La IWW en Chile: Un sindicato y una leyenda (1919-1951), Parte 2

iww_uneteLa segunda sección de una breve historia del IWW en Chile.  Esta selección es del libro “Sin Dios, Ni Patrones. Historia, diversidad y conflictos del anarquismo en la región chilena (1890-1990)” escrito por Víctor Muñoz Cortés. Lo pueden consultar haciendo clic aquí.

Escrito por: Víctor Muñoz Cortés

En los primeros meses de 1920 fue tal el crecimiento y la actividad huelguística de la IWW que las autoridades se le fueron encima. Como se sabe, durante todo el segundo semestre de 1920 la organización fue procesada por su pretendido carácter ilícito y terrorista. Cuestión que quedó en nada cuando se supo que todo había sido originado por un montaje policial.

Del 15 al 18 de Mayo de 1921 se realizó en Valparaíso la Segunda Convención Nacional de la IWW. Asistieron cincuenta y cinco delegados en representación de ochenta y seis organizaciones laborales de Caleta Buena, Iquique, Antofagasta, Taltal, Valparaíso, Viña del Mar, Santiago, Talca, Talcahuano, Tomé y Concepción. Este sería su primer encuentro formal. Allí se tomaron los siguientes acuerdos:

Hogar Común. Las Uniones Locales propiciarán la concentración de las finanzas gastadas en pequeños salones gremiales para instalar el Hogar común con capacidad para sesiones amplias de las Uniones Locales o Departamentos Industriales y dar facilidades a la instalación de Biblioteca, Teatro, Clínica y Oficina de Contratación de Trabajo.

Pro-imprenta. Se acuerda que cada asociado a los gremios adheridos a los Trabajadores Industriales del Mundo pagará una cuota mínima de un peso para adquirir una imprenta.

Jornada de trabajo. Exigiéndolo el exceso de desgaste físico y favoreciendo la mayor ocupación de obreros cesantes, recomienda la jornada máxima de 44 horas semanales, en todas las fábricas y faenas, divididas en 8 horas diarias y 4 horas el día sábado.

Salarios. Los departamentos y Uniones Locales deben luchar por un salario mínimo que compense las máximas necesidades de los trabajadores; no obstante sostenemos la abolición del salario. Único factor de la tiranía y explotación capitalista.

Trabajo a contrato. Se acuerda tratar de abolir el sistema de contrato y especialmente los contratistas en las faenas marítimas, por considerarse perniciosa para los intereses de los trabajadores y porque en las fábricas y obras se establece la competencia entre ellos y éste sólo beneficia al capitalista.

A falta de trabajo. A falta justificada de trabajo en fábricas, talleres y faenas, imponer (la redondilla) o sea turnos rotativos o disminución de horas de trabajo, a fin de impedir la suspensión o cesantía forzosa de los trabajadores.

Enganches. Boycotearlos en todas formas y sentidos, sosteniendo la libre demanda y libre concurrencia o contratos directos, impidiendo así la especulación y despotismo desenfrenado por enganchadores.

Matrícula de gente de mar y fotografía de identidad en fábricas y faenas. Acuérdese sostener y gastar todo el empeño posible en anular estas marcas impuestas por el capitalismo gubernamental.

Peso máximo de llevar al hombro. Las Uniones Locales deben exigir a los capitalistas fijen el máximo de peso de 70 kilos.

Herramientas en el trabajo. Se insinúa iniciar la lucha por la abolición de las herramientas llevadas por los obreros en todas las faenas y establecimientos fabriles, exigiendo sean costadas y proporcionadas por los capitalistas y patrones.

Emancipación de la mujer. Las Uniones Locales y los asociados en particular deben luchar en todas las esferas propagando, adelantando y sosteniendo la emancipación de la mujer, organizándola. Creando en nuestro periódico secciones especiales donde se les invite a colaborar. Igualmente la edición de folletos, proclamas afines en este sentido. También propiciarán la lucha por la forma lógica y justa de igual trabajo, igual salario para contrarrestar la libre competencia entre ambos sexos a que las condena el régimen capitalista.

Alcoholismo. Se encarga a los Centros de Estudios Sociales dependientes de la I.W.W. y los que simpaticen con nuestros principios, intensifiquen con energía una campaña práctica y teórica hasta donde les sea posible y con el concurso de las Uniones Locales contra este anestesiador vicio, fomentado por los vinicultores y gobernantes.

Habitaciones obreras. No reconociendo el derecho de usurpación de la tierra por unos pocos, máxime cuando éstos nos explotan descaradamente obligándonos a vegetar en conventillos u otras habitaciones estrechas insalubres y caras, se recomienda mantener una constante agitación en pro de su abaratamiento y salubridad hasta la huelga de arrendatarios: es decir no pagar arriendos por las habitaciones sucios y caras.

Atención sanitaria. Las Uniones Locales y Departamentos deberán exigir a los capitalistas asistencia médica en fábricas, talleres, minas, bahía, etc. También estimular las atenciones sanitarias fundando clínicas, extendiendo sus servicios a sus asociados y sus familias para contrarrestar la hipocresía de la caridad burguesa con la solidaridad proletaria.

Funerales. Se recomienda que los funerales de los asociados sólo se harán solidarias las organizaciones cuando hayan caído en las luchas sociales o por accidente en el trabajo, como medio de propaganda emancipadora y apostrofar la indolencia capitalista. En los demás casos las organizaciones quedan en libertad de obrar como lo estimen conveniente.

Primero de Mayo. El primero de Mayo es un día de protesta mundial y de acción revolucionaria. No obstante, nosotros, los Trabajadores Industriales del Mundo declaramos que mientras exista el régimen capitalista con sus ejércitos de parásitos usurpadores del esfuerzo productor y acaparadores de la tierra convirtiéndola en propiedad privada, y la explotación del hombre por hombres privilegiados, todos los días mientras este estado subsista será y deben ser de protesta y de continuada agitación proletaria.

Presos por cuestiones sociales. Las Uniones Locales y organizaciones afines deben mantener una constante agitación por la libertad de nuestros camaradas, que por servir a las causas proletarias son víctimas de venganza capitalista, secuestrándolos en cárceles y presidios. No menos debe ser la atención debida a los hogares de todos los abnegados luchadores.

Comunismo Libertario y Consejo de Fábrica. Recomiéndese a los trabajadores el estudio del comunismo libertario; igualmente el estudio de los consejos de fábricas ideados y puestos en práctica en Rusia e Italia, debiendo atender al estudio y difusión de ambos temas los conferencistas y los redactores de los periódicos y folletos que se editen.

Saludo Fraternal. La convención acuerda enviar un saludo fraternal a los camaradas revolucionarios del mundo, y exteriorizarlo a nuestros dignos camaradas que por hoy se encuentran en las cárceles y presidios, borrón infamante del capitalismo, y manifestamos por ellos nuestra protesta y afirmamos luchar con el calor de nuestra convicción hasta conseguir su libertad.

Voto de simpatía. Considerando que con la Federación de Estudiantes de Chile y la Federación Obrera de Magallanes andamos ligados por los vejámenes y crímenes de que fuimos víctimas en la pasada administración gubernativa y tomando en consideración que en la primera existen miembros que nos han prestado desinteresado concurso a nuestra organización y con la segunda nos ligan intereses comunes, la comisión acuerda un voto de simpatía y solidaridad a estas Federaciones que sea al mismo tiempo una protesta hacia nuestros comunes victimarios”1.

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Tras esa Convención la IWW reactivó sus campañas reivindicativas a nivel nacional. En junio de 1921 y junto a la FOCH ayudaron a los panaderos a ganar su huelga general. Ese mismo mes, pero en el puerto, apoyaron una paralización de obreros de la Fábrica de Galletas Hucke. La boicotearon dos semanas hasta que vencieron2.

Entre 1920 y 1921 la IWW era la organización laboral más poderosa y belicosa de Valparaíso. Contaba con unos 6 mil afiliados entre estibadores, lancheros, transportistas, operadores de grúas, tripulantes, cargueros de ferrocarriles y trabajadoras fábricas. Con ellos protagonizó numerosas huelgas y boicots. Muchas veces la sola amenaza de paralización bastaba para conquistar sus demandas.

La IWW se ganó muchos enemigos entre el empresariado, la prensa de masas y el Estado, pero también entre los comunistas y la FOCH, puesto que varios sindicatos de la vieja federación, sobre todo en Antofagasta, Rancagua, Talca y Talcahuano, se pasaron a la filas anarcosindicalistas. Los gremios conservadores, desde luego, acusaban a la IWW de subversiva y antipatriótica3.

En respuesta a los libertarios industrialistas, los patrones organizaron la Asociación de Comerciantes de Valparaíso, que luego tuvo similares en Antofagasta, Talcahuano y otras ciudades. La Asociación le declaró un lockout a los IWW desde el 18 al 26 de agosto de 1921, paralizando las descargas portuarias para des-emplear a los subversivos. La IWW, por su parte, respondió con la huelga general a partir del día 28. Les secundaron los IWW de Antofagasta y Talcahuano y pronto encontraron la solidaridad de sus compañeros de Iquique, Mejillones, San Antonio, Coronel y Punta Arenas4.

Por las magnitudes de la huelga el gobierno ofreció mediar y la Oficina del Trabajo llamó al arbitraje, cuestión que fue rechazada por los comerciantes. Finalmente todo acabaría –momentáneamente– en un empate. Sin embargo, el 24 de octubre el presidente Arturo Alessandri decretó la abolición de la “redondilla”. Esta derrota afectó dramáticamente a los IWW de todos los puertos del país, pues la redondilla era allí la base de su poder5. La redondilla era un mecanismo de empleo en donde los turnos de trabajo para cargar y descargar naves eran establecidos por el sindicato. Ellos regulaban el horario y ellos elegían también quienes desempeñarían el trabajo. En Iquique la redondilla fue suprimida en octubre de 1923 tras sangrientos ochenta y ocho días de huelga. En ese conflicto, además, asaltaron la imprenta de El Sembrador, publicación anarquista íntimamente ligada al Sindicato de Lancheros de la ciudad6. La nortina sección de la IWW cesó sus actividades. Ese mismo año los wobblies de la Fábrica de galletas Hucke de Valparaíso fueron derrotados también en otro conflicto laboral.

Además de estos reveses en el terreno sindical, en 1923 estalló la crisis interna del campo anarcosindicalista, separándose aguas entre la IWW por un lado, y los anarquistas específicos y los sindicatos federalistas, por el otro. A los primeros se les acusaba de centralistas y marxistas. A esas alturas seguían siendo “fieles” a la IWW los obreros portuarios de Valparaíso y San Antonio y los trabajadores de la construcción de la capital, principalmente. Y es que aún cuando conservaban organizaciones en otras provincias, la fuerza de la IWW estaba siendo considerablemente mermada.

En la Tercera Convención Nacional realizada en Santiago en marzo de 1924, y producto de las críticas que venían del interior del movimiento sindicalista libertario, la IWW se hizo industrialista y federalista al mismo tiempo. No excluiría formas de organización mientras se luchara mediante la acción directa. Además, en el afán de responder a las acusaciones de centralismo, se abolió el Comité Regional Administrativo y se instauró un Comité de Relaciones. Por último, explicitó su adhesión al comunismo anárquico7.

En la Cuarta Convención Nacional de Concepción, realizada desde el 1° al 4 de enero de 1926, además de reafirmar los acuerdos anteriores, se planteó rehacer los contactos con la Asociación Internacional de Trabajadores –con sede en Berlín–, pues tenían a la entidad mundial libertaria descuidada. Se revitalizó el llamado a propagar el neomaltusianismo y se reafirmó el deseo de intensificar las campañas por la libertad de Sacco y Vanzetti8.

A partir de la dictación de las leyes sociales en 1925 y hasta su extinción, la IWW realizó campañas en contra del Código del Trabajo y los sindicatos legales, reafirmando la necesidad de organizarse fuera del Estado para conservar la autonomía de los movimientos sociales.

Entre 1925 y 1927 sus fuerzas eran bastante escasas dado que la mayoría de los sindicatos libertarios pertenecía ahora al sector autonomista, que desde 1926 se alineó en la Federación Obrera Regional Chilena. Entonces los IWW se concentraban en los obreros de la construcción y en los tripulantes de embarcaciones. Entre estos últimos seguían siendo hegemónicos en comparación con otras tendencias. De hecho, en mayo de 1925 y mayo de 1926, organizaron las Convenciones Marítimas Portuarias, en Valparaíso y Coquimbo, respectivamente. Planeaban organizar una “Gran Unión Marítima del Litoral Chileno”. Aún eran capaces, además, de hacer giras de propaganda a Punta Arenas y Ecuador9.

Carlos Ibáñez del Campo,
Carlos Ibáñez del Campo, presidente durante la dictadura de 1927-1931

La Dictadura de Ibáñez entre febrero de 1927 y julio de 1931 reprimió desde un principio a la IWW. Sus principales organizadores y propagandistas fueron perseguidos, algunos de ellos capturados y confinados, mientras que otros debieron cruzar la frontera para ponerse a salvo. Un grupo de wobblies que se reunió en Buenos Aires publicó Acción Directa allí en 1928 y algunos de ellos (Armando Triviño y Pedro Ortúzar) participaron en la fundación de la Asociación Continental Americana de Trabajadores, ACAT, dependiente de la AIT.

Tras la caída de Ibáñez, los IWW intentaron reagruparse pero sin mayor éxito, salvo en algunos de sus gremios característicos, como el de tripulantes de embarcaciones10.En Valparaíso contaban con un sindicato de mueblistas y uno de metalúrgicos. En Santiago poseían un Departamento de mueblistas y una organización de oficios varios.

En sus locales, acondicionados como ateneos, seguían realizando veladas solidarias y actividades de difusión política11. Los inmuebles de la IWW de los años treinta y cuarenta albergaron el Hogar del Artista Obrero y el Policlínico de la IWW12. Esa última entidad, ahora bajo el nombre de Policlínico Juan Gandulfo, en recuerdo de su fundador fallecido en 1932, seguirá existiendo en 1954.

El 18 y 19 de septiembre de 1937 los wobblies realizaron su Sexta Convención Nacional en Viña del Mar. En ella reafirmaron sus principios e insistieron en mantenerse al margen de las otras organizaciones obreras. Desde la nueva central libertaria –la Confederación General de Trabajadores– se les acusó de tradicionalista, por “vivir de recuerdos” en lugar de sumarse a la organización anarcosindicalista mayoritaria. No obstante esas disputas, existentes sobre todo en la primera mitad de los años treinta, la IWW y la CGT no se excluyeron de unirse en determinadas campañas o en la conmemoración del 1º de Mayo.

Ya en la década del cuarenta los IWW fueron desplazados de casi todos sus espacios y solo unos pequeños grupos conservaron sus siglas en instancias relacionadas con el teatro y la salud de los trabajadores13. La última noticia que se tiene de la IWW es la edición en 1951 de una nueva versión de su clásico periódico Acción Directa.

La IWW fue efectiva en varios aspectos. A ella se debió la unificación, aunque momentánea, de casi todo el espectro libertario de la región chilena, cuestión que a pesar de haber sido buscada con anterioridad, jamás se había logrado. Varios triunfos en huelgas parecieron demostrar la idealidad de sus métodos de organización por industrias, al comprometer la solidaridad de varios oficios a favor del sindicato en conflicto. Quién sabe si fue eso mismo, sumado a la represión estatal y la persecución empresarial, lo que acabó desgastándola. Ciertamente varias de sus actitudes demostraron un cierto dejo de sectarismo, sobre todo en las disputas con marxistas y otros sindicatos libertarios, pero la IWW, con sus victorias y derrotas, conquistó un lugar destacado en la historia del movimiento social chileno de los años veinte.

Notas

1) 387 “Bases, Principios y Métodos de la I.W.W. Aprobados en la Segunda Convención efectuada del 15 al 18 de Mayo de 1921”, Acción Directa, Santiago, primera quincena de agosto de 1921. “Segunda Convención de los IWW”, Claridad, Santiago, 4 junio 1921.

2) 388 Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit., p. 270.

3) 389 Enemiga declarado de la IWW fue la Federación de Gente del Mar de la Marina Mercante. Ver El Tripulante, Valparaíso, 1925-1926. Por ejemplo “Las letras fatídicas. IWW”, del 28 de mayo y 4 de junio de 1925; “Como se nos combate”, “La Asociación de Comerciantes y la Dirección del Territorio Marítimo contra nosotros”, La Voz del Mar, Valparaíso, primera quincena noviembre 1924, 11 noviembre 1926; Sobre los consejos federales de la FOCH ver “La IWW en la región chilena”, Acción Directa, Santiago, primera quincena de mayo 1921; “Consejo n°2 de Gente de Mar”, La Chispa, Talcahuano, 29 de mayo de 1921.

4) 390 “El lockout de Valparaíso”, “El comicio del viernes”, El Productor, Iquique, 12 septiembre 1921.

5) 391 Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit., p. 269-274.

6) 392 Ver reportajes de El Sembrador, Iquique, 20 octubre 1923; También revisar El Productor de la misma ciudad.

7) 393 En esa convención asistieron delegaciones de Santiago, Valparaíso, Talca y Concepción: AGP, FOIC, F. Organizaciones autónomas, Pintores, Unión en Resistencia de Albañiles y RS, CES, Empajadores de Damajuanas, Comité Pro-presos y Deportados. De Iquique no llegaron por la crisis. La FOIC y la F. de Organizaciones Autónomas se retiraron. “La IWW y su Tercera Convención Regional”, Ideas, Antofagasta, primera quincena de mayo 1924; “Tercera Convención IWW”, Campana Nueva, Valparaíso, primera quincena abril 1924; “La última convención IWW”, El Obrero Constructor, Santiago, junio 1924.

8) 394 “La 4ta Convención de la IWW en Concepción”, La Voz del Mar, Valparaíso, 16 abril 1926.

9) 395 Véanse las notas sobre las conferencias del IWW Carlos Mondaca en Punta Arenas en 1926, a través de El Trabajo, Punta Arenas, 1926. “Nuestra gira al Ecuador”, La Voz del Mar, Valparaíso, 26 de septiembre 1926.

10) 396 Véase La Voz del Tripulante, Valparaíso, 1936-1938.

11) 397 Ver por ejemplo “Conferencias y charlas de interés sindical”, La Hora, Santiago, 15 julio 1937; “La IWW puede revivir sus días de gloria”, “Por línea justa”, El Ariete, Santiago, segunda quincena de junio y segunda quincena de noviembre de 1939.

12) 398 En esos años, sus locales en Santiago estaban ubicados sucesivamente en Avenida Matta n°644, 614, 832, y 1113. Memorándum, 22 septiembre 1933, AHN, FMI., V. 8383; “Teatro del pueblo”, La Hora, Santiago, 2 abril de 1941.

13) 399 En 1934 contaban con un Sindicato de Mueblistas. En 1940 fundaron un Comité IWW en el sector San Pablo y pensaban que estaban reviviendo. “Los Trabajadores Industriales del Mundo renacen en Chile: Mantienen un gran hogar social con Policlínica para los Barrios”, Vea, Santiago, 3 de julio 1940; Memorándum, 24 abril 1932, AHN, FMI, V. 8147; Memorándum, 14 de mayo 1932, AHN, FMI., V. 8147; Memorándum, 25 de abril, AHN, FMI., V. 8148. En 1938, y según su prensa, contaban con pequeños grupos en Arica, Iquique, Antofagasta, Taltal, Valparaíso, Los Andes, Santiago y San Antonio

 

logo del IWW

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La IWW en Chile: Un sindicato y una leyenda (1919-1951), Parte 1

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Huelga IWW en Santiago, 1924

Hoy publicamos la primera sección de una breve historia del IWW en Chile.  Esta selección es del libro “Sin Dios, Ni Patrones. Historia, diversidad y conflictos del anarquismo en la región chilena (1890-1990)” escrito por Víctor Muñoz Cortés. Lo pueden consultar haciendo clic aquí.

Escrito por: Víctor Muñoz Cortés

La IWW fue sin lugar a dudas la organización libertaria más recordada de la región chilena. No es ni la más grande ni la más afectiva de cuantas hubo, y tampoco fueron muchos sus años de efectiva trascendencia en el movimiento social criollo, pero sus tres letras se convirtieron en todo un emblema de rebeldía generacional que perduró muchas décadas después de su auge. La IWW no solo marcó a los trabajadores y trabajadoras que eligieron sumarse a sus filas. Muchos estudiantes y profesores se sintieron afines con su ideario, el empresariado padeció su efectividad y el Estado tuvo hasta que inventar montajes para suprimirla y garantizar el orden social. Revolucionaria, conflictiva, internacionalista, la IWW y sus siglas, encarnaron en sí mismas el imaginario subversivo de los años veinte. A continuación abordaremos los orígenes y algunos aspectos significativos de la tensa historia de esta organización y su paso por el país1.

Tras la desaparición de la Federación Obrera Regional Chilena (1913- 1917), los intentos para reunir a los anarcosindicalistas de diversos oficios y a nivel “nacional” no cesaron y pronto los mismos gremios marítimos de Valparaíso –precursores de la experiencia fallida recién mencionada– transmitieron una novedosa propuesta: adherir al sistema industrialista que proponía la organización de origen norteamericano Trabajadores Industriales del Mundo, más conocida como IWW, por sus iniciales en inglés (Industrial Workers of the World).

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Trabajadores marineros de la Unión Industrial 510 del IWW, Nueva York, 1920

El contacto entre el Sindicato de Estibadores de Valparaíso y los tripulantes de barcos pertenecientes al Marine Transport Worker´s Industrial Unión y a la IWW de Nueva York, Chicago y California que arribaban a ese puerto, permitieron la introducción de las nuevas ideas2.

La propuesta fue madurada en 1918 en el interior de un congreso de la Sociedad Gremial de Gente de Mar y tras ello fue presentada a las demás federaciones y sindicatos de orientación libertaria del país, acordándose realizar una convención para establecer las bases del nuevo organismo. La Federación Obrera Local de Santiago organizó el encuentro entre el 24 y el 27 de diciembre de 1919 en la capital. Tras una asamblea abierta y bien concurrida quedó constituida la sección chilena de la IWW3.

En ese congreso fundacional se hicieron representar organizaciones de resistencia de toda la región formándose Uniones locales desde Iquique a Corral. Si bien en un primer momento la conexión fue más bien nominal y hasta un poco ficticia, con los meses se consolidaron activos núcleos IWW en Iquique, Valparaíso, Santiago, Talca y Concepción, principalmente.

La IWW era una central sindicalista revolucionaria fundada en Estados Unidos en 1905. Con los años se crearon secciones en varios continentes. En América Latina sus principales enclaves estuvieron en México y Chile, aunque también hubo núcleos en Venezuela, Ecuador y Uruguay4.

Cada sección nacional de la IWW era autónoma y variaba en sus inclinaciones ideológicas según sus propios componentes. Así por ejemplo, la sección estadounidense en estos años era más bien sindicalista revolucionaria (sin finalidad ideológica), mientras que la sección chilena estuvo ligada desde su origen al anarco-sindicalismo, aún cuando solo en 1923 estableció formalmente en sus estatutos el Comunismo Anárquico como finalidad de la organización.

La IWW proponía relacionar los sindicatos bajo el sistema industrialista. Esto es, crear una organización que reuniera a las entidades laborales por ramo (departamentos) de la producción en lugar de mantener los sindicatos por oficio. Así por ejemplo los estibadores, lancheros, jornaleros, pescadores y carpinteros de rivera formarían el Departamento Industrial Marítimo, mientras que los ladrilleros, estucadores, carpinteros y pintores se agruparían en el Departamento Industrial de la Construcción5.

iww_uneteAllí donde no se contaba con sindicatos de un gremio, se reunía a individualidades de distintas especialidades y se formaba un Departamento de Oficios Varios6. Esta centralización implicaba un alto nivel de coordinación y apoyo en los conflictos que se suscitaban, pues se estimaba que la capacidad de negociación crecería junto con la organización. La idea es que si paralizaba un sindicato en particular, todos los oficios que componían su Departamento le acompañarían en la huelga. En la práctica estos métodos demostraron ser efectivos sobre todo en los gremios portuarios y entre los trabajadores de la construcción. Pero a su vez, sostenerlos involucró un alto costo social dado que en cada huelga los sindicatos, sin importar su propia situación particular, quedaban relativamente a merced de las iniciativas de otras entidades. Mientras existió afinidad y acuerdo no hubo mayores problemas, pero cuando aquella se reducía o desgastaba por la propia intensidad conflictiva de la IWW, o por la falta de unanimidad en las organizaciones de oficio, la coordinación se hizo más difícil. De hecho, de esta tensión nació la principal disputa en el interior del campo sindicalista libertario de los años veinte: la cuestión de la autonomía.

En cada ciudad los sindicatos de oficios se agrupaban en sus departamentos correspondientes. Los diversos departamentos componían a su vez la Unión Local. Las uniones locales enviaban representantes al Consejo Administrativo de la IWW. En cada Convención Nacional participaban todos los gremios adheridos y juntos discutían el devenir orgánico y estratégico de la entidad en su generalidad.

La IWW reivindicaba la acción directa y proponía como medios de lucha la huelga parcial y general, el boicot, el sabotaje (obstruir la fuente laboral7), el label (marcar el producto boicoteado) y la abstención de participar en elecciones estatales8. Sus cuotas eran bajas y no se producía el enriquecimiento de las Cajas de Resistencia, pues todo el dinero se ocupaba en conflictos. De esa forma se evitaba la burocratización9. Además de ello, y según Moisés Montoya, uno de sus destacados miembros:

“La IWW lucha por arrebatar a todos los proletarios de sus vicios para convertirlos en productores útiles y libres, capaces de administrarse solos, sin la intervención de los demás. Para esto desarrolla el siguiente programa: En lugar de una cantina, en que el alcohol hace al hombre un instrumento dócil para cualquier cambullón, tiene una biblioteca con una librería donde se expenden folletos y libros para embriagar de ideales a todos los que desean emanciparse. En lugar de una filarmónica, que sirve para educar los pies y prostituir a las compañeras, tienen ateneos en que se discuten todas las ideas, con veladas culturales y conferencias para educar el cerebro y convertir a los compañeros en hombres capaces de defenderse de todos los robos políticos. En lugar de un ring, en que se convierte al hombre en una bestia humana, sin razonamiento, enseñándole a abofetear al compañero, mientras frente al patrón es un carnero que se deja explotar mansamente, tiene una Escuela de Dibujo, en que se enseña a apreciar la belleza del arte y a organizar la sociedad futura”10.

La Hoja Sanitaria
La Hoja Sanitaria del IWW de Santiago

Esta organización no solo debe analizarse desde la perspectiva sindical, pues la IWW también fue un importante núcleo de irradiación política y cultural para trabajadores, estudiantes y mentalidades inquietas en general. La IWW, por ejemplo, animó LUX, la más prolífera de las editoriales anarquistas que hubo en la región y creó varios periódicos en las ciudades en que tuvo presencia: El Productor en Iquique; Mar y Tierra, La Voz del Mar y La Voz del Tripulante en Valparaíso; Boletín de los Trabajadores Industriales del Mundo, Acción Directa, El Comunista, Hoja Sanitaria de la IWW y La Voz del Industrialismo en Santiago; El Azote y El Proletario en Talca; Bandera Roja, Emancipación Proletaria y La Luz de Concepción.

Las diversas secciones de la IWW contaban con locales para realizar conferencias y debates públicos. Su Ateneo de Santiago fue todo un centro de encuentro político en la década del veinte en donde llegaban muchas personas cercanas y bien ajenas al ideario ácrata, a escuchar y debatir lo que allí se decía11. Lo mismo ocurría en Valparaíso con las conferencias temáticas que todos los jueves realizaban en la Plaza Echaurren. La IWW también impulsó el teatro obrero y las escuelas racionalistas12. Y hasta fundó un policlínico en 1923 para los trabajadores y sus familias.

En sus primeros años de vida el modelo de organización de la IWW, es decir, la organización por industria, fue asumido con entusiasmo por la mayoría de las organizaciones laborales influidas por libertarios. Sus pilares fueron los estibadores y tripulantes de la marina mercante, los obreros de la construcción (albañiles y estucadores) y los mueblistas, principalmente, pero también contó con lancheros, jornaleros, donkeros, carpinteros de bahía, pintores, baldosistas, constructores de automóviles, zapateros, sastres, entre otros. Si bien los wobblies –como así mismo se llamaban– nunca pudieron unificar a todos los gremios libertarios, pues muchos de ellos –obreros de imprenta, panaderos y zapateros– preferían su autonomía, entre 1919 y 1923 los IWW efectivamente fueron “la central” de los libertarios criollos, relacionando a la mayoría de los sindicatos, periódicos, grupos y estudiantes anarquistas del país13.

Gracias a la actividad entre los tripulantes de embarcaciones de circulación nacional e internacional, así como por las constantes giras de propaganda y organización, los principios de la IWW se expandieron con prolijidad por Mar y Tierra y en gran parte del territorio14. Sus “uniones locales” más estables estuvieron en Iquique15, Valparaíso16, Santiago, Talca17, Concepción y Talcahuano18. Y aunque fueron más frágiles y fugaces, igual las hubo en Arica19, Caleta Buena, Antofagasta, Tocopilla, Viña del Mar, San Antonio20, San Felipe, Rancagua, San Javier, Tomé, Carahue21 y Corral. Además, como varios de sus miembros eran tripulantes de barcos, constantemente los IWW llegaban a los puertos de toda la región, cultivando relaciones e influyendo en gremios portuarios desde Arica a Punta Arenas22.

Notas

1) Sobre la IWW en Chile, véase Mario Araya, Los Wobblies criollos. Fundación e ideología en la región chilena de la Industrial Workers of the World IWW (1919- 1927), Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, Santiago, Universidad ARCIS, 2008; Peter DeShazo, The Industrial Workers of the World in Chile, 1917-1927, M.A. Thesis, University of Wisconsin, Wisconsin, 1973.

2) Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit., p. 225.

3) “Los Trabajadores Industriales del Mundo IWW y la FOLS de Santiago celebran una convención en Santiago”, Numen, Santiago, 3 de enero 1920.

4) En 1921 los confiteros, mozos, ayudantes y peones de Montevideo se organizan como IWW. “Uruguay”, El Productor, Iquique, 21 agosto 1921.

5) Por ejemplo, en 1922 el Departamento de Manufacturas en Madera de Santiago estaba dividido en 3 sub-departamentos geográficos (Barrio Independencia, Cortés Yungay y San Eugenio), y tenía 450 miembros entre mueblistas, talladores, barnizadores, tapiceros, maquinistas barraqueros y taqueros.

6) En 1923, por ejemplo, se creó un Departamento Femenino de Oficios Varios en Santiago para reunir a las mujeres de todas las fábricas y luchar contra los prejuicios religiosos. Y es que, aparte del policlínico, en 1924 se habían “implantado las clases nocturnas de castellano, matemáticas, dibujo lineal y ornamental, conferencias sobre educación y alimentación del niño, de sociología y sobre típicos de suma importancia para la sociedad en general”. Ver “Departamento Femenino de Oficios Varios”, El Obrero Constructor, Santiago, junio 1924. “Correspondencia del extranjero”, Nuestra Tribuna, Necochea, 1 noviembre 1923.

7) Esta medida fue retirada en la Convención de Mayo de 1921.

8) “Constitución”, Boletín de los Trabajadores Industriales del Mundo, Santiago, abril de 1920.

9) El portuario Luís Toro hace una completa descripción de la organización y metodología de acción de la IWW en “Nuestra organización revolucionaria”, La Voz del Mar, Valparaíso, segunda quincena de agosto, primera quincena de septiembre 1924.

10) “¿Qué opina usted del Movimiento obrero en Chile? Responde Moisés Montoya”, Claridad, Santiago, 11 agosto 1923.

11) El 6 y 13 de julio de 1926, por ejemplo, el mismísimo presbítero Daniel Merino discutió contra los ácratas sobre “La función social de la propiedad privada y del capital”. “Informaciones gremiales”, Justicia, Santiago, 5 julio 1926. En Iquique los anarquistas locales habían debatido públicamente con el obispo José María Caro a fines de 1924. Véase “Controversiando con el obispo Caro”, El Surco, Iquique, 3 y 10 de enero 1925.

12) En los años veinte su local estaba en Nataniel 1057.

13) En marzo de 1921, los gremios santiaguinos vinculados a la IWW, eran Unión en Resistencia de Elaboradores en Madera, Unión en Resistencia de Estucadores, Unión en Resistencia de Albañiles y Concreteros, Unión en Resistencia de Baldosistas, Federación de Pintores, Federación de Curtidores, Club de Talladores, Centro Comunista de Panaderos, Federación de Obreros y Obreras en Calzado, Federación de Obreros de Imprenta de Santiago, Federación de Sastres.

14) Si bien la IWW nunca asimiló a todos los gremios anarco-sindicalistas, la cantidad de afiliados no deja de ser importante para la época. En 1920, antes de un año de haber sido organizada, la IWW contaba con 10 mil miembros. En julio de 1921, luego de la segunda Convención Regional, decían tener cerca de 13 mil. A fines de 1922, tras la represión, contaba solo con 3 mil. La cifra aumentaría en los años siguientes, sobre todo debido a la reunificación de los sectores portuarios. En Valparaíso llegaron a tener 4 mil miembros pero tras algunas huelgas perdidas y la represión imperante en 1924 solo tenían 1240 con sus cuotas al día. En Santiago el promedio era de 3 mil, siendo en su mayoría trabajadores de la construcción. Mario Araya, Los wobblies criollos: op. Cit.; Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit..; Cifras en Acción Directa, Santiago, 15 de diciembre de 1922. Ver también Trabajo, Punta Arenas, 1925-1926.

15) En Iquique, entre 1921 y 1923, la IWW estuvo compuesta por Lancheros, Cargadores, Departamento Femenino, Oficios Varios, Calafates. Ver El Productor, Iquique, 1921-1923; Ver también La Unión Local, Manifiesto al proletariado. Explicando nuestra actitud (volante), Imprenta Progreso, Iquique, 21 de diciembre de 1922; Los grupos de jornaleros marítimos, A los jornaleros marítimos (volante), Imprenta Progreso, Iquique, 1 de agosto 1924; La Unión Local, Voz de Alerta. Al pueblo y a los obreros marítimos (volante), Imprenta Progreso, Iquique, 15 de marzo de 1924.

16) El local de la IWW en Valparaíso, en 1926, estaba en San Ignacio 109.

17) La IWW de Talca estaba compuesta también por cigarreros de la Fábrica propiedad de Fígari. Por un Departamento de Oficios Varios, Unión de Elaboradores en Madera, Estucadores y Sastres. Y por un Departamento Femenino. “Fábrica de cigarrillos boicoteada”, El Productor, Iquique, 25 agosto 1923. Ver El Azote, Talca, 1921.

18) Su local en Concepción estaba en Orompello n°1195. Sobre la IWW en esa zona ver Bandera Roja, Concepción, 1926.

19) “Solidaridad con los IWW de Arica”, La Voz del Tripulante, Valparaíso, diciembre 1936.

20) “San Antonio”, La Voz del Mar, Valparaíso, 22 febrero 1925. En 1938, el local de la IWW en San Antonio estaba en Aldea n°151. Destacaron en esa sección Segundo Vera, Carlos Navarrete.

21) A fines de 1924 se creó en Carahue la Unión Local IWW que organizó a los zapateros de la ciudad y estaba trabajando por adherir a ella a los trabajadores a jornal de la Cía Buques y Maderas, y de ferrocarriles. Un estudiante, perseguido de la era de San Fuentes, de apellido García les ayudaba gestionando un policlínico de la IWW y dando charlas. “De Carahue”, La Voz del Mar, Valparaíso, primera quincena de enero 1925.

22) Entre 1925 y 1927, por ejemplo, hubo una activa presencia de la IWW en Punta Arenas. Véase, El Trabajo, Punta Arenas, 1925-1926.

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Los orígenes del modelo sindical argentino: Conclusión

La conclusión del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino”.Origenes_del_modelo_Sindical_Tapa

Las secciones anteriores se encuentran acá.

Se puede descargar el libro entero en PDF acá.

Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

Conclusión:

El resumen histórico realizado hasta aquí permite apreciar que el actual modelo sindical es la resultante del proceso de acercamiento del Estado el movimiento sindical, influyendo en su constitución y desenvolvimiento histórico. El cambio operado por los Estados principalmente a partir del período de entre guerras y la adopción de modelos de pacto social o acuerdo de clases, ha llevado a los mismos a buscar el apoyo del movimiento obrero de sus respectivos países abandonando la actitud exclusivamente confrontativa que habían tenido hasta ese momento.

La adopción de un modelo de pacto social en el cual el Estado asume el carácter de árbitro o mediador en el conflicto entre capital y trabajo, exige no sólo precisar los términos de ese pacto, sino antes bien determinar los sujetos que obrarán como partes en el mismo. En este sentido, resulta determinante para la suerte de este modelo que los sujetos que deberían participar estén dispuestos a hacerlo, y sobre todo, tengan la aptitud de obligar al sector social que supuestamente representan.

En el caso de nuestro país como en muchos otros, la primera actitud de las organizaciones obreras fue el rechazo terminante a la política de acuerdo social o a cualquier forma de acercamiento al Estado, tomando como fundamento para tal rechazo el principio de acción directa hasta ese momento adoptado por gran parte del movimiento obrero. Por otro lado, un sector importante de la burguesía también rechazaba cualquier forma de concesión a los trabajadores, propiciando las políticas de Estado mínimo y de represión al movimiento obrero. Sin embargo, un largo proceso de castigos y de recompensas permitió al Estado, con el apoyo de los sectores más dinámicos de la burguesía, ir formando una dirigencia sindical más dispuesta a la negociación y a las políticas de Estado, y al mismo tiempo, permitió desgastar y aislar a aquellos sectores del movimiento obrero que no estaban interesados en esas metodologías. Las políticas de acuerdo social se verían luego corregidas en sus “excesos” y “fracasos” por los continuos golpes de estado que se produjeron en nuestro país.

El modelo implementado a partir del decreto 23.852/45 responde a esa política de pacto social o alianza de clases. El mismo esta destinado a conformar una dirigencia sindical única con aptitudes para obligar y representar al colectivo de trabajadores en la búsqueda de mejoras programadas y acordadas con el sector patronal correspondiente. Los límites para esta forma de acción colectiva son los del propio sistema, no pudiéndose exigir más de lo que el propio sistema puede dar. Por otro lado, el modelo permite con sus numerosos recursos excluir aquellos sectores del movimiento obrero que pretenden otra forma de actuación y objetivos diferentes.

Todo ello nos permite apreciar que el llamado modelo de unidad promocionada constituye una intromisión del poder estatal sobre la libre constitución y desenvolvimiento de las organizaciones sindicales, definiendo un conjunto de “atribuciones lícitas” para un modelo de consenso. De esta manera, al definir los fines y las atribuciones propias del sindicato, e imponer al mismo tiempo una representación obligatoria al conjunto de los trabajadores a los efectos de esos fines y atribuciones, el Estado logra “direccionar” al conjunto del movimiento obrero manteniéndolos dentro de los límites del propio sistema. En este sentido, la confusión entre unidad y concentración le ha permitido al modelo conformar una estructura piramidal de representación, y a partir de allí, definir los sujetos que obligarán al conjunto de los trabajadores de una misma actividad.

La instauración de estructuras monopólicas de representación ha condicionado no sólo la constitución general de las organizaciones sindicales sino que además ha definido sin quererlo las estrategias implementadas por los sectores opositores al propio sistema. En este sentido, la lucha “por adentro” alentada por gran parte de los sectores vinculados a la izquierda, aún en condiciones en las cuales la burocracia, con el beneplácito de las autoridades gubernamentales y sectores patronales, limitan hasta lo imposible las posibilidades de éxito, constituye una estrategia creada por las propias condiciones del modelo actualmente vigente. Si tenemos presente que el sindicato con personería gremial es la resultante de una estructura monopólica de representación definida por el propio Estado, correspondería preguntarse quién determina el “adentro” de esa forma de lucha y cuál es el resultado que se pretende obtener. En condiciones de baja tasa de afiliación como sucede en la actualidad, considerar a los sindicatos como organizaciones de masas resulta una afirmación muy ambiciosa, por lo tanto, pretender hasta el extremo conquistar los sindicatos “más representativos” para evitar así el aislamiento, pierde todo su significado y dilata aún más los objetivos históricos de la clase trabajadora. No se tiene en cuanta que esa lucha “por adentro” contra la burocracia sindical es en definitiva una lucha por el control de esas estructuras monopólicas de representación impuestas por el propio sistema que, en condiciones de baja participación activa de los trabajadores, arrastran tras de sí a un colectivo de trabajadores totalmente pasivo acostumbrado a que unos pocos actúen por ellos. Son esas mismas estructuras de representación las que generan las condiciones necesarias para la formación y permanencia de una burocracia sindical sobre la base de un quietismo generalizado del colectivo de trabajadores.

Todo ello ha generado que las organizaciones sindicales se presenten en la actualidad como realidades por sí, instituciones ya definidas a las cuales el conjunto de los trabajadores se deben acomodar. Asimismo, el Estado al asignarle facultades erga omnes similares a las propias al sindicato con personería gremial, ha desdibujado con ello los alcances de una actuación propia de los trabajadores, depositando esas facultades en sus “representantes” y utilizando el colectivo como fuerza potencial de presión. El sindicato se transformó al igual que el Estado en un factor más de quietismo y de actuación a-través-de-otro contrario al principio de acción directa.

Sin embargo, la historia nos ha mostrado que los trabajadores no necesitaron de la ley para unir sus fuerzas, ni tampoco que el Estado defina los límites de su actuación, ni la manera en que debían organizarse. El primer movimiento sindical que existió en nuestro país no esperó a que el Estado defina qué es una organización sindical y cuáles sus funciones “propias”. Tampoco buscó la subsistencia del sistema a través de una actuación lícita, ni tampoco pretendió erigirse representante de nadie. El sindicato era la resultante de una unión real y activa de los trabajadores, fruto de la solidaridad y de la explotación de la cual eran objeto. Su actuación no tenía otros límites más que la autonomía colectiva y hasta donde llegaran sus propias fuerzas. Era un principio de la primacía de la realidad sindical: o había unión real, solidaridad obrera y participación activa; o nada. Todo lo que provenga por fuera del principio de acción directa sólo podía ser una expresión más del propio sistema que intentaban abolir.

La puesta en crisis del actual modelo sindical no pasa por la dicotomía unidad o pluralidad sindical. Todo ello es sólo una lectura errónea de la problemática. La unidad real de los trabajadores no puede ser decidida por ley ni definida por un modelo premeditado. Al mismo tiempo, la ausencia de una unidad formal impuesta por el Estado tampoco debe entenderse como una pluralidad necesaria ya que las organizaciones sindicales, libradas a su propia determinación, pueden perfectamente unir sus fuerzas. Asimismo, la intromisión del Estado a través de estructuras monopólicas de representación ha servido también como un factor generador de divisiones dentro del movimiento sindical. Por lo tanto, lo que se entiende por unidad promocionada no es otra cosa que la intromisión distorsionadora del Estado dentro del movimiento sindical, coartando la libertad sindical y apropiándose de una expresión espontánea de los trabajadores. El objetivo de este trabajo era justamente tratar ciertas cuestiones fundamentales que la problemática actual del modelo sindical continúa sin considerar y que resultan de una importancia decisiva para la puesta en crisis del presente modelo.

– Leonardo Elgorriaga, 13 de agosto de 2010

FORA rojo y negro

Los orígenes del modelo sindical argentino: VIII. La unidad obrera garantía estatal

Hoy presentamos la octava sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino”.

Edelmiro Farrell, el dicatador-presidente, y Juan Perón. Abril 1945
Edelmiro Farrell, el dictador-presidente, y Juan Perón. Abril 1945

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Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

El decreto 23.852/45: La unidad obrera garantía estatal:

“Los gobiernos de los países atrasados, o sea coloniales o semicoloniales, asumen en general un carácter bonapartista o semibonapartista. Difieren entre sí en que algunos intentan orientarse en una dirección democrática, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una forma de dictadura policíaco-militar. Esto determina también la suerte de los sindicatos: o están bajo la tutela del Estado o bien, sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje está determinado por las dos grandes tareas antagónicas que el Estado debe encarar: atraer a toda la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas por parte del imperialismo y, al mismo tiempo, disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo control de una burocracia”1. En estas pocas líneas Trotsky anunciaba en 1940, en su definitivo exilio mexicano, la larga secuencia de gobiernos populares y golpes militares que sacudirán la región y la diferente situación en que se encontrarán los sindicatos, especialmente cuando el Estado pretenda buscar apoyo en los mismos.

Los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez saludan a la multitud en Plaza de Mayo el día del golpe de estado, 4 de junio de 1943.
Los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez saludan a la multitud en Plaza de Mayo el día del golpe de estado, 4 de junio de 1943.

El nuevo gobierno surgido tras el golpe de estado del 4 de junio de 1943 se propuso rápidamente reglamentar la actuación de las asociaciones sindicales. Previo al dictado del decreto 23.852/45, el gobierno militar dictó el 20 de julio de 1943 el decreto 2.669/43, siendo ésta la primera normativa en materia de asociaciones profesionales sancionada en nuestro país. Sus considerandos expresaban “Que es necesario la adopción de un estatuto que reglamente las actividades de las asociaciones profesionales, para encauzar dentro de un ordenamiento que las aleje de todo objeto o finalidad ajenos a los que ellas deben proponerse conseguir en atención al carácter que les es propio”. Esta normativa contenía ya la distinción entre personería jurídica y personería gremial, concediendo a la entidad que haya obtenido esta última ciertas ventajas de las cuales no goza el primero, a condición de someterse a un mayor control por parte del Estado. Alejandro Unsain al comentar dicho decreto señalaba que “La personería gremial aparece más bien como una calificación de entidad de derecho público en tanto que la personería jurídica caracteriza relaciones de derecho privado”2. Sin embargo, todavía no se le concedía a la entidad con personería gremial facultades “erga omnes” que afectaran al conjunto de los trabajadores de la actividad, sino que, por el contrario, su actuación en materia de negociación colectiva, conciliación y arbitraje, sólo era “…en nombre de sus asociados” (art. 11). Pero por otro lado, dicho decreto tampoco establecía que la personería gremial recaía sobre la entidad más representativa, ni tampoco establecía que se otorgaría la personería gremial a una sola entidad por actividad. Por lo tanto, el modelo implementado por el decreto 2.669/43 no era el actualmente denominado unidad promocionada.

El decreto 2.669/43 tuvo una vigencia muy breve ya que fue derogada a los pocos meses y en los hechos no llegó a ser implementado. En su reemplazo el gobierno militar dicta el 2 de octubre de 1945 el decreto 23.852/45 sobre asociaciones profesionales de trabajadores, dando inicio con ello al modelo sindical que regirá en nuestro país hasta la actualidad. En sus considerandos se expresaba “Que en el actual período de evolución y desarrollo de las relaciones entre empleadores y trabajadores, es innegable la importancia que reviste la colaboración del Estado y de las asociaciones profesionales en todo lo concerniente a la fijación de las condiciones de trabajo y a la necesaria adaptación de las normas básicas de la legislación obrera a las distintas clases de actividades”.

El nuevo decreto mantenía la distinción entre personería gremial y personería jurídica, pero con importantes variaciones en cuanto al criterio para el otorgamiento. El art. 8º del decreto establecía que “Son condiciones esenciales para el reconocimiento gremial de las asociaciones profesionales de trabajadores:… 3º Que por el número de afiliados cotizantes, en relación al de las personas que ejerzan la actividad de que se trate, se la considera suficientemente representativa en la zona en que se circunscribe su actuación”. Asimismo, el art. 9º establecía que “En el caso de existir sindicato con personería gremial, sólo podrá concederse esa personalidad a otro sindicato de la misma actividad, cuando el número de afiliados cotizantes de este último, durante un período mínimo y continuado de seis meses, inmediatamente anteriores a la solicitud, fuera superior al de los pertenecientes a la asociación que goce de personalidad gremial”. El decreto 23.852/45 inaugura en nuestro país el modelo denominado como “unidad promocionada”, concediendo la personería gremial a una sola asociación sindical por actividad dentro del mismo ámbito territorial de actuación.

El alcance de esa unidad es sustancialmente corporativo al ser promocionada para cada actividad, manteniendo de esta forma la división de los trabajadores sobre la base de la actividad a la cual pertenecen. Incluso el art. 2º del decreto consideraba sindicatos a los que comprenden trabajadores de una misma “profesión, industria, oficio y otros similares o conexos”, y que se constituyan “para la defensa de sus intereses profesionales”. La defensa exclusiva del interés profesional también aparecía expresada en la Constitución del 49´, en cuyo art. 37 se reconocía “El derecho de agremiarse libremente y de participar en otras actividades lícitas tendientes a la defensa de los intereses profesionales…”. El interés profesional como límite de actuación ha traído como consecuencia que ciertas prácticas antes habituales de las organizaciones sindicales se vean seriamente limitadas, como es el caso de la huelga por solidaridad en donde la CSJN en el año 1965 estableció un criterio restringido para su reconocimiento3, y con el tiempo otros pronunciamientos han llegado incluso a declararla como una practica ilícita4.

Edmondo Rossoni, ex-socialista y delegado sindical fascista de Italia
Edmondo Rossoni, ex-socialista y delegado sindical fascista de Italia

Pero la diferencia fundamental entre el modelo establecido en el decreto 23.852/45 y el establecido en la ley sindical italiana antes comentada, se encuentra en el hecho de que el primero concedía la personería gremial sobre la base de la fórmula de la asociación más representativa, mientras que en el segundo constituía una facultad discrecional de la autoridad de aplicación. Hay que señalar que en la Décima Conferencia Internacional del Trabajo realizada en Ginebra en 1927, el delegado obrero italiano, Sr. Rossoni, fue impugnado por violar su designación lo establecido en el art. 389 del Tratado de Versalles. En los fundamentos de su impugnación se señaló que al ser el Sr. Rossoni miembro de la Confederación Nacional de los Sindicatos Obreros Fascistas, su designación había sido hecha sobre la base de la ley sindical del 3 de abril de 1926 dictada en ese país, por lo que no se trata de una organización sindical libre sino un órgano de la dictadura. Asimismo, se señaló que “Los tratados son la ley de las potencias contratantes; constituyen para éstas, obligaciones que deben ser respetadas. No se puede permitir a ningún Estado eludirlas o negarlas, ya sea por medio de actos arbitrarios, ya por medio de la ley… La ley del 3 de abril de 1926 es la negación de la libertad sindical garantizada por la Parte XIII del Tratado de paz que determina el funcionamiento y los fines del Organismo Internacional del Trabajo”5. Este incidente posiblemente haya sido uno de los fundamentos para que se haya elegido en nuestro país la fórmula prevista en el art. 389 del Tratado de Versalles para determinar la entidad que obtendría la personería gremial.

Pero otra diferencia fundamental entre el decreto 23.852/45 y la ley sindical italiana, es que el primero todavía no reconocía a la asociación sindical con personería gremial las facultades erga omnes reconocidas por el segundo. En efecto, si bien el art. 33 inc. 1º del decreto declaraba al sindicato con personería gremial representante de los intereses profesionales ante el Estado y los empleadores, los restantes derechos que les eran reconocidos no sobrepasaban los límites de su constitución como entidad de derecho privado. El decreto no establecía aún que los convenios colectivos celebrados por la asociación con personería gremial benefician a todos los trabajadores de la actividad, ni que el mismo pueda recabar contribuciones a todos ellos, aún a los no afiliados. Por el contrario, los efectos erga omnes del sindicato con personería gremial se irán consolidando en los años inmediatamente posteriores al dictado del mencionado decreto.

En lo que hace a la negociación colectiva, hasta ese momento la única forma en que el Estado podía otorgar carácter general a las disposiciones contenidas en las convenciones colectivas de trabajo era recabando la adhesión de todas las empresas hacia las cuales el convenio iba dirigido, o dándole fuerza obligatoria general mediante el dictado de un decreto especial, tal como sucedió con el decreto 23.935/44 que dio fuerza obligatoria al convenio colectivo de peluqueros y peinadores6. Sin embargo, el 6 de marzo de 1944 el flamante Secretario de Trabajo y Previsión dicta la Resolución Nº 16/44 cuyo punto sexto establecía que “…los convenios que establezcan condiciones generales de salarios y trabajo, deberán ser redactados por intermedio de la Dirección de Acción Social, la que, según el mérito de los mismos, consultará sus términos con la Dirección General de Trabajo”. El 16 de agosto de 1944 se dicta el decreto 21.877/44 cuyo art. 4º establecía que “La falta de cumplimiento a los convenios aludidos en el punto 6º de la resolución de la Secretaría de Trabajo y Previsión, de fecha 6 de marzo del corriente año, traerá aparejada para los patrones la aplicación de las sanciones contenidas en los arts. 1º y 2º de este decreto, para la organización obrera u obreros en desacato, además, la sanción de ilegalidad de la actitud asumida, la prohibición de ser atendidos en el futuro en forma colectiva, como así también la imposibilidad de realizar todo acto que tienda a mantener, propagar o difundir la actitud ilegal considerada”. En 1947 la CSJN rechazó un recurso extraordinario presentado por un empleador que cuestionó la constitucionalidad de la multa que le fue aplicada por incumplir con un convenio colectivo de trabajo que él no había suscripto7. Se comenzaban sentar de esta forma las bases para el reconocimiento de la obligatoriedad general a las disposiciones contenidas en las convenciones colectivas de trabajo suscritas por el sindicato con personería gremial. Finalmente, el 29 de septiembre de 1953 se dicta la ley 14.250 cuyo art. 3º establecía que “Las convenciones colectivas deberán ser homologadas por el Ministerio de Trabajo y Previsión. Cumplido ese requisito, no sólo serán obligatorias para quienes las suscribieron, sino también para todos los trabajadores y empleadores de la actividad, en las condiciones a que se refieren los artículos 8º y 9º”.

Por otro lado, el art. 8º originario de la ley 14.250 establecía que “Las cláusulas de la convención por las que se establezcan contribuciones a favor de la asociación de trabajadores participante, serán válidas no sólo para los afiliados, sino también para los no afiliados comprendidos en el ámbito de la convención”. El sindicato con personería gremial se sostiene patrimonialmente en parte con una contribución que recauda no sólo sobre sus afiliados sino también sobre la totalidad de los trabajadores comprendidos por el convenio colectivo, sosteniéndose de alguna manera de igual forma en que lo hace el Estado mediante el tributo y la carga pública. Siendo ésta una medida altamente burocratizante, el sindicato con personería gremial se sostiene patrimonialmente aún con baja tasa de afiliación y con poca participación activa de los trabajadores en su vida interna, por lo que su mala respuesta a los intereses de los trabajadores no se refleja tan claramente en su situación patrimonial.

En lo que respecta a la conciliación y al arbitraje en conflictos colectivos de trabajo, el carácter vinculante que tiene la actuación del sindicato con personería gremial en materia de negociación colectiva sobre la totalidad de los trabajadores de la actividad, se trasladará a su actuación como representantes de los trabajadores de la actividad ante cualquier conflicto colectivo. De esta manera, la ley 14.786 del 22 de diciembre de 1958 instaura la conciliación obligatoria en los conflictos colectivos de intereses. La misma, sobre la base de las distintas normativas que continuaron al decreto 23.852/45, coloca en la mesa de negociación al sindicato con personería gremial por ser éste el único representante de los intereses colectivos, y por ende, la fórmula conciliatoria a la cual se adhiera obligará a todos los trabajadores alcanzados por el conflicto. Lo mismo sucede en el supuesto de que el sindicato acepte someterse al arbitraje, en donde el art. 7º de la citada ley establece que “El laudo tendrá los mismos efectos que las convenciones colectivas a que se refiere la ley 14.250”.

Periódico del sindicato ferroviario apoyando a Perón.
Periódico del sindicato ferroviario apoyando a Perón.

Si bien el decreto Nº 23.852/45 no prohibió expresamente el recurso de la huelga como si lo hizo el art. 18 de la ley sindical italiana, tampoco lo consagró expresamente como un derecho de los trabajadores. La reforma constitucional del 49´ tampoco reconoció el derecho de huelga. En la Convención Constituyente de 1949 se expresaron entre otras razones por su falta de reconocimiento: “Sr. Salvo.- Como dirigente obrero debo exponer por qué razón la causa peroniana no quiere el derecho de huelga. Si deseamos que en el futuro esta Nación sea socialmente justa, deben de estar de acuerdo conmigo los señores convencionales en que no podemos, después de enunciar ese propósito, hablar a reglón seguido del derecho de huelga que trae la anarquía y que significaría dudar de nuestra responsabilidad y de que en adelante nuestro país será socialmente justo. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos). Consagrar el derecho de huelga es estar en contra del avance de la clase proletaria en el campo de las mejoras sociales… Sr. Perazzolo.- Los trabajadores que estamos embanderados en la causa sindicalista desde hace muchos años miramos el presente con la sonrisa en los labios y el corazón conmovido. Recordamos que hace años las manifestaciones del 1º de Mayo tenían el carácter de protesta por la ejecución de los obreros de Chicago. Eran entonces una expresión de odio, de rebeldía y de lucha contra el capitalismo. Pero desde que está el general Perón al frente de los destinos de la patria, ya no albergamos odios ni rencores: nos reunimos junto a la tribuna del 1º de Mayo para bendecir a Dios y celebrar la felicidad de los trabajadores argentinos. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)”8.

El reconocimiento del derecho de huelga vendría recién con la introducción del art. 14 bis por la reforma constitucional del 57´. Si bien es claro el sentido amplio del término “gremio” utilizado por el convencional constituyente, cierta parte de la doctrina9 ha entendido que sólo al sindicato con personería gremial le corresponde declarar la huelga, intentando con ello hacer perder a los trabajadores su principal arma de lucha y expresión espontánea de la solidaridad obrera. Sin embargo, pese a tal interpretación del art. 14 bis de la CN, el art. 9º de la ley 14.786 se preocupa bien en sancionar directamente a los trabajadores con la pérdida de la remuneración correspondiente si la huelga es declarada durante el período de conciliación obligatoria. Esta disposición parece intuir muy bien quienes son en definitiva los que ejercen el derecho de huelga, y comprende también que no existe una relación necesaria entre el sindicato que participa en la conciliación y los trabajadores en conflicto.

Estos principios son los que definieron el modelo sindical surgido del proceso de acercamiento del Estado a las organizaciones sindicales y que se mantienen en la actualidad con la ley 23.551 (LAS). El proceso de unidad por concentración había comenzado tiempo antes, pero durante el período 1943-1947 el mismo alcanzó una magnitud antes impensable definiendo el mapa sindical de nuestro país hasta la actualidad. A partir de ese momento se conforman los principales sindicatos de actividad mediante la fusión de pequeños sindicatos de oficio, prefiriendo para su constitución la forma de uniones nacionales. Como muestra de la finalización del proceso de acercamiento entre Estado y movimiento sindical, en abril de 1950 el Congreso General Extraordinario de la CGT aprobó un preámbulo de su estatuto en que manifestaba su “…indeclinable decisión de constituirse en celosa depositaria y fiel ejecutora de los altos postulados que alientan la Doctrina Peronista y en leal custodia de la Constitución de Perón…”.

Notas:

1) Trotsky León; “Los sindicatos y las tareas de los revolucionarios” (compilación), CEIP León Trotsky, 2010, p. 129
2) Unsain Alejandro; “Líneas generales de la reglamentación de la asociación profesional”, DT 1943
3) CSJN, 22/12/1965, “Valdez, Julián y otro c. Tipoití S.A.”, AR/JUR/80/1965
4) CNAT, sala II, 25/06/1990, “Fernández, José L. y otros c. Proveeduría para el Personal del Banco de la Provincia de Buenos Aires”, LL 1990-D, 322
5) Palacios Alfredo; op. cit. p. 343
6) Deveali Mario L.; “Formas y alcances de la intervención del Estado en los convenios colectivos”, DT 1945 p. 311
7) CSJN: “Basile Hnos.”, 23/05/1947, DT 1947, p. 385
8) Peña Milciades; op. cit. p. 101
9) Vázquez Vialard Antonio; “Derecho del trabajo y de la seguridad social”, Astrea, 1978, p. 553

FORA rojo y negro

PREÁMBULO A LA CONSTITUCIÓN DE LOS TRABAJADORES INDUSTRIALES DEL MUNDO

iwwHoy publicamos una nueva traducción del Preámbulo a la Constitución de los Trabajadores Industriales del Mundo (I.W.W.). La constitución entera (en traducción de 2013) se encuentra acá.

 

PREÁMBULO A LA CONSTITUCIÓN DE LOS TRABAJADORES INDUSTRIALES DEL MUNDO

La clase trabajadora y la clase empresarial no tienen nada en común.  No puede haber paz mientras millones de trabajadores sufran hambre y necesidad al mismo tiempo que unos pocos, la clase empresarial, disfrutan de una vida en la abundancia. La lucha entre estas dos clases sociales continuará hasta que los trabajadores de todo el mundo se organicen, asuman la propiedad de los medios de producción, fábricas y tierra, y acaben con el sistema de salarios.

La concentración de la propiedad industrial en cada vez menos manos dificulta la lucha de los sindicatos contra el poder creciente de la clase empresarial. La situación actual de los sindicatos de obreros ha dado lugar a que los grupos de trabajadores se enfrenten unos a otros sin que ninguno gane dentro del sistema de salarios. Más aún, estas organizaciones sindicales contribuyen al engaño de que los intereses de los trabajadores coinciden con los de la clase empresarial.

Estas condiciones se pueden cambiar. Los intereses de la clase trabajadora solamente prevalecerán si existe una organización de obreros de todas las industrias capaz de realizar una huelga que paralice la producción y en la que una injuria cometida contra uno es una injuria contra todos.

En lugar del lema conservador de “un salario justo por un día de trabajo”, debemos escribir en nuestro estandarte la consigna revolucionaria de la supresión del trabajo asalariado. Es la misión histórica de la clase trabajadora acabar con el capitalismo. La clase trabajadora debe organizarse, no solo para luchar contra los capitalistas sino para continuar la producción cuando el capitalismo haya sido derrocado. Al organizarnos en las empresas estamos creando el germen de la nueva sociedad dentro de la estructura de la vieja.

 

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Los orígenes del modelo sindical argentino: VII. La estructura sindical italiana

En la séptima sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino”, se demuestra la influencia de la estructura fascista italiana en varios países.

Un grupo antifascista con Malatesta, 1922
Un grupo antifascista con Malatesta, 1922

Las secciones anteriores se encuentran acá.

Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

El Estado corporativo y la organización sindical en Italia:

En su obra “La doctrina del fascismo”, Benito Mussolini decía “No hay individuos ni grupos (partidos políticos, asociaciones, sindicatos, clases) fuera del Estado. Porque el fascismo es contrario al socialismo, que inmoviliza el movimiento histórico en la lucha de clases e ignora la unidad del Estado, que funde las clases en una sola realidad económica y moral; y, análogamente, está en oposición al sindicalismo clasista. Pero en la órbita del Estado ordenador, las exigencias reales que fueron la causa del movimiento socialista y sindicalista, el fascismo quiere sean reconocidas y hacerlas valer en el sistema corporativo, donde aquellos intereses se concilian con la unidad del Estado… Los individuos constituyen las clases, según la categoría de intereses; se sindican según las diferentes actividades económicas cointeresadas; pero son, ante todo y sobre todo, el Estado”1. El fascismo y la noción de Estado corporativo por ella implementado implicaban un reconocimiento de los diferentes sectores sociales pero al solo efecto de encauzar su actuación y lograr su integración armónica en la unidad del Estado. Los diferentes sectores sociales se concilian y se confunden con la estructura misma del Estado, el cual absorbe de esta manera a esos sectores adquiriendo las formas del Estado totalitario: “…el fascismo es totalitario, y el Estado fascista, síntesis y unidad de todos los valores, interpreta, desarrolla y patentiza toda la vida del pueblo”.

Mussolini y camisas negras, en la "marcha sobre Roma", octubre de 1922
Mussolini y camisas negras, en la “marcha sobre Roma”, octubre de 1922

El Programa del Partido Nacional Fascista señalaba como parte de su política social: “…disciplinar las luchas de interés desorganizadas entre las categorías y las clases”. Para ello adquiría una gran importancia el concepto de categoría profesional como fórmula antitética a la de clase social. El propio Mussolini en su discurso del 14 de noviembre de 1933 ante la asamblea general del Consejo Nacional de Corporaciones, luego de enumerar las distintas ramas y grupos profesionales que componían la economía italiana (industriales, comerciantes, artesanos, personal de servicios, fuerzas armadas, empleados públicos, etc.), concluye que “Este cuadro también os demuestra que se equivocaba Carlos Marx, el cual, en obediencia a sus esquemas apocalípticos, pretendía que la sociedad humana se podía dividir en dos clases netamente diferenciadas entre sí y eternamente irreconciliables”2. La división de la sociedad en base a la categoría profesional a la cual pertenecían los individuos, permitía lograr la armonización de las dos clases sociales enfrentadas a través de la imposición de una estructura corporativa de carácter imperativo, en la cual ambas clases aparecían representadas para atender las cuestiones propias al grupo profesional que pertenecen. La solidaridad y unión de cada clase social se lograba descomponer por medio de una división profesional imperativa que reunía en cada una de ellas a ambas clases sociales. En las corporaciones la división entre capital y trabajo se resolvía dentro de cada rama de la economía, perdiendo ambos la división orgánica entre los mismos y pasaban a formar parte de la estructura misma del Estado.

En el caso de las organizaciones sindicales, la cuestión era más compleja ya que el sistema implementado por el régimen prohibía la constitución de sindicatos mixtos, por lo que empleadores y trabajadores mantenía la diferenciación orgánica por medio de organizaciones estructuralmente diferenciadas. Asimismo, dentro de la estructura piramidal implementado, los sindicatos se encontraban en un escalón más abajo que las corporaciones por lo que la absorción de los mismos dentro de la estructura del Estado era menos evidente. Sin embargo, ambos aspectos existieron, siendo la organización sindical uno de los pilares fundamentales del régimen fascista en Italia.

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Alfredo Rocco, autor de la ley sindical italiana, Ministro de Justicia de Mussolini

En el discurso dado por Alfredo Rocco, autor de la ley sindical italiana, ante la Cámara de Diputados decía “Las masas entran en el Estado no para destruirlo sino para consolidarlo, para darle la mejor parte de ellas mismas, en la misma manera que el Estado les da la más alta protección y el más amplio reconocimiento”, y la nueva ley “consagra un sindicalismo que no tiene nada de revolucionario, nada de contrario al Estado, lo que responde plenamente a la naturaleza de las cosas porque en sí el sindicalismo no es revolucionario ni contrario al Estado ni antinacional; es un fenómeno necesario y eterno que pertenece a todas las sociedades y a todos los períodos de la historia… el sindicato colaborará con el Estado en el cumplimiento de sus deberes morales y sociales, para mantener el sentimiento patriótico y religioso, para realizar la paz social perfecta, la solidaridad nacional completa… el sindicato es un órgano del Estado, participa de las funciones del Estado y hasta ejerce derechos inherentes a la soberanía como es su derecho de establecer y de percibir impuestos coercitivos. No se puede imaginar que un órgano que representa no solamente a los que están inscriptos sino a toda la categoría de patrones y de obreros para la cual ha sido constituido, que estipula contratos colectivos para todos los que pertenecen a esa categoría, estén o no estén inscriptos, que impone contribuciones aún a los que no hacen parte de él pueda substraerse al control del Estado”3.

Por su parte, la Carta del Lavoro de 1927 declaraba “La organización sindical o profesional es libre. Pero sólo el sindicato legalmente constituido y sometido al contralor del Estado, tiene derecho a representar legalmente a toda la categoría de dadores de trabajo o de trabajadores para la que está constituido; a amparar sus intereses ante el Estado y las demás asociaciones profesionales; a estipular contratos colectivos de trabajo, obligatorios para todos los que pertenecen a la categoría; a imponerles contribuciones y a ejercer, con respecto a los mismos, funciones delegadas de interés público”. De esta manera, si bien se reconocía el principio de libertad sindical, la Carta del Lavoro traza una clara diferencia entre aquellos sindicatos que no se encuentran legalmente reconocidos y aquellos que sí lo están, asumiendo estos últimos la representación del conjunto de los trabajadores de la misma categoría, lo que implica que el mismo asuma funciones propias de los poderes públicos.

La ley sindical italiana del 3 de abril de 1926, que formaba parte de las denominadas “leyes fascistísimas”, establecía en su art. 4º que el reconocimiento de las asociaciones de patrones y obreros tiene lugar “por decreto real, a propuesta del Ministerio competente, de acuerdo con el Ministro del Interior y oído el consejo de Estado”. El art. 6º establecía que “No puede ser reconocida legalmente, para cada categoría de patrones, de trabajadores, de artistas o de personas que ejercen una profesión liberal, sino una sola asociación”. Por último, el art. 12 establecía que “Las asociaciones de patrones, de trabajadores, de artistas y de personas que ejercen una profesión liberal que no están legalmente reconocidas, continuarán subsistiendo como asociaciones de hecho, conforme la legislación en vigor…”. Claramente se puede apreciar que el modelo de organización sindical implementado por el régimen fascista en Italia era el actualmente denominado de “unidad promocionada” para cada grupo profesional. La manera de promocionar esa unidad es la de conceder al sindicato legalmente reconocido facultades propias de los poderes públicos con efecto “erga omnes” que superaban las dimensiones propias de cualquier asociación privada.

En este sentido el art. 5º establecía que “Las asociaciones reconocidas legalmente tienen la personería jurídica y representan legalmente a todos los patrones, obreros, artistas, y personas que ejercen una misma profesión liberal de la categoría para la cual están constituidas, estén inscriptas o no, en la extensión de la circunscripción territorial en que ellas operan”. Asimismo, agrega que “Las asociaciones reconocidas legalmente tienen la facultad de imponer a todos los patrones, trabajadores, artistas y personas que ejercen una profesión liberal, a que ellas representan, estén o no inscriptos, una contribución anual…”. El art. 10 establecía que “Los contratos colectivos de trabajo establecidos por las asociaciones de patrones, de obreros, de artistas y de personas que ejercen una profesión liberal legalmente reconocida son válidos respecto de todos los patrones, trabajadores, artistas y personas que ejerzan una profesión liberal de la categoría de aquélla a la que el contrato colectivo se refiere y que estas asociaciones representan en virtud del artículo 5º”. Finalmente, el art. 17 establecía que “El derecho de intentar una acción en materia de diferencias relativas a las relaciones colectivas de trabajo pertenece únicamente a las asociaciones legalmente constituidas y puede ser ejercitado contra las asociaciones legalmente reconocidas”.

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Carlos J. Rodríguez, diputado radical y autor del proyecto “Organización Corporativa Nacional”

El sindicato legalmente reconocido asumía de esta manera facultades exorbitantes que alcanzaban al conjunto de los trabajadores de la categoría de que se trate, estén afiliados o no al mismo, superando con ello los límites propios de toda estructura asociativa. Estas facultades se circunscriben en la representación que ejerce el sindicato sobre el conjunto de los trabajadores, lo que comprende negociación colectiva y solución en los conflictos colectivos de trabajo, a lo que se suma la posibilidad de recaudar una contribución obligatoria al colectivo que supuestamente representan, sosteniéndose patrimonialmente de la misma forma en que lo hace el Estado. Al alcanzar la actuación del sindicato reconocido a quienes no se encuentran afiliados al mismo, se consolida para las organizaciones sindicales la clásica división entre representantes y representados, entre los sujetos activos y pasivos del movimiento sindical, lo que alienta el desdoblamiento entre sindicato y trabajadores.

El modelo de unidad promocionada y las facultades concedidas al sindicato reconocido que hemos analizado anteriormente, se inauguran por primera vez con el régimen fascista en Italia. El mismo influenciará en la estructura sindical de varios países, entre los cuales se encuentra el nuestro a partir del dictado del decreto 23.852/454.

Notas:

1) García Orza Raúl; “Mussolini y el fascismo”, CEAL, 1972, p. 31
2) García Orza Raúl; op. cit. p. 87
3) “Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata”, 1926, p. 152
4) El diputado radical Carlos J. Rodríguez presentó en 1928 ante la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley sobre “Organización Corporativa Nacional”, inspirado en los regímenes implementados en Italia y España. En su expresión de motivos señalaba “Laboremos en tiempo y en completa libertad, para que mañana no tengamos que lamentar la revolución o el golpe de Estado…” (Diario de sesiones de la Cámara de Diputados, 21/09/1928, p. 681)

FORA rojo y negro

Los orígenes del modelo sindical argentino: VI. La representación y la ‘responsabilidad’ sindical

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La policía durante la semana trágica (1919)

En la sexta sección del libro “Los orígenes del modelo sindical argentino”, se ve la influencia de uno de los primeros representantes del fascismo en la Argentina, y se cuenta la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores – A.I.T.

Las secciones anteriores se encuentran acá.

Por: Leonardo Elgorriaga

Libro publicado por: La Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Capital, Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A. – A.I.T.)

El proyecto Sánchez Sorondo: el sindicato único y responsable:

El crecimiento de las organizaciones gremiales en nuestro país había generado desde muy temprano la presentación de numerosos proyectos legislativos en materia de asociaciones sindicales, partiendo del Proyecto González y pasando por el de Juan B. Justo. Ninguno de ellos establecía el modelo de sindicato único por actividad. Incluso ninguna de las leyes sobre asociaciones sindicales vigente en otros países hasta ese momento preveía el modelo del sindicato único por actividad o de unidad promocionada1.

Luego de los sucesos de la Semana Trágica de enero de 1919, el 28 de mayo de ese año se presenta ante la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley de asociaciones profesionales elaborado por el diputado conservador Matías Sánchez Sorondo, el que sería luego Ministro del Interior del Gral. Uriburu y uno de los primeros representantes del fascismo en nuestro país.

El Gral. Uriburu y Matías Sánchez Sorondo, Ministro del Interior durante la primera dictadura
El Gral. Uriburu y Matías Sánchez Sorondo, Ministro del Interior durante la primera dictadura

En la expresión de motivos2 el diputado Sánchez Sorondo deja bien en claro la urgencia de la aprobación de su proyecto: “…esta es la hora en que los argentinos, después del estupor de la semana de enero y de los anuncios anarquistas del 1º y 4 de mayo, nos encontramos pacíficamente por ahora, en plena revolución patronal y gremial”. Asimismo, señala que “Es necesario, en mi concepto, encauzar el “derecho colectivo” y respetar dentro del gremio trabajador el derecho personal. Si el interés de la clase aconseja la unión, reconózcase el sindicato; pero no el sindicato irresponsable, dirigido por agitadores profesionales, con huelgas decretadas “ab-irato” y como represalia; con solidaridades que no responden a las conveniencias del trabajo, y que son, en definitiva, palancas preparadas para remover el orden social”. Se puede apreciar claramente que el proyecto está destinado a “encauzar” al movimiento sindical para evitar al sindicato “irresponsable” que es aquél que intenta remover el orden social. La forma en que el proyecto intenta evitar esas solidaridades que no responden a las conveniencias del trabajo, es expuesta por su autor en los siguientes términos: “…si el sindicato representa legalmente una fuerza del trabajo, una entidad social, debe asumir las responsabilidades de esa investidura ante sus propios asociados y ante terceros. Por eso se le declara único en su gremio, para que no se diluya en las agrupaciones análogas”. Claramente el proyecto intente oponer a un sindicalismo formado sobre la base de la solidaridad y de la superación de los intereses particulares de cada gremio, un sindicalismo corporativo y concentrado altamente disciplinado y responsable. Es por ello que el art. 5º del proyecto establece que: “No habrá, por gremio, sino un solo sindicato… Es atribución del poder ejecutivo declarar, por decreto, la existencia del gremio a los fines de esta ley”. Asimismo, el art. 30 establece que los sindicatos reconocidos sólo podrán federarse si pertenecen al mismo arte, profesión, oficio o industria. El proyecto contiene además numerosas restricciones y controles a las asociaciones efectivamente reconocidas.

La sola presentación del proyecto provocó que el Consejo Federal de la FORA del IX Congreso convocara a un Congreso Extraordinario celebrado el 28 y 29 de junio de 1919. En el mismo se declaró que el proyecto importa “un atentado contra las libertades y derechos conquistados por la clase obrera organizada sindicalmente y vendría a imposibilitar su acción sindical en todas las legítimas actividades que le son propias”, por lo tanto se resuelve efectuar una demostración pública simultánea en todo el país en repudio al proyecto antiobrero, y en caso de ser sancionada, se autoriza al Consejo Federal a declarar la huelga general. En cumplimiento de lo establecido en el Congreso Extraordinario, el día 10 de agosto de 1919 se celebraron numerosos mítines en todo el país en repudio al proyecto de ley. En la manifestación realizada en la Capital Federal se procedió a la lectura de un documento que indicaba los motivos por los cuales se repudiaba el proyecto de ley, en donde decía que el proyecto “…pretende la muerte de la solidaridad obrera al “prohibir” que los trabajadores se vinculen entre sí, como componentes de una misma clase, con idénticos intereses y análogas aspiraciones de emancipación integral, queriendo con ello “sancionar” la disolución de la Federación Obrera Regional Argentina”3.

Finalmente el proyecto de ley no fue sancionado pero constituye el primer intento del Estado de establecer la unidad formal entre los trabajadores.

El Tratado de Versalles y la organización profesional más representativa:

El primer Congreso Internacional de Trabajo, Washington, E.U., 1919
El primer Congreso Internacional del Trabajo, Washington, E.U., 1919

La fórmula de la organización profesional más representativa que sería luego utilizado por el decreto 23.852/45, apareció expresada por primera vez en el art. 389 inc. 3º del Tratado de Versalles de 1919, en la sección dedicada al organismo permanente del trabajo creado por dicho tratado como organismo anexo a la Sociedad de las Naciones. Este organismo fue el antecesor directo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) durante el período de entre guerras, y por su carácter tripartito y estrictamente sistémico, el mismo era la aplicación en el plano internacional de los modelos de consenso de clases y de reformas programadas inaugurado anteriormente por las socialdemocracias europeas. La diferencia con los modelos totalitarios que surgían también durante ese período para hacer frente el ascenso revolucionario de la clase obrera, era que tales modelos se aplicarían dentro del marco del régimen democrático definido por las potencias occidentales. Esto implicaba mantener la separación formal entre Estado y sectores sociales representados como una separación entre lo público y lo privado, pilar para dicho sistema, por lo que debía rechazarse el modelo de Estado corporativo aplicado por los regímenes totalitarios.

En este sentido, como organismo tripartito, las Conferencias generales estaban integradas, al igual que en la OIT, por cuatro representantes por cada Estado miembro de los cuales dos era delegados gubernamentales, y de los otros dos, uno representaba a los empleadores, y el otro a los trabajadores del Estado miembro. El art. 389 inc. 3º del Tratado de Versalles, que es similar al art. 3 inc. 5º de la Constitución de la OIT, establecía que: “Los Miembros se obligan a designar los delegados y Consejeros técnicos no gubernativos, de acuerdo con las organizaciones profesionales más representativas, ya de los patronos, ya de los obreros del país de que se trata, siempre, claro es, que existan dichas organizaciones”. De esta manera, la fórmula de la organización profesional más representativa fue utilizada por primera vez para determinar los delegados no gubernamentales de cada Estado ante el organismo internacional.

Lo interesante de todo esto es que al ser uno de los delegados “representante de los trabajadores del Estado miembro”, la organización profesional de los trabajadores definida como más representativa viene a ser la representante de todos los trabajadores de ese Estado, aún de los trabajadores no afiliados de dicha organización gremial. Por lo tanto, el organismo creado por el Tratado de Versalles, y la OIT en la actualidad, vienen a consolidar la idea de que las organizaciones gremiales son las representantes de los trabajadores de cada país, haciendo partícipes de esta manera a esas organizaciones del sistema representativo propio de las democracias occidentales, y por ende, coloca la actuación de éstas por fuero del principio de acción directa. Es decir que las asociaciones sindicales no son simplemente la resultante de la solidaridad y de la unión real de los trabajadores, sino que comienzan a transformarse en los representantes de esos trabajadores, generando a partir de allí el desdoblamiento propio entre representantes y representados, contrario al principio de acción directa.

Pero independientemente de lo anteriormente señalado, el hecho de hacer partícipes a las asociaciones sindicales en un organismo tripartito construido sobre la base de un modelo de consenso de clases, implica la aceptación de esas asociaciones de participar en dicho organismo. Esta situación conlleva la necesidad de que los Estados deban definir adecuadamente según sus intereses qué asociaciones participarán del mismo, y en su caso, ajustar la estructura de las organizaciones gremiales vigente en cada país para cumplimentar con el requisito de mayor representatividad exigido por los organismos internacionales.

Un hecho que nos sirve para mostrar la necesidad que tuvo el Estado argentino de redefinir la estructura de sus organizaciones gremiales para ajustarles a las exigencias del Tratado de Versalles, fue la impugnación que sufrió el delegado obrero argentino en la Primera Conferencia celebrada en Washington en octubre de 1919. El gobierno argentino, por decreto del 3 de septiembre de 1919, ofreció al sindicato ferroviario La Fraternidad la designación del delegado obrero argentino en dicha conferencia. Esta última designó a su secretario-gerente: el Sr. Américo Baliño.

Delegados en el Congreso Fundacional de la A.I.T., Berlin, 1922
Delegados en el Congreso Fundacional de la A.I.T., Berlin, 1922

Iniciada la Conferencia de Washington, la credencial del delegado obrero argentino fue observada por la comisión de poderes con base en una nota enviada por la Federación Sindical Internacional (FSI), en la cual denunciaba que el mismo había sido designado en violación a lo prescrito por el art. 389 del Tratado de Versalles, debiendo haber recaído su designación en algún miembro de la FORA del IX Congreso. Hay que recordar que la FSI, también conocida como Internacional de Ámsterdam, había surgido ese mismo año y era de alguna forma continuadora en el plano sindical de la política iniciada por la IIª Internacional, motivo por el cual sus opositores la denominaban también como Internacional 2 y ½. La FSI fue calificada de entidad amarilla tanto por la Internacional Sindical Roja, como por la Asociación Internacional de Trabajadoras (AIT), esta última de tendencia anarcosindicalista y a la cual se había adherido la FORA del V Congreso. La FSI había resuelto que las asociaciones adheridas a la misma participaran en la Conferencia de Washington, motivo por el cual, la FORA del IX Congreso que se encontraba adherida a dicha entidad denunció ante la misma la designación hecha por el gobierno argentino.

La delegación argentina defendió la credencial del delegado obrero, quién finalmente fue aceptado en la Conferencia por el apoyo de los delegados patronales y gubernamentales, no así de los delegados obreros que mantuvieron la posición contraria. La defensa de la delegación argentina apuntaba al hecho de que La Fraternidad era la asociación gremial más antigua del país, incluía a más del 90% de los obreros de locomotoras y estaba incorporada bajo las leyes del país, cosa que no cumplía a su entender la FORA. La delegación argentina concluía que La Fraternidad “…es la única organización que representa trabajadores de todas partes del país, siendo reconocida por la ley y sujeta a las responsabilidades legales consiguientes”.

huelga_ferroviaria_1912Para comprender la defensa hecha por la delegación argentina hay que señalar que La Fraternidad fue la primera asociación gremial en obtener la personaría jurídica, la que le fue otorgada en 1889 mediante decreto del presidente Juárez Celman, y era la única organización gremial que contaba con la personería jurídica al momento de celebrarse la Conferencia de Washington. Es por ese motivo que la delegación argentina insistía que la misma se encontraba reconocida por la ley. Pero además dicha entidad era por entonces calificada de corporativismo extremo por sus pares, no habiéndose adherido a ninguna de las fracciones de la FORA, y hasta ese momento había recurrido a la huelga en sólo siete oportunidades, número sumamente exiguo para la época. Sus primeros estatutos propiciaban una actuación totalmente legalista en la resolución de los conflictos, al señalar como objetivos: “a) la uniformidad de las condiciones generales del trabajo por medio de la reglamentación legal; b) la formación de tribunales de arbitraje constituidos por representantes del gobierno, de la empresa en litigio y de la sociedad, a fin de estudiar y resolver los conflictos que se produjeran; c) la legislación sobre responsabilidades y procedimientos para los casos de accidentes ocurridos en servicios…”. El propio Américo Baliño, quién se encontraba afiliado al PS, había declarado que “…el merecido prestigio de la asociación se debe a su seriedad para tratar directamente con las empresas y con los poderes públicos. Dos cualidades imprescindibles, ecuanimidad de criterio y rectitud de procedimientos, han sido complementadas por una tercera cualidad: la de saber esperar…”4 5.

La decisión tomada por el gobierno argentino para seleccionar al delegado obrero ante la Conferencia de Washington nos puede servir para apreciar qué tipo de organización gremial comienza a defender el Estado argentino, y de alguna forma se puede ir deduciendo qué clase de organizaciones gremiales se irán consolidando en nuestro país sobre la base de la formula de la organización gremial más representativa. La FORA del V Congreso, por su postura libertaria y su adhesión al principio de acción directa, no podía ser la organización que representara a los trabajadores argentinos. La FORA del IX Congreso, si bien se encontraba en pleno proceso de acercamiento a los poderes públicos, todavía no generaba la confianza suficiente en su posición colaboracionista. Hay que recordar que en enero de ese año se habían producido los sucesos de la semana trágica en los cuales participaron ambas organizaciones. Por lo tanto, La Fraternidad era la entidad apropiada en ese momento para erigirse representante de los trabajadores argentinos. Paradójicamente, los sindicatos ferroviarios La Fraternidad y Federación Ferroviaria (luego Unión Ferroviaria), tuvieron un papel destacado en el proceso que desembocó en el predominio de los socialistas dentro del conjunto del movimiento sindical a partir de 1936, con la expulsión definitiva de los sindicalistas de la CGT. A partir de ese momento el proceso de acercamiento del gobierno a las dirigencias sindicales fue mucho más sencillo.

Notas:

1) Las leyes sobre asociaciones sindicales por entonces vigentes en los principales países y los proyectos presentados en nuestro país, se encuentran en la obra de Tomás Amadeo: “Los sindicatos profesionales”, Ed. Valerio Abeledo, 1922.
2) Diario de sesiones de la Cámara de Diputados, 28/05/1919, p. 164
3) Casaretto Martín; “La lucha obrera y la fundación de la C.G.T.”, en “Los socialistas y el movimiento obrero”, Ed. Fundación Juan B. Justo, 1982, p. 83
4) Palacio Alfredo; op. cit. p. 282
5) Treinta años después un dirigente gremial volvía a hablar de “saber esperar” en la Convención Constituyente de 1949: “Sr. Salvo… Los obreros y dirigentes, que representamos a gremios que cuentan con mayorías más grandes que las que componen el Partido Radical, podemos afirmar que las promesas se han cumplido con creces… Si no se cumplen en mayor escala, es precisamente porque los obreros de la era peroniana sabemos esperar con la cordura que recién pedían los señores convencionales y no queremos avanzar más de lo realmente necesario” (Peña Milciades; “El peronismo”, Ed. El Lorraine, 1986, p. 100).

FORA rojo y negro