Internacional Comunista (1920)
Lenin en el segundo congreso de la Internacional Comunista (1920)

En esta cuarta sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino” vemos las bases del futuro régimen corporativo, el nacimiento de la Internacional Comunista, y los cambios que estas corrientes divergentes causan en el movimiento sindical.

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Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

El sindicalismo cristiano y las bases para un régimen corporativo:

El Papa León XIII.
El papa León XIII.

En el año 1891 el papa León XIII dicta la encíclica “Ferum Novarum” dando inicio a lo que más tarde se conocerá como la doctrina social de la iglesia. En la misma se condenan los principios de la lucha de clases del socialismo, sustituyéndola por un programa de consenso social y armonía de clases: “Es mal capital, en la cuestión que estamos tratando, suponer que una clase social sea espontáneamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo. Es esto tan ajeno a la razón y a la verdad, que, por el contrario, es lo más cierto que como en el cuerpo se ensamblan entre sí miembros diversos, de donde surge aquella proporcionada disposición que justamente podríase Ilamar armonía, así ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, dichas clases gemelas concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio. Ambas se necesitan en absoluto: ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital. El acuerdo engendra la belleza y el orden de las cosas; por el contrario, de la persistencia de la lucha tiene que derivarse necesariamente la confusión juntamente con un bárbaro salvajismo”. Asimismo, la encíclica alentaba la constitución de gremios obreros o mixtos: “Es preciso que los gremios se adapten a las condiciones actuales de edad más culta, con costumbres nuevas y con más exigencias de vida cotidiana. Es grato encontrarse con que constantemente se están constituyendo asociaciones de este género, de obreros solamente o mixtas de las dos clases; es de desear que crezcan en número y eficiencia. Y, aunque hemos hablado más de una vez de ellas, Nos sentimos agrado en manifestar aquí que son muy convenientes y que las asiste pleno derecho, así como hablar sobre su reglamentación y cometido”.

La llamada doctrina social de la iglesia generó dos corrientes claramente diferenciadas, una constituida por los Demócratas Cristianos respetuosos de los principios republicanos y del sistema de partidos, y otra integrada por los Reformadores Católicos partidarios de un régimen corporativo y antipartidario. Ambas corrientes eran estrictamente reformistas e instaladoras del concepto de justicia social.

Federico Grote, iniciador del pensamiento católico obrero en Argentina.
Federico Grote, iniciador del pensamiento católico obrero en Argentina.

En la Argentina desde 1892 existían los círculos católicos obreros vinculados con la labor del sacerdote alemán Federico Grote, que en sus programas incluía combatir el anarquismo y el socialismo. En 1902 es fundada la Liga Democrática Cristiana (LDC), la cual se inspiraba en las tendencias progresistas del sindicalismo católico europeo, pero adquiera también elementos propios de las tendencias corporativistas. La misma proponía una reconstrucción social independiente del Estado, llevada adelante por los cuerpos intermedios existentes entre los individuos y el Estado, debiendo ser por ello las corporaciones libres y autónomas1. De esta manera, los rasgos corporativos de los demócratas cristianos argentinos no llegaban a plantear la idea de un Estado Corporativo integrado por los grupos profesionales de ambas clases sociales. Por el contrario, la LDC siempre defendió los sindicatos de obreros y patrones por separados, independientes del Estado, los cuales se integrarían a través de comisiones mixtas paritarias.

La labor de los sindicatos cristianos fue rápidamente calificada de amarilla por las sociedades gremiales adheridas a la FORA. En el IIº Congreso de la FORA se declaró: “Las sociedades católicas de obreros deben ser combatidas por las sociedades gremiales y por todos los obreros conscientes en general por ser de resultados perniciosos para la clase trabajadora”.

A partir de la década del 20´ comienza a acentuarse aún más el modelo corporativo dentro del catolicismo argentino, apareciendo ya la idea de Estado Corporativo integrado por corporaciones de cada rama industrial. Según este modelo, el carácter difuso de la representación política partidaria sería reemplazado con una representación de tipo profesional (socio-económica) llevada a cabo por las diferentes corporaciones. En 1929 el padre Joaquín Aspiazu, vinculado a la fundación de la Acción Católica Argentina, publicaba en la revista Criterio un artículo que señalaba las funciones del Estado corporativo cristiano, las cuales se reducían “…a promover y a ayudar la formación de corporaciones; a estimular el nacimiento de nuevas entidades laborales que dentro de su seno tuvieran el poder de establecer normas jurídicas obligatorias; a evitar la invasión de dominios ajenos o que fallaran contra los imperativos de justicia que presiden la vida legal de la Nación”2.

En el plano internacional la Federación Internacional de Sindicatos Cristianos (FISC) constituida en 1920, adoptó en materia puramente económica el establecimiento de un régimen corporativo mixto para cada rama de la producción, en donde “…las asociaciones sindicales de obreros y de patrones constituirían organismos corporativos paritarios…”, los cuales “…estarían encargados de la reglamentación de las condiciones de trabajo en la totalidad de las empresas de cada profesión, debiendo la ley reconocerles a este fin poderes suficientes de reglamentación, de ejecución y de jurisdicción dentro de su respectiva rama de producción”3.

Es importante remarcar la influencia recíproca que tuvieron en su momento entre sí el sindicalismo cristiano y el fascismo italiano, cuyos modelos influenciarían en la transformación que tuvo luego el movimiento sindical argentino.

La IIIª Internacional y la unidad sindical:

Profintern(1922_logo)
Logo de la Internacional Sindical Roja (1922)

La Revolución Rusa y la fundación de la IIIª Internacional (Internacional Comunista -IC) (Comintern) trajo cambios significativos para el movimiento sindical. El planteo marxista-leninista implicaba una reformulación de la estrategia de la toma del poder político por parte del proletariado, y de la doctrina de la dictadura del proletariado como instancia previa al comunismo. Para ello postulaba una fuerte centralización en la conducción revolucionaria a través del Partido Comunista. En la tesis sobre “El movimiento sindical, los comités de fábrica y de empresas”, presentada en el IIº Congreso de la IC realizado en julio de 1920, se planteaba que “…los comunistas deben dirigir, en realidad, los sindicatos y los comités obreros al partido comunista y crear así organismos proletariados de masas que servirán de base para un poderoso partido proletario centralizado, que abarque a todas las organizaciones proletarias y las conduzca por la vía que lleva a la victoria de la clase obrera y a la dictadura del proletariado, al comunismo”. De esta manera, la IC plantea una nueva relación entre partido y sindicato con una nueva subordinación de este último al primero, tal como lo señala la misma tesis “…los comunistas deben tender a realizar, en la medida de lo posible, una unión perfecta entre los sindicatos y el partido comunista, subordinándolos a este último, vanguardia de la revolución”. Es decir que los sindicatos serían los grandes organismos de masas que, a diferencia de lo que planteaban los sindicalistas y anarcosindicalistas, no pueden por sí solos llevar adelante la revolución. En cambio el partido conformaría la vanguardia revolucionaria llamada justamente a dirigir la misma. Por lo tanto, según este planteo, los comunistas deben ingresar a los sindicatos y lograr la definitiva subordinación de estos últimos a la dirección del partido.

Este planteo contenía asimismo un llamado a la unidad de las organizaciones sindicales, la cual debía lograrse a toda costa para de esta forma facilitar la dirección de los mismos por parte del partido. En la tesis sobre “La acción comunista en el movimiento sindical” presentada en el IVº Congreso de la IC realizado en noviembre de 1922, se señala que “Los comunistas deben impedir a cualquier precio la escisión sindical… En los países donde existen paralelamente dos centrales sindicales nacionales (España, Francia, Checoslovaquia, etc.), los comunistas deben luchar sistemáticamente por la fusión de las organizaciones paralelas”. En dicha tesis se plantea también que los comunistas deben luchar por su ingreso en los sindicatos cuando hayan sido expulsados por la burocracia sindical, evitando así el aislamiento. Para centralizar la labor sindical realizada en todo el mundo, la IC alentó la creación en 1920 de la Internacional Sindical Roja (Profintern) dependiente de la misma. Esta internacional sindical intentó formar comités internacionales de propaganda por industria, con el objetivo de crear justamente federaciones internacionales únicas por industria.

Congreso fundacional del PCA (1918)
Congreso fundacional del Partido Comunista Argentino (1918)

Se puede apreciar que la cuestión de la unidad sindical fue tomada por la IC como una condición necesaria para la centralización de la conducción revolucionaria por parte del partido, llegando incluso a confundir en muchos casos unidad con concentración. Fomentaba de esta manera la unidad de las asociaciones sindicales a través de una fuerte concentración de las labores de dirección, la cual debía lograrse con la creación de federaciones únicas por industria. Una vez lograda esta estructura piramidal, los comunistas debían mantener a todo costa la lucha “por adentro” contra la burocracia reformista, evitando su aislamiento de las masas obreras. Este planteo será luego mantenido a grandes rasgos por la IVª Internacional, especialmente en lo que hace a la relación partido-sindicato y al planteo de la unidad. Los lineamientos trazados por ambas internacionales demarcarán la labor de la izquierda en los sindicatos.

En la Argentina se funda en 1918 el Partido Socialista Internacional, que luego pasaría a ser Partido Comunista de la Argentina (PCA), dirigido por Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi. Pese a la lucha “por adentro” alentada por la IC, los comunistas argentinos crearon en 1929 una nueva central: el Comité de Unidad Sindical Clasista, afirmando que no podían seguir trabajando dentro de los sindicatos reformistas4. Si bien existió una intensa labor gremial por parte de los comunistas, los mismos no llegarían a dominar el escenario sindical durante el período aquí considerado.

Notas:

1) Martín María Pía; “Sindicalismo católico y estado corporativo”, Cuadernos del CIESAL, Año 1, Nº 1, 2do. semestre 1993, p. 40
2) Martín María Pía; op. cit. p. 43
3) Unsain Alejandro; “Legislación de Trabajo”, Valerio Abeledo, 1927, tomo II, p. 302
4) Zimmermann Eduardo A.; “Sindicatos y política en la argentina (1900-1943)”, Revista Libertas 2, mayo 1985, p. 18

FORA rojo y negro

Los orígenes del modelo sindical argentino: III. Dos visiones de un movimiento sindical

La tercera sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino”, en la cual se trata el sindicalismo revolucionario y los conflictos entre sus adherentes y la FORA.

Frente del local de la Sociedad Obrera de Río Gallegos (F.O.R.A.)
Frente del local de la Sociedad Obrera de Río Gallegos (F.O.R.A.)


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Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

El Sindicalismo Revolucionario:

El carácter reformista adquirido por los partidos socialistas vinculados a la IIª Internacional y los fracasos de la Tercera República Francesa, generó que un grupo de intelectuales hasta entonces relacionados con el socialismo conformaran en Francia una nueva corriente disidente a las socialdemocracias europeas. Encabezados por la figura de Georges Sorel, esta corriente autodenominada “sindicalismo revolucionario” planteaba un retorno a los principios de la lucha de clases, y por consiguiente, un abandono de las estrategias integracionistas llevadas adelante por el partido socialista. Según esta corriente, los sindicatos eran los únicos órganos auténticamente obreros que podían a través de la huelga general revolucionaria reproducir la lucha de clases y recuperar el sentido revolucionario perdido por el socialismo. Los sindicalistas revolucionarios lanzaban una crítica a la lucha parlamentaria y al sindicalismo reformista hasta ese momento existente, rechazando toda estrategia de alianza de clases. Para ello, el sindicalismo revolucionario se sirvió de muchos de los principios hasta entonces vinculados con el anarquismo como lo es el principio de acción directa y la estrategia de la huelga general revolucionaria.

Georges Sorel
Georges Sorel

En su obra “El Porvenir Socialista de los Sindicatos” (1897), Sorel lanza una aguda crítica a la estrategia parlamentaria y al reformismo del partido socialista: “Los parlamentos continúan aprobando leyes para proteger a los trabajadores; los socialistas se esfuerzan por conseguir que los tribunales inclinen su jurisprudencia en sentido favorable a los obreros; en todo momento, la prensa socialista busca conmover la opinión burguesa apelando a sentimientos de bondad, de humanidad, de solidaridad, es decir, a la moral burguesa. Uno se ha burlado mucho de los viejos utópicos que esperaban una reforma social a través de la buena voluntad o la inteligencia de los capitalistas mejor informados; parece que el socialismo actual vuelve a adoptar la antigua rutina al solicitar la protección de la clase que, de acuerdo con su teoría, debería ser enemiga irreconciliable del proletariado”1. En cambio, la huelga general expresa “…que ha terminado el tiempo de las revoluciones de los políticos, y que de este modo el proletariado se niega a dejarse sojuzgar por nuevas jerarquías”2. Asimismo, agrega que “…la lucha de clases es el alfa y el omega del socialismo, que no es un concepto sociológico para uso de los sabios sino el aspecto ideológico de una guerra social proseguida por el proletariado contra el conjunto de los jefes de la industria, que el sindicato es el instrumento de la guerra social”3.

Humbert Lagardella, otro representante del sindicalismo revolucionario y discípulo directo de Sorel, señalaba respecto de la estrategia parlamentaria que “El peligro de semejante táctica es grave: concentrando de este modo todas las esperanzas del proletariado en la intervención milagrosa del Poder, diciéndole que espera su liberación de una fuerza externa, el sindicalismo parlamentario ha paralizado en él todo esfuerzo personal y le ha desviado de obras positivas”4. Es por ello que dicho autor concluía respecto del principio de acción directa que “Toda esta táctica de esfuerzos personales, renovados sin cesar, es lo que constituye la acción directa. Ninguna delegación ni representación, sino un llamamiento constante a las ideas de responsabilidad, de dignidad y de energía. Ni pactos, ni arreglos, sino la lucha con sus riesgos y sus exaltaciones. Ningún halago a los bajos instintos de la pasividad, sino una continua exaltación de los sentimientos más activos del hombre”5. En este sentido, Víctor Griffuelhes, secretario de la CGT francesa durante el predominio del sindicalismo revolucionario, señalaba que “Acción directa quiere decir acción de los obreros mismos, es decir, acción directamente ejercida por los interesados. Es el trabajador mismo quien realiza su esfuerzo, y lo ejerce personalmente sobre los Poderes que le dominan, para obtener de ellos las ventajas reclamadas. Por la acción directa, el obrero crea su lucha y la dirige, decidido a no encargar a otro que a sí mismo el cuidado de emanciparle”6. El principio de acción directa proclamado tanto por anarquistas como por sindicalistas revolucionarios, constituye la base para una crítica de la democracia burguesa y del principio de representación política sobre el cual aquella se sostiene.

La práctica del sindicalismo revolucionario en los gremios franceses tiene su origen en la figura de Fernand Pelloutier, quién en 1893 funda la Federación de Bolsas de Trabajo. Esta última ingresa en 1902 en la CGT francesa y de ahí en más pasa a ser esta central el estandarte del sindicalismo revolucionario a nivel mundial. En 1906 dicta su famosa Declaración de Amiens que influirá en el movimiento obrero mundial.

El sindicalismo revolucionario luego de su predominio en la CGT francesa no pudo desarrollarse como una corriente autónoma y diferenciada. Sus principales ideólogos fueron absorbidos por otras corrientes tanto de izquierda como de extrema derecha. El propio Sorel tuvo muchas variaciones en su doctrina pudiendo elogiar al mismo tiempo a Lenin y a la revolución rusa, como a un joven militante del Partido Socialista Italiano llamado Benito Mussolini. Un discípulo directo de Sorel como Lagardella será embajador francés en Roma durante el régimen fascista y más tarde ministro de trabajo del Gral. Petain durante la ocupación nazi en Francia. Otro compañero de Sorel, Georges Valois, fue fundador en 1925 del movimiento fascista francés7. Sin embargo, hay que destacar la gran variedad de influencias que generó el sindicalismo revolucionario. Incluso muchos de sus postulados fueron luego utilizados indebidamente por el fascismo italiano para fundar teóricamente su régimen especialmente en lo que hace las críticas a la democracia y al papel fundamental de los sindicatos.

La UGT, central sindicalista revolucionaria
La UGT, central sindicalista revolucionaria

El sindicalismo revolucionario dejó huellas visibles en el movimiento sindical de muchos países, adquiriendo particularidades y un desarrollo diferenciado en cada uno de ellos. En el caso de la Argentina ya desde 1903 puede detectarse dentro del PS de la presencia de un grupo de militantes identificados con el sindicalismo revolucionario. Rápidamente este sector comienza a tomar posiciones destacadas tanto en el partido como en la dirección de la central formada por las socialistas luego de su retiro de la FORA: la Unión General de Trabajadores (UGT). En 1905 el periódico La Acción Socialista publica el programa de los sindicalistas revolucionarios argentinos que entre otros puntos declaraba:

“a) Fijar la posición del movimiento obrero en el terreno de la lucha de clases, manteniendo el espíritu revolucionario que ha de animarlo… b) Enaltecer la acción directa del proletariado, desarrollada por su simple y deliberada voluntad de modo independiente de toda tutela legal… c) Demostrar teórica y prácticamente el papel revolucionario del sindicato, su efectiva superioridad como instrumento de lucha y su función histórica en el porvenir como embrión de un sistema de producción y gestión colectivista. d) Integrar la acción revolucionaria del proletariado por medio de la subordinación de la acción parlamentaria a los intereses de la clase trabajadora… e) Ratificar el concepto marxista sobre el significado de la acción del proletariado en su fundamental expresión de la lucha de clases. f) Negar que el Estado sea órgano social y universal y demostrar su naturaleza de institución de clase. g) Adjudicar al parlamentarismo, como único papel en el proceso revolucionario, funciones de crítica y descrédito de las instituciones políticas del régimen capitalista”.

En el IIIº Congreso de la UGT realizado ese mismo año, los sindicalistas revolucionarios logran aprobar una declaración en la cual adjudicaba al acción parlamentaria “…un papel secundario y complementario de la obra de transformación social…”, agregando que la misma “…no realiza obra efectiva revolucionaria y sólo sirve para complementar la acción material y positiva que realiza el proletariado…”. Finalmente, los sindicalistas revolucionarios fueron expulsados del PS en el VIIº Congreso partidario realizado en 1906. A partir de ese momento los sindicalistas revolucionarios limitarán su influencia al ámbito de la UGT dominando dicha central. En 1909 la UGT es absorbida por una nueva central: la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), la cual continuará la línea sindicalista seguida por aquella.

Anarquistas y Sindicalistas Revolucionarios:

Sello_VcongresoSiendo predominante la influencia del sindicalismo revolucionario dentro de la UGT, esta última invita a la FORA en 1905 a celebrar un pacto de solidaridad para sellar la unión entre ambas centrales. La FORA no sólo rechaza la propuesta sino que además en su Vº Congreso celebrado ese mismo año resuelve “Que aprueba y recomienda a todos sus adherentes la propaganda e ilustración más amplia en sentido de inculcar a los obreros los principios económico-filosóficos del Comunismo Anárquico”. En los años siguientes fracasarán todos los congresos de unificación entre ambas centrales por mantener los foristas su postura favorable al comunismo anárquico.

Es importante destacar que una de las características fundamentales del sindicalismo revolucionario es su tendencia al fortalecimiento de las asociaciones sindicales sobre la base del neutralismo ideológico de las mismas. La idea de que los sindicatos eran las instituciones propias del proletariado, hacía pensar a los partidarios de dicha corriente que los mismos mantenían la pureza de la clase obrera, y por lo tanto, toda expresión ideológica venía así a alterar dicha pureza. La extrema confianza en el carácter revolucionario de los sindicatos llevó a Humbert Lagardella a afirmar que la pretensión de los demócratas sociales de extender el colaboracionismo de los partidos a la lucha de clases encabezada por los sindicatos “…será vana e irrealizable”. Asimismo, el carácter estrictamente obrero de los sindicatos implicaba para los sindicalistas revolucionarios que el sindicato no sólo tuviera un rol central en el camino hacia la revolución, sino que además subsistiera luego de la revolución como base de la nueva organización social, asumiendo la conducción de las fuerzas productivas para cada rama de la producción. De esta forma el sindicato era para esta corriente una manifestación actual de la futura sociedad a crearse. Por otro lado, los sindicalistas revolucionarios asignaban un papel secundario a la lucha parlamentaria por lo que su antiestatismo no era tan extremo como en el caso de los anarquistas. En este punto, los sindicalistas se declaran extraparlamentarios al tolerar la acción partidaria por fuera del sindicato, a diferencia de los anarquistas que son antiparlamentarios y rechazan la modalidad partidaria de organización.

Muchos de los postulados del sindicalismo revolucionario son compartidos por el anarcosindicalismo, especialmente en lo que hace a la exclusividad revolucionaria de los sindicatos y su permanencia luego de la revolución social. El anarcosindicalismo puede definirse como el punto de mayor encuentro entre anarquistas y sindicalistas revolucionarios. Sin embargo, los anarcosindicalistas seguirán reivindicando su linaje libertario y su antiestatismo extremo.

La adopción del comunismo anárquico como criterio finalista expresa la oposición de la FORA al neutralismo ideológico del sindicalismo revolucionario, oposición que implica una visión diferente del movimiento sindical. En la Memoria presentada por la FORA ante el Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) realizado en 1923 en Berlin, la misma dirá que “…la FORA no olvida que el sindicalismo es una modalidad de organización sistemática impuesta por necesidades materiales, un medio simplemente, un efecto que deberá desaparecer paralelamente con la causa que le dio vida: el presente sistema económico y social”8. En dicha Memoria la FORA expone su concepción sobre el sindicalismo en los siguientes términos: “1º Que el sindicalismo es la manifestación embrionaria del principio de solidaridad y el crisol que ejercita y materializa las primeras rebeldías proletarias, y que en ese sentido lo adopta como medio frente al orden imperante. 2º Que nadie, ni siquiera el sindicalismo, tiene derecho de abrogarse un papel “directriz” en los períodos revolucionarios. 3º Que nada tienen que hacer los órganos del sindicalismo, una vez que la revolución haya abolido el sistema capitalista y la dominación estatal y, como necesario complemento a este régimen y como principal factor que abona su concepción del sindicalismo, la Federación Obrera Regional Argentina presenta la finalidad social que recomienda en su pacto federativo: el comunismo anárquico”.

8 horasDe esta manera, el sindicato era para la FORA simplemente un medio de lucha surgido de necesidades materiales, y por lo tanto históricas, fruto del principio de solidaridad entre los trabajadores. La adopción del comunismo anárquico era a los efectos de mantener la conciencia de que el sindicalismo representa para los trabajadores un arma de doble filo al poder adquirir aquél funciones directrices que implantan el principio de autoridad entre los trabajadores. La Memoria señalaba en ese sentido que “…sólo la propaganda de una idea ampliamente libertaria que mate el principio de autoridad en los individuos, será capaz de conjurar el peligro de que los órganos del sindicalismo, asumiendo posturas “directrices”, lleguen a coartar la libre iniciativa en los períodos revolucionarios”. Por lo tanto, “Ante esas voces que reclaman “todo el poder para el sindicato”, la FORA dirá “Nada de poder para nadie”.

Todos los intentos de unificación entre ambas corrientes fracasarán hasta que finalmente los sindicalistas revolucionarios deciden disolver en 1914 la CORA e ingresar masivamente a la FORA. Una vez ingresados en la misma y siendo ya mayoría, en el IXº Congreso realizado el 1 de abril de 1915 resuelven eliminar la recomendación del comunismo anárquico proclamando la neutralidad ideológica de dicha central. Las sociedades que se habían pronunciado a favor del comunismo anárquico se reúnen al día siguiente y deciden desconocer el IXº Congreso, manteniendo la declaración del Vº Congreso. Se produce así el fraccionamiento de la central en: FORA del IX Congreso de línea sindicalista, y FORA del V Congreso de línea anarquista. A partir de este momento los sindicalistas dominarán por varios años el movimiento sindical de nuestro país.

La fetichización del sindicato y el antiestatismo más moderado de los sindicalistas serán fundamentales para el cambio de modelo que comienza a gestarse a partir de ese momento. El tiempo mostrará que los sindicatos, al igual que el Estado, pueden formar su propia burocracia, como así también pueden abandonar su carácter revolucionario y su postura acorde al principio de acción directa, adoptando por el contrario posiciones integracionistas y sistémicas.

Notas:

1) Ciria Alberto; “Georges Sorel”, CEAL, 1993, p. 43
2) Ciria Alberto; op. ci., p. 34
3) Ciria Alberto; op. cit., p. 40
4) Lagardella Hubert; “Características del sindicalismo”, en “Teoría y práctica del sindicalismo”, Ed. Dávalos, 1958, p. 73
5) Lagardella Hubert; op. cit. p. 81
6) Griffuelhes Víctor; “La práctica sindical”, en “Teoría y práctica del sindicalismo”, Ed. Dávalos, 1958, p. 134
7) Kersffeld Daniel; “Georges Sorel: apóstol de la violencia”, Ed. Signo, 2004, p. 16
8) López Antonio; “La Fora en el movimiento obrero”, Tupac Ediciones, 1998, p. 171

FORA rojo y negro

Los orígenes del modelo sindical argentino: II. Los Principios de la FORA 1901-1910

La segunda sección en nuestra serie “Los orígenes del modelo sindical argentino”, en la cual el autor introduce la Federación Obrera Regional Argentina y expone sobre su Pacto de Solidaridad.

La sección anterior se encuentra acá.

EL local de la FORA en la actualidad - heredado de los portuarios, 1905
El local de la FORA en la actualidad: heredado de los trabajadores portuarios


Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

La FORA y el principio de acción directa:

El 25 de mayo de 1901 se crea la Federación Obrera Argentina (FOA), la que luego pasará a denominarse a partir de 1904 Federación Obrera Regional Argentina (FORA). En su formación concurrieron tanto socialistas como anarquistas. Sin embargo, en el IIº Congreso realizado en abril de 1902 los socialistas se retiran definitivamente de la federación y conformarán al año siguiente una nueva central: la Unión General de Trabajadores (UGT). El alejamiento de los socialistas permitió que la FORA continúe desarrollándose dentro de los lineamientos de la doctrina ácrata, especialmente en todo lo referente al principio de acción directa. Este principio fue elaborado por el anarquismo a partir de la frase con que comenzaban los Estatutos Generales de la Primera Internacional redactados por Karl Marx, que decía “Que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”. El principio de acción directa plantea una emancipación lograda por los propios trabajadores sin ninguna intervención exterior ni colaboracionismo de clase. Constituye asimismo una crítica a la democracia burguesa y al sistema representativo sobre el cual aquella se sostiene, ya que la acción de los trabajadores mismos que el principio de acción directa plantea no se realiza por medio de representantes. Por lo tanto, la FORA rechazará terminantemente la acción indirecta desplegada por el PS a través de la lucha política, la cual será entendida por aquellos como una forma de colaboracionismo de clase y de actuación reformista que permite la subsistencia del sistema capitalista.

Manifestación de la FORA, 1902
Manifestación de la FORA, 1915

El principio de acción directa aparece expresado en varios congresos de la FORA. Por ejemplo, en el Iº Congreso se declaró que: “Considerando el Congreso que la ley es siempre adoptada a favor de los capitalistas y la pueden eludir, resuelve que los obreros deben esperar todo de su conciencia y unión, rechazando el recurrir a los poderes públicos para obtener cualquier mejora”. Asimismo, en el IIIº Congreso realizado en 1903 se declaró que: “El socialismo obrero es una concepción amplísima de la que tiene forzosamente que estar excluida toda idea encarnadota de la acción legislativa y parlamentaria que reduce, circunscribe, mejor dicho, aquella concepción al estrecho espíritu de un partido”. Finalmente, IVº Congreso realizado en 1904 rechazó la intervención del Estado en los conflictos entre capital y trabajo: “Que toda intromisión de los poderes públicos en los conflictos entre el capital y el trabajo constituye un atentado a la libertad social e individual, haciendo votos para que los trabajadores se coloquen lo más pronto posible en condiciones de hacer respetar su libertad”.

El rechazo de los métodos políticos de lucha llevó a la FORA a la aceptación excluyente de los denominados métodos industriales tales como: la huelga, el sabotaje, el boicot y el label. Pero el medio de lucha por antonomasia de la FORA era la huelga general revolucionaria, la cual podía adoptar características insurreccionales y violentas a través de la táctica de la resistencia. En el Iº Congreso se declaró: “La Federación Obrera Argentina reconociendo que la huelga general debe ser la base suprema de la lucha económica entre el Capital y el Trabajo, afirma la necesidad de propagar entre los trabajadores la idea que la abstención general de trabajo es el desafío a la burguesía imperante, cuando se demuestre la oportunidad de promoverla con posibilidades de éxito”. En el IIº Congreso realizado en 1902 se declaró: “El 2º congreso declara que las huelgas deben tener el mayor carácter de resistencia posible y recomienda para el éxito de las mismas la organización e ilustración de los trabajadores, reconociendo como base suprema de lucha económica la Huelga General”.

Una de las cuestiones que permitió el ingreso de los anarquistas dentro de las organizaciones gremiales fue la aceptación por parte de los mismos de las llamadas huelgas parciales, es decir, aquellas huelgas destinadas a lograr mejoras inmediatas para los trabajadores de una determinada empresa o gremio. La aceptación exclusiva de la huelga general revolucionaria y el rechazo absoluto de todo intento reformista, habían imposibilitado que los anarquistas aceptaran a la huelga parcial como un medio de lucha. Sin embargo, los mismos fueron aceptando paulatinamente a las huelgas parciales como ejercicio revolucionario y como base para un movimiento insurreccional general. En el IIIº Congreso de la FORA se declaró: “El 3º Congreso de la FOA declara que es necesario fomentar por todos los medios posibles, el espíritu de solidaridad y acción, por cuanto de esta acción dependerá principalmente el éxito de los movimientos parciales precursores del estallido general, en cuya realización intervendrán fatalmente los medios revolucionarios”. Asimismo, el IVº Congreso declaró: “El Congreso recomienda que las huelgas parciales sean lo más revolucionarias posibles para que sirva de educación revolucionaria y de prólogo para una Huelga General que puede ser motivada por un hecho que conmueva a la clase trabajadora y que la FOA debe apoyar”.

Pero el fundamento por el cual una huelga parcial podía desembocar en un movimiento generalizado estaba en el propio principio de solidaridad que sostenía la unión entre las asociaciones federadas. La llamada huelga de solidaridad permitía que un conflicto producido en una determinada empresa o gremio se extendiera rápidamente involucrando a todos los trabajadores de una localidad o región. Por ejemplo, al poco tiempo de constituida la FORA, durante el mes de noviembre de 1902 se sucede en la Capital Federal un conflicto gremial en el Mercado Central de Frutos y de las barracas, el cual, por sucesivas declaraciones de huelgas de solidaridad de los restantes gremios federados, el conflicto se extendió al interior del país. La huelga llegó a ser general en toda la ciudad de Buenos Aires y algunas ciudades del interior siendo la primera huelga de carácter nacional. Esto ocasionó que el gobierno declara por primera vez el estado de sitio por motivos gremiales y sancione al poco tiempo la llamada Ley de Residencia.

Carnet de la FORA, 1932, con la primera sección del Pacto de Solidaridad forista
Carnet de la FORA, 1932, con la primera sección del Pacto de Solidaridad forista

La presencia forista en los principales gremios del transporte (conductores de carros, marítimos, ferrocarriles, etc.), permitía paralizar la vida económica de un país agroexportador cuando estos gremios se sumaban a cualquier conflicto. En este sentido, en uno de los congresos de la FORA se declaró: “El V Congreso recomienda a todos las sociedades federadas que al declarar la huelga del gremio se ponga de común acuerdo con la Sociedad Conductores de Carros para llevar a buen fin el movimiento, por ser el carro uno de los medios de lucha más eficaz”. La práctica de la solidaridad expresa la verdadera fuerza de la organización gremial, permitiendo superar así mediante la unión y el reconocimiento mutuo entre los distintos gremios, las limitaciones propias de los intereses profesionales de cada gremio.

Entre los años 1907 y 1910 en donde la dominación forista en los gremios era contundente, se declararon según datos oficiales 785 huelgas, con 204.146 huelguistas, y 1.392.894 de jornadas perdidas. La combatividad de las jóvenes organizaciones gremiales argentinas superó en algunos casos a sus pares europeos. Por ejemplo, en 1907 el promedio de huelguistas por cada 10.000 habitantes en la Argentina fue de 321,10; mientras que en Alemania fue de 28,71; en Inglaterra de 32,9; en Francia 37,7; y en Italia 131,41.

El Pacto de Solidaridad de la FORA:

La puesta en práctica por parte de la FORA de la huelga general a partir de las huelgas de solidaridad fue facilitada por la forma de organización por ella adoptada. La misma se encuentra plasmada en su Pacto de Solidaridad aprobado en el IVº Congreso realizado en 1904. El texto del pacto constituye uno de los documentos más valiosos de la historia del movimiento obrero argentino. El pacto está compuesto de una introducción, de una declaración de principios y del sistema de organización adoptado. Sobre este último, hay una clara influencia, seguramente por intermedio de Pellico, con el sistema de organización adoptado en 1870 por la Federación de Trabajadores de la Región Española.

El Pacto de Solidaridad de la FORA establece dos criterios paralelos de organización federada. Una de ellas es de base corporativa y esta dada por la unión de todos los gremios del mismo oficio u oficios símiles en la federación de oficio respectivo. El otro es de tipo territorial en donde todos los gremios de una misma localidad conforman la federación local; las federaciones locales de una misma provincia conforman la federación comarcal; y todas las federaciones locales y comarcales del país constituyen la Federación Obrera Regional Argentina. Hay que recordar que Pellico asignaba a la federación de oficio una naturaleza económica destinada a obtener mejoras inmediatas para la profesión que nucleaba, en cambio, la federación local, por integrar gremios de diferentes oficios de una misma localidad, adquiría una naturaleza más revolucionaria. A partir de esta última forma de organización, las sociedades federadas de todos los oficios podían ejercitar la solidaridad a través de la huelga general, transformando las reivindicaciones inmediatas de cada sector en luchas por la completa emancipación de los trabajadores. Pero más allá del diferente criterio existente entre la federación de oficio y la local, el sistema federativo adoptado por la FORA para ambos casos no permitía la constitución de uniones nacionales, es decir, asociaciones de primer grado de carácter nacional como los actualmente existentes. Por el contrario, en la FORA las federaciones de oficio de carácter nacional estaban integradas por asociaciones de primer grado de carácter local y eran completamente autónomas.

Acto de FORA provincial en Santa Fe
Acto de la FORA provincial en Santa Fe

Para 1908 existían siete federaciones locales en la FORA: Federación Obrera Local Bonaerense, Federación Obrera Local Rosario, Federación Obrera Local de Santa Fe, Federación Obrera Local de La Plata, Federación Obrera Local de Tucumán, Federación Obrera Local Entrerriana, y Federación Obrera Local Mendocina2. En cuanto a las federaciones de oficio, si bien no tuvieron gran desarrollo durante la primera década del siglo XX, las mismas parecieron tener actitudes más independientes respecto del resto de las organizaciones gremiales, llegando incluso muchas de ellas a mantenerse al margen de la FORA y de la UGT, tal como el caso de la Federación de Obreros Constructores de Rodados y la Federación Gráfica Bonaerense.

El Pacto de Solidaridad, de conformidad con el principio federativo por ella adoptado, reconoce la más absoluta autonomía a las sociedades de base: “La sociedad es libre y autónoma en el seno de la federación local: libre y autónoma en el seno de la federación de oficio o de oficios símiles; libre y autónoma en el seno de la federación comarcal, como libre y autónoma es en la federación regional”. Asimismo, agrega en otro punto que: “Las sociedades, las federaciones locales, las federaciones de oficios o de oficios símiles, y las federaciones comarcales, en virtud de su autonomía, se administran a la manera y forma que crean más conveniente y tomarán y pondrán en práctica todos los acuerdos que consideren necesarios para conseguir el objeto que se propongan”. El sistema federativo y el respeto absoluto de la autonomía de las asociaciones de menor grado se expresa también en que su Consejo Federal tiene el carácter de mero centro de correspondencia entre las sociedades federadas “…para los efectos de relación y de lucha”, y sus integrantes “…no ejercerán autoridad alguna”.

El sistema de organización adoptado por el pacto se lo ha denominado de “falsa pirámide” o “pirámide invertida”, y se caracteriza justamente por depositar la mayor libertad de acción en su base e ir perdiendo la misma a medida que asciende de grado. Es decir que cada instancia de conformación de una entidad de mayor grado no debe ser entendida como una nueva instancia de delegación de poder de las asociaciones de menor grado, sino como la creación de un medio de mayor alcance para que las mismas puedan ejercitar la solidaridad y unión en la lucha por ellas encabezadas. La asociación de los trabajadores con bases federativas es al solo efecto de superar el aislamiento y poder recrear así la fuerza que la unión misma genera. Por lo tanto, conforme al principio de acción directa, esa unión debe ser ejercitada por los trabajadores mismos, sin delegaciones ni representaciones, libres de toda autoridad.

Notas:

1) Edgardo J. Bilsky; op. cit., tomo 1, p. 76

2) Edgardo J. Bilsky; “La FORA y el movimiento obrero”, CEAL, 1985, tomo 1, p. 87

 

FORA rojo y negro

Los orígenes del modelo sindical argentino: I. 1896-1901

Origenes_del_modelo_Sindical_TapaHoy presentamos la primera sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino: 1896-1945”, escrito por Leonardo Elgorriaga de la FORA en Buenos Aires. En esta primera parte del texto el autor cuenta la influencia de la estructura partidaria y el Partido Socialista en el movimiento sindical, y los comienzos de la organización obrera libertaria en las paginas del periódico “La Protesta Humana”.

Cada lunes publicaremos la siguiente parte de “Los orígenes del modelo sindical argentino” en una serie sobre el movimiento obrero revolucionario en la región argentina.

Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

Introducción:

El objetivo del presente trabajo es analizar los hitos históricos fundamentales que llevaron a la implementación del modelo sindical actualmente vigente. Para ello se analizará el primer movimiento sindical existente en nuestro país y los acontecimientos, tanto a nivel local como internacional, que propiciaron la instauración del actual modelo a partir del dictado del decreto 23.852/45. En el presente trabajo se estudiarán prácticas, principios y significados del movimiento sindical totalmente abandonados en la actualidad. También se estudiará el proceso de resignificación de esas prácticas y principios a partir de la intromisión del Estado en la conformación del movimiento sindical. Se analizará la problemática de la unidad, y la dicotomía entre unidad real y unidad formal. Finalmente se tratará también la relación Estado-sindicato desde una perspectiva crítica. El propósito del presente trabajo es aportar nuevos elementos aún no considerados para la puesta en crisis del actual modelo, denunciando los verdaderos motivos de su implementación y las consecuencias que el mismo trajo para el movimiento sindical argentino.

El Partido Socialista y un movimiento sindical dentro de la estructura partidaria:

El 28 de junio de 1896 tuvo lugar el Congreso Constituyente del Partido Socialista Obrero Argentino (luego Partido Socialista -PS-). La actuación del PS en sus primeros años de existencia estuvo claramente signada por los acontecimientos ocurridos en el seno de la IIa Internacional, en la división producida dentro de esta última entre ortodoxos (Engels, Kautsky, Bebel, etc.) y revisionistas (Bernstein). Estos últimos planteaban la posibilidad del ingreso gradual al socialismo mediante reformas legislativas parciales, mientras que los llamados ortodoxos defendían la necesidad de la revolución violenta. Ambas corrientes planteaban por igual la necesidad de que los trabajadores obtengan mejoras inmediatas en sus condiciones de vida a través de reformas legislativas. Ya en su Primer Congreso celebrado en París en julio de 1889, la IIInternacional reclamaba a los Estados una legislación protectora del trabajo que reconociera los derechos más elementales de los trabajadores1. La IIa Internacional alentó la formación de partidos socialistas nacionales para participar activamente en la vida electoral de cada país y obtener así representantes socialistas dentro de los respectivos parlamentos.

Asamblea del Partido Socialista Argentino, 1904

El PS en nuestro país tuvo desde sus orígenes un claro perfil reformista impulsado principalmente por el ala justista del partido, viendo en la lucha parlamentaria el principal medio para la obtención de mejoras para los trabajadores. Es por ello que en los primeros años de existencia la actuación del PS estuvo abocada principalmente a la ampliación de los derechos políticos de los trabajadores, la nacionalización de los inmigrantes y la lucha contra el fraude electoral. La preponderancia de la lucha parlamentaria llevaba a un segundo plano la lucha sindical, debiendo estar esta última subordinada a la primera en la búsqueda del reconocimiento de los derechos políticos de los trabajadores y la obtención de leyes protectoras del trabajo. En su Congreso Constituyente el PS declaraba: “El Congreso Socialista considerando que el único medio de obtener una buena legislación sobre el trabajo es el empleo de la acción política, declara: Que las sociedades gremiales y la Federación2 deben públicamente recomendar a sus miembros voten en las elecciones por el Partido Socialista Obrero que reclama esa legislación protectora del trabajo”3. Esta subordinación del sindicato a las estrategias parlamentarias del partido implicaba un rechazo abierto a las formas de lucha insurreccionales llevadas adelante por los sindicatos a través de la huelga general revolucionaria, prefiriendo por el contrario la utilización moderada de la huelga en relación siempre con el programa adoptado por el partido. En lo que hace a la organización gremial, los primeros estatutos del PS establecían la integración orgánica de las asociaciones gremiales a la estructura del partido, por lo que la actuación de aquellas estaba subordinada a la dirección de los propios órganos del partido. Si tenemos presente que los Congresos partidarios se realizaban cada dos años, la preponderancia del Comité Ejecutivo Nacional en la marcha diaria del partido era evidente ya que tiene entre otras facultades “Dirigir la propaganda nacional y el control de la propaganda hecha por las organizaciones locales”. Asimismo, los estatutos establecían que “La carta orgánica de las agrupaciones socialistas provinciales o locales deberán ser aprobadas por el Comité Ejecutivo Nacional, como garantía de concordancia con estos estatutos”. Se reducía notablemente así la autonomía de las agrupaciones provinciales o locales, planteando por el contrario una estructura jerárquica que concentraba el poder de decisión en sus órganos nacionales.

Pero los estatutos no sólo establecían la integración de las asociaciones gremiales a la estructura jerárquica del partido y la adopción de su programa de acción, sino que además establecían los lineamientos generales sobre la forma de organización de esas asociaciones. Los estatutos establecían al respecto que “Las sociedades gremiales adherentes al Partido deberán formar parte de la Federación nacional del oficio, si la hay, o adherirse a ella si llega a formarse”. También establecían que “Nunca se reconocerá dos o más sociedades del mismo oficio en una localidad, sin estar confederadas entre sí”. La organización sindical propuesta por el PS consistía en una fuerte unión orgánica a nivel nacional de base corporativa. Los intentos del PS de fundar una federación obrera se verán postergados hasta el surgimiento de la UGT (Unión General de Trabajadores) luego de que los socialistas se retiren definitivamente de la FORA.

La organización obrera según Pellico:

Antonio Pellicer Paraire nació en Barcelona el 23 de febrero de 1851. Como obrero tipógrafo ingresa a los 12 años de edad al Sindicato de Tipógrafos de esa ciudad, viendo al poco tiempo morir a su padre en una manifestación popular. En 1868 ingresa a la Federación de Trabajadores de la Región Española, sección de la Primera Internacional (AIT) en ese país, donde su tío y primo4 ocupaban el cargo de secretario y presidente respectivamente. También ingresa ese año a la Alianza Bakuninista, organización secreta de carácter anarquista. Entre los años 1872 y 1875 se ve obligado a exiliarse y recorre México, Cuba y los Estados Unidos. En 1879 ingresa en la Sociedad de Tipógrafos de Barcelona, y en 1881 se afilia nuevamente a la Federación de Trabajadores de la Región Española reorganizada ese mismo año. En esta última será miembro de su Comisión Federal entre los años 1882 y 1888.

"Pellico" - Antonio Pellicer Paraire
“Pellico” – Antonio Pellicer Paraire

En 1891 Antonio Pellicer Paraire se radica definitivamente en nuestro país y se incorpora como columnista en el periódico anarquista La Protesta Humana bajo el seudónimo de “Pellico”. A partir del 17 de noviembre de 1900, Pellico comienza a publicar en las páginas de dicho periódico  una serie de doce artículos titulados “Organización Obrera”, en los cuales proyecta un modela de organización sindical basado en su larga experiencia dentro de la Internacional Española. Estos artículos finalizan contemporáneamente con el llamado Congreso Obrero a realizarse el 25 de mayo de 1901 en el cual quedará constituida la FORA. Siendo verdaderamente un desconocido para la historia argentina, la influencia del modelo proyectado por Pellico sobre la forma de organización que adoptará la FORA es incuestionable.

En uno de sus artículos Pellico señala que los principios de toda asociación obrera son: Acratismo, Libre pacto, y Solidaridad. Estos principios se sintetizan en el llamado “Pacto de Solidaridad”: “El Pacto de solidaridad encierra en su solo título los tres principios esenciales a toda asociación obrera de aspiraciones progresistas que enumerábamos en el segundo artículo: Acratismo, Libre pacto, Solidaridad; esto es: la libertad siempre mantenida por el individuo y por la colectividad; inteligenciarse, convertirse seres libres para realizar juntos sus propósitos, en disposición siempre de adoptar los medios o los modos más adecuados según las circunstancias aconsejen; y solidarizar todos los esfuerzos para el mejor éxito, apoyarse mutuamente con humanismo, con compañerismo, con fraternal espíritu, practicando, en una palabra, la solidaridad”5. De esta manera, el acratismo viene a ser el principio que libera a la organización de todo principio de autoridad, el libre pacto es el principio que excluye toda idea de una estructura rígida y vinculante para los trabajadores, y la solidaridad es el principio de una unión real entre los mismos para el logro de los objetivos propuestos.

Para Pellico el libre pacto viene a oponerse a la idea de una organización definida por ley o mediante estatutos rígidos y vinculantes que someta así la voluntad de los asociados: “…acontece con toda reglamentación con carácter permanente, que vicia y perturba y desvía los más bellos propósitos. La experiencia, pues, ha enseñado que lo que importa no es la buena ley, el buen estatuto, al cual deben sujetarse los individuos, sino un modo, una manera, un régimen para entenderse los individuos que se congregan para la realización de un determinado objetivo, régimen viable a lo infinito, según condiciones y circunstancias”. Asimismo, opone el acratismo con el principio de autoridad a través de la oposición entre centralización y descentralización administrativa: “En las sociedades obreras la explotación y el despotismo se entronizan por medio de la centralización administrativa y de la concesión de facultades a las juntas administradoras. Con pretexto de poder obrar enérgicamente y de libertad de acción, se erigen, los que debieran ser compañeros encargados de la administración, en directores, presidentes, en un poder ejecutivo, a modo de los gobiernos políticos, valiéndose de los mismos medios que éstos recabando para sí toda la autoridad y todos los recursos gobernar a sus anchas, como si pudiera admitirse el sofisma de que para realizar el bien del pueblo (o de los asociados) fuese indispensable, forzosa la tiranía. La descentralización administrativa de la sociedad es, pues, una garantía para el asociado, y a la vez el mejor sistema para que se hagan bien las cosas, así como en la industria la perfección del producto se realiza por medio de la división del trabajo”. Apelando a una coherencia entre fines y medios agrega que: “Para aspirar al bien y a la libertad no puede adoptarse un procedimiento de cuartel o convento, porque nunca se alcanzaría sino despotismo. La libertad se posee ejercitándola. Y engañan, mienten, sobornan, embaucan, traicionan a los obreros quienes les predican emancipación y los sujetan a un reglamento autoritario y los entregan como rebaño de ovejas a una junta administradora convertida en poder ejecutivo, con facultades y prácticas de gobiernos y gobiernos despóticos”6.

Tapa del N° 1 de La Protesta Humana
Tapa del N° 1 de La Protesta Humana

El Pacto de Solidaridad es entonces el medio para que los trabajadores unan sus fuerzas sin sujetarse a la autoridad de nadie, sin delegaciones ni concentraciones de poder de ningún tipo, ni tampoco sujetarse a reglas rígidas y vinculantes. La voluntad expresada en dicho pacto implica una participación activa de los trabajadores en la vida interna de los gremios conforme a la noción de acción directa, evitando así el quietismo de una delegación innecesaria: “Siendo la asociación gremial un producto de voluntades para fines determinados, deben estas voluntades ser activas; es decir, que cada uno y todos trabajen por el objetivo propuesto, y no permitir que unos se encarguen de hacerlo todo, y otros sean indiferentes a todo trabajo, porque ello acarrea o víctimas de los indolentes o mandarines de todos”7.

Para Pellico ese modo, manera o régimen que brinda el Pacto de Solidaridad se realiza a través del sistema federativo de organización, en donde “La solidaridad entre los individuos federados se practica de un modo directo, y sin la ingerencia de ningún poder; y la propaganda y organización quedaran libradas a la acción de las colectividades directamente, no dependientes de la voluntad de determinados individuos, salvo especialísimos casos, por común conveniencia de la federación”8. Se puede apreciar así la gran diferencia entre el modelo de organización proyectado por Pellico con la estructura partidaria expresada en los estatutos del PS antes mencionados, ya que en este último caso la propaganda y acción política del partido era dirigida por el Comité Ejecutivo Nacional en desmedro los comités locales. Por el contrario, en el sistema federativo la propaganda y acción de cada entidad federada es dirigida por ella misma, manteniendo así su más absoluta autonomía sobre su propia actuación. La diferencia entre uno y otro modelo también se expresa en la diferente concepción entre un Comité Ejecutivo y una Comisión Federal: “Ninguna centralización de fondos ni de poderes en esta federación subsisten; la comisión federal es convertida en una especie de oficina de relaciones meramente. Las operaciones de resistencia no se sujetan a sanciones o autorización de ninguna clase. Todos los asuntos quedan sometidos a las entidades pactantes, en uso de su libertad y soberanía, sin exhibición alguna. La Comisión Federal no es mas que lo que debe ser: una comisión servidora de los intereses generales, no gobernadora”.

Es importante destacar la doble naturaleza o función que cumple la organización gremial para Pellico. En primer lugar, las asociaciones gremiales cumplen una función económica en su lucha contra la patronal destinada a la obtención de mejoras inmediatas; y en segundo lugar, las asociaciones gremiales cumplen una función revolucionaria destinada a lograr la completa emancipación de los trabajadores. Ambas funciones tienen dentro de la organización federativa dos tipos de organizaciones diferentes: la función económica es llevada adelante por la federación de oficio, en cambio, la función revolucionaria es llevada adelante por la federación local. La primera nuclea a sociedades gremiales de distintas localidades pertenecientes a un mismo oficio o actividad. La segunda nuclea a todas las sociedades gremiales de una misma localidad independientemente del oficio o actividad que representan. Se puede apreciar que la federación de oficio tiene como límite de actuación el oficio o actividad que representa, siendo por lo tanto una unión de tipo corporativo con un claro perfil reformista ya que sólo puede aspirar a obtener mejoras para ese oficio o actividad. En cambio, la federación local no tiene ningún límite de actuación de tipo corporativo, disolviendo por el contrario toda diferenciación de tipo profesional, teniendo como límite de actuación sólo el espacio territorial en el que se circunscribe. Esta única limitación se supera según Pellico con la unión de todas las federaciones locales de un país en una federación regional, y finalmente, las de todos los países en una federación internacional. El carácter revolucionario de la federación local procede del hecho de que supera la diferencia artificial entre grupos profesionales, permitiendo una unión basada exclusivamente en el origen de clase y que responde a la reivindicación histórica de los trabajadores: “La federación local, partiendo del concepto del trabajo, y funcionando como organismo social, sienta las bases de la sociedad del porvenir. Merece, pues, tal organización los cuidados y celo de todos los trabajadores, porque integra la comuna revolucionaria y la comuna libre”9.

Si bien la FORA no adoptará el mismo pacto de solidaridad elaborado por Pellico, el que finalmente adopte respetará los grandes lineamientos trazados por este último: sistema federativo, autonomía de las asociaciones de base, Comisión Federal como centro de relaciones, federaciones locales y de oficio, etc. La impronta ácrata trazada por Pellico como principio de la organización gremial se completará recién en su Vº Congreso cuando la FORA adopte el comunismo anárquico como doctrina.

Notas:

1) Godio Julio; Los orígenes del movimiento obrero, CEAL, 1971, p. 148

2) La declaración hace referencia de una tentativa de Federación Obrera impulsada en 1896 que finalmente fracasó.

3) Oddone Jacinto; Historia del socialismo argentino, CEAL, 1983, Tomo I, p. 63

4) El primo era Rafael Farga Pellicer y fue delegado español en los Congresos de Basilea (1869) y de La Haya (1872) de la Primera Internacional. En este último Congreso fue uno de los delegados que votó en contra de la expulsión de Bakunin. Luego participaría como delegado en el Congreso de Bruselas (1874) de la Internacional Bakuninista con el seudónimo de J. Gómez.

5) La Protesta Humana; Año IV, Num. 102, 8 de diciembre de 1900, p. 2

6) La Protesta Humana; Año IV, Num. 103, 15 de diciembre de 1900, p. 2

7) La Protesta Humana; Año IV, Num. 100, 24 de noviembre de 1900, p. 2

8) La Protesta Humana; Año V, Num. 105, 5 de enero de 1901, p. 3

9) La Protesta Humana; Año V, Num. 107, 19 de enero de 1901, p. 2

FORA rojo y negro