El lugar de una mujer está en su sindicato

Por Pasionaria

Traducido por Grace MLJoin the OBU mujeres

Este artículo trata sobre mi experiencia personal militando en el sindicato IWW, lo que he aprendido y porqué pienso que como mujer* es importante que participe en él. Como está basado en mi propia experiencia, usaré el lenguaje que es relevante para mi y con el que me siento cómoda. Soy completamente consciente de la existencia de diferentes lenguajes relacionados con el género en particular, pero considero que geográfica, cultural y socialmente no tienen que ver con mi experiencia personal. No haciendo uso de ellos, no es un intento de ofender o alienar a quien se sienta diferente, pero, como ya dije, esto trata de mi experiencia personal. Espero que independientemente de tu bagaje y experiencia, encuentres en este artículo algo con lo que indentificarte e inspirarte.

El lugar de una mujer está en su sindicato… así puede aprender a plantar cara.

Niñas y mujeres de todo el mundo son predominantemente enseñadas cómo ser una “buena chica”. Sé bella. Sé mona. Sé un poco tímida y modesta. Sé educada. ¡Sé complaciente! Todo lo demás es “malo”, “maleducado” o peor. Tengo la suerte de ser, como mi educado compañero inglés diría, “alguien que no tiene paciencia para estupideces”, o, como diría yo, citando a Bette Midler, “No soy una cabrona, tengo poca tolerancia a las gilipolleces”.

A pesar de ser una Wobbly desde hace un tiempo, hace pocos años que empecé a participar de forma más activa en la delegación de la región donde vivo. Lo que me hizo cambiar fue una experiencia personal. Hace un par de años trabajaba para una pequeña organización de voluntariado donde tuve una de las peores experiencias de mi vida (aunque no la única, ¡desafortunadamente!). Mi mánager era esencialmente una acosadora quien, habiendo fundado y dirigido la organización por unos años, actuaba como su “Líder supremo”. Tuve incontables problemas con derechos laborales básicos, como tener un contrato de trabajo. Decidí confrontar a esta persona y presentar una queja con el apoyo de un compañero del sindicato. Fue una experiencia increiblemente estresante, me creó todavía incluso más problemas por el hecho de que mi mánager era una mujer como yo, y se definía como una persona concienciada política y socialmente, y miembro de colectivos oprimidos. A pesar de las noches sin dormir y del estrés, decidí seguir adelante con ello y plantarle cara. No era la primera vez que le plantaba cara a alguien – ¡mi tolerancia es jodidamente pequeña! – pero fue la primera vez que lo hacía conscientemente y como algo político. No reaccioné de forma impulsiva contra las gilipolleces de esta persona, tomé la decisión conscientemente e independientemente de las consecuencias me levantaría por mis derechos y hablaría, como Wobbly, como mujer, y como ser humano. 

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¡El lugar de una mujer es en su sindicato… así se puede sentir empoderada, copar espacio y apoyar a otras personas a hacer lo mismo!

Pasar la experiencia personal de realizar una queja en el lugar de trabajo me ha empoderado a diferentes niveles. Primero, he adquirido conocimientos prácticos sobre qué pasa cuando realizas una queja, cómo presentarla, qué esperar y qué lenguaje utilizar. Segundo, ahora soy completamente consciente del impacto emocional que los problemas laborales causan en las vidas de las personas. Tan pronto como la pesadilla acabó, lo primero que quise hacer fue realizar el curso de “Representante Sindical”, así podría representarme a mi misma y apoyar a otras personas en situaciones similares en su puesto de trabajo. Una vez más, eché de mi cabeza las voces del patriarcado que me decían que retomara el buen camino de ser una “buena chica”, y tomé la decisión consciente de seguir adelante y dar la cara. Y no sólo eso, sino que ayudaría a otras personas a sentirse igual de empoderadas que yo. 

Cuando terminé el curso de representante, no sabía que tomaría el camino de la lucha Wobbly y me convertiría en formadora. Para ser honesta, nunca pensé que un año más tarde incluso disfrutaría siendo formadora. Si alguien me hubiera dicho que iba a estar un domingo por la tarde en la plaza principal de Bristol realizando una formación sobre tácticas de organización Wobbly, me hubiera reído y hubiera dicho “Naaaaa, eso no es para mi”. Los bastardos patriarcales de mi cabeza jamás habrían creído que iba a hacer eso e incluso ¡qué lo disfrutaría!

El lugar de una mujer está en su sindicato… ¡así ella puede encontrar su lugar en la lucha!

Así que, aquí estoy ahora escribiendo este artículo. Me ha llevado varios años encontrar mi lugar en el IWW. Me uní a la delegación de Bristol tan pronto como se abrió porque quería formar parte de un sindicato de base que reflejara mi ideología, pero incluso así, me llevó un tiempo encontrar mi voz en él, y entender en de qué lucha me sentía más cercana y cómo participar en ella. Hasta ahora he sido la responsable de las comunicaciones de mi delegación por un año. Soy una representante sindical y formadora acreditada, he realizado cursos como formadora, y el año pasado me dediqué a atraer a migrantes europeos traduciendo materiales a otros idiomas, y reuniéndome con diferentes personas y grupos pertenecientes a esas comunidades. No está mal ¿no?. Todavía encuentro difícil a veces ignorar la mierda de las voces del patriarcado en mi cabeza diciéndome que soy prepotente y que debería callarme la boca más, y ser más modesta, tímida, educada, bonita, y más todo, que debería esforzarme más por ser una “buena chica”… pero la mayoría del tiempo estoy bastante orgullosa de poder decirle a esas voces que les j**** porque participando en el IWW me ha concedido el orgullo de ser un ser humano, una mujer, una Wobbly, y lo más importante una persona que da la cara.

* En el artículo original se utiliza siempre la palabra “womyn” para referirse a las mujeres, en lugar de “woman” que deriva de “man” (hombre)

logo del IWW

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Mujeres Rebeldes del IWW

Por: J. Pierce

Hoy, Día Internacional de las Mujeres, celebramos todo los hechos de las Mujeres Rebeldes del mundo. En la escuela de mi esposa, todas las maestras se disfrazan de una mujer importante en la historia de México y otros países.  ¡Excelente idea para difundir las contribuciones de las mujeres excepcionales a los alumnos!  Espero que en su ciudad, haya varios eventos para celebrar este día importante.

Elizabeth Gurley Flynn et al
Elizabeth Gurley Flynn, la más famosa organizadora del IWW esta aquí sentada con vestido negro. Eva Botto, hija de trabajadores de textiles de Nueva Jersey, Pietro y María Botto, está parada.

Aquí en Solidaridad, en lugar de disfrazarme, quiero presentarles a varias mujeres que nos han inspirado con sus hechos importantes y su espíritu de lucha.  Aquí tenemos algunas palabras y fotos para introducir solo unas pocas organizadoras y agitadoras que han hecho un impacto en la historia de nuestro sindicato, los Trabajadores Industriales del Mundo.

Las más conocidas de la época de los 1910s y 20s incluyen Elizabeth Gurley Flynn, miembro del IWW desde sus 16 años, quien creció para ser una oradora y organizadora formidable.  Ella dirigió numerosas campañas y huelgas y era una inspiración para mujeres trabajadoras en todas partes.

También muy conocida es Lucía González Parsons, escritora, oradora, y enemiga de los ricos de Chicago con sus palabras incendiarias. “Nunca creas de que los ricos te permitirán quitar su riqueza con tus votos.” Parsons estaba adelante de muchos con sus platicas sobre las luchas de las trabajadoras diciendo, “Somos las esclavas de los esclavos.  Somos explotadas sin piedad, más que los hombres.”  Su marido, Albert Parsons, fue colgado como uno de los Mártires de Chicago y dos décadas después, ella ayudó a la fundación del IWW en 1905 en la misma ciudad.

Lucía González Parsons
Lucía González Parsons, agitadora anarquista y co-fundadora del IWW

Presente en la misma primera convención del IWW, Mary Harris “Mother” Jones era una agitadora y organizadora muy conocida por su trabajo a favor de los mineros en todo el país.  Ella luchó para eliminar el trabajo infantil y era famosa por sus citas irreverentes como, “No soy una persona humanitaria. Soy una hell-raiser.”

Matilda Rabinowitz
Matilda Rabinowitz, organizadora del IWW

Entre los cientos de mujeres fuertes quienes lideraron el IWW a través de los años, hay varias que marcaron la organización con su presencia. Entre ellas incluye Matilda Rabinowitz, conocida por su organización de una huelga de trabajadoras de textiles en Little Falls, Nueva York en 1912. Prominente socialista, Mary E. Marcy, era activa en el IWW y famosa por su serie de panfletos llamados “Shop Talks on Economics” (Discursos del trabajo en economía).

Laura Payne Emerson fue una poeta Wobbly que participó en la Lucha de Libertad de Expresión en San Diego, California en 1912.  Ella auto-publicó su propio libro de poemas, en 1918, llamada “Laurels.”  Dr. Marie Equi luchó por los derechos de las mujeres, incluyendo el aborto y apoyó las huelgas del IWW en Portland, Oregon.  Jane Street es famosa por organizar un sindicato IWW de criadas en Denver en los 1910s.  Dos líderes de la huelga de mineros de carbón en Colorado en 1927 eran Amelia “Milka Roja” Sablich y Felix Arellano. Y como podemos olvidar “la pájara cantora del IWW”, Katie Phar, de Spokane, Washington.

Mary E. Marcy
Mary E. Marcy, destacada escritora y editora socialista

Aunque había muchísimas organizadoras entre las décadas del siglo XX, me gustaría mencionar tres que han fallecido.  Penny Pixler organizó el IWW y feministas en Chicago; Judi Bari trabajó para organizar a los leñadores y conectarlos con el esfuerzo por salvar las Secoyas en California norte; y Charlene “Charlie” Sato era activa en el IWW en Hawai’i y muchos movimientos de justicia social.  Las extrañamos y sus ejemplos nos inspiran en nuestra lucha para la emancipación de la clase obrera.

Y para terminar, solo quiero decir “¡Gracias!” a Charlene Zaharakis, organizadora IWW de los 70s, escritora, y editora del periódico “Rebel Woman” (Mujer Rebelde) para prestar el título de este artículo.  Ella continua el trabajo a favor de las mujeres y para un mundo mejor para todos. Y también “¡Gracias!” a todas las organizadoras del IWW por ayudar el trabajo del Gran Sindicato.

 

simbolo feminista

¡Feliz Día Internacional de las Mujeres!

 

Trabajo Invisible: Retos de las Mujeres en la Economía de Servicios

People whit flags

Por: Lydia Alpural-Sullivan

Traducido por: X378240 y X363823 (Chicago, IL, EEUU)

En el cambiado panorama económico de la economía global del siglo 21, no existe ni una teoría ni un sistema bien desarrollado para cuantificar el valor del trabajo fuera del campo de la producción de bienes materiales. La tarea de cuantificar el valor del trabajo como un bien en sí es compleja y abstracta.  El resultado de este problema es que, cuando un empleador quiere determinar el valor de las habilidades de un/a trabajador/a para fijar el pago un empleador tiende a usar subjetivos puntos de referencia definidos por la tradición y particularmente la división sexual del trabajo en el caso de las mujeres.

El tipo de trabajo disponible a las mujeres (no debe confundirse con el trabajo que las mujeres escojan, como a la clase capitalista le gusta verlo) sin duda es influenciado por la desigualdad de pago. En 2013 los datos de La Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU (OEL) indica que la gran mayoría de los trabajos de más bajo salario está en el sector de servicios, particularmente en las ocupaciones alimentarias y al detalle—industrias ocupados en gran parte por trabajadoras femeninas.  Es más, las mujeres no están solo sobre-representadas en los trabajos de bajo salario; también tienen los salarios más bajos entre esa sección de trabajadorxs.

El trabajo doméstico que las mujeres hacen en la casa y en la comunidad también es un trabajo tradicionalmente no pagado. Es razonable imaginar que hoy los patrones simplemente esperen las mismas habilidades y trabajos de las mujeres, y así normalizan la idea de que esas formas particulares de trabajo femenino deban ser proveído sin costo adicional. En su libro escrito en 1983, El corazón dirigido, Arlie Hochschild acuño la buena frase “trabajo emocional”, definida como lo que “requiere que una persona provoque o reprimir sentimientos para mantener el semblante exterior que produce el estado de ánimo apropiado de los demás.”  Mujeres trabajadoras están particularmente susceptible de realizar labor emocional por los trabajos disponibles a ellas y, además, porque son socializadas sin piedad a cargar el peso de ser agradables y amistosas. Ciertas sectas del Mormonismo adoptaron el dicho para sus mujeres jovenes—”Siga amable”, como un aviso que la amabilidad pasiva es el deber de su sexo.

Entonces, ¿Qué es la conexión precisa entre mujeres con trabajos que reflejan la división sexual del trabajo y la divergencia salarial? Tradiciones culturales derivadas de una historia escrita por la voz del patriarcado parecen sugerir que el trabajo femenino sea simplemente más inútil. Ciertas tareas, asignadas históricamente al ámbito de mujeres, se han transformado en empleos “humillantes” (en vez de “honoríficos”)—o en otras palabras, empleos que nunca fueron celebrados, agradecidos, respetados y que nunca serán respetadoes en proporción a su uso y valor para la sociedad.

Para encontrar vieja prueba de milenios de una divergencia de género en valor, se puede empezar en Levítico 27, versos 3-7, que contiene una tarifa donde se describe el valor de esclavas. El valor promedio de una esclava era aproximadamente 63 por ciento menos del valor de un esclavo. Qué interesante, la diferencia salarial promedia de una trabajadora entre 1950 y 1990 estuvo 62.5 por ciento del salario de hombres. Hasta casi el siglo 21 parece que el pago de mujeres se ha quedado en general asombrosamente atrás. Es posible que el patriarcado inherente de estos sistemas de creencias sea el vehículo a través de los siglos que causa una diferencia de valor en general.

Para ver como el trabajo emocional es ignorado en el lugar del trabajo, solo hay que imaginar qué tarea parece más agotosa—una trabajadora de jardín de niñxs cuidando a 20 niñxs o un técnico arreglando un carro.  Hay que incluir en la consideración que el técnico gana casi doble lo que gana la cuidadora—y él es masculino y ella femenina. Alternativamente, unas industrias dominadas por hombres (como la informática) contratan a “madres de oficina”—mujeres empleadas para que las oficinas funcionen sin problemas, usando sus habilidades interpersonales. Estas mujeres no reciben sueldos por sus contribuciones interpersonales a la empresa a pesar de que cargan un peso emocional y psicológico significativo en el lugar de trabajo.

Obviamente, cerrando la divergencia salarial tiene implicaciones profundas para la clase trabajadora.  Lo que podemos hacer como trabajadorxs para ayudar a solucionar esto es primero reconocer el trabajo que hacemos y entender los problemas particulares que trabajadoras tiene en los trabajos de servicios. También tenemos que hacer un esfuerzo para considerar nuestrxs compañerxs trabajadorxs así. Y quizás lo más importante es que tenemos que unirnos voluntariamente y hablar cuando vemos que los patrones se están aprovechando de esta condición.  La herramienta favorita de la clase capitalista es dividir a lxs trabajadorxs—por el pago, por la raza, por el género—para tentarnos a creer que unos trabajos, unas habilidades, unxs trabajadorxs son más importantes que otrxs y que tienen más valor. Tolerar una divergencia salarial de género es asistir a la clase patronal hacia esa finalidad.  a única solución es ser una persona defensora de cualquier trabajador/a que no recibe pago suficiente para cada pedazo de trabajo que hacen, sea trabajo visible o no.

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Publicado en “The Industrial Worker”, marzo 2014

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Puta y criada

strikeEscrito por: Madeira Darling

Quiero hablar del trabajo feminizado. Quiero hablar del trabajo sexual y del trabajo doméstico. Quiero hablar de la carácter interrelacionado de estos dos tipos de trabajo que están íntimamente conectados con las mujeres y con el hogar.

Quiero hablar de la forma en que se tratan estos tipos de trabajo. Quiero hablar de qué tan frecuentemente la gente niega que las trabajadoras sexuales y domésticas sean trabajadores. A menudo se le dice a una trabajadora sexual que “consiga un trabajo real”; una trabajadora doméstica es tratada como infrahumana, gana una miseria en un trabajo que requiere conocimiento especializado para hacerlo bien y es muy físicamente exigente. Quiero hablar de que los hombres suelen extraer el trabajo sexual y doméstica de las mujeres con violencia o amenazas de violencia. Quiero hablar de que la mayoría de las víctimas de la trata de personas terminan haciendo el trabajo doméstico o sexual o ambos. Quiero hablar de que el trabajo doméstico y el trabajo sexual se suelen hacer en condiciones aisladas, en la casa del empleador o en la casa de la trabajadora, lejos de otros empleados que con los cuales se podría encontrar la solidaridad, y lejos de la escasa protección de la legislación laboral (y la ley en general). Esto hace que las trabajadoras sean aún más vulnerables a los caprichos del patrón. Quiero hablar de que las trabajadoras sexuales deben mantener la ilusión de que su trabajo no es trabajo, que se alegran por estar allí, que tienen que responder que “sí” cuando un cliente potencial le pregunta si se le sacia. Quiero hablar de que se espera que las trabajadoras domesticas sean invisibles o que se comporten como si fueran “parte de la familia”, que quieran a los niños que se les paga por cuidar, que estén dispuestas a cocinar la cena de su patrón , que caminen de una línea entre no sobrepasar su posición subordinada y no socavar la ilusión de que se alegran muchísimo por estar allí, que no se sienten como siervos, que no les importa su posición inferior.

Un trabajador a quien se le puede negar la etiqueta de “trabajador” es un empleado perfecto para un patrón. A la patronal se le exime de la culpa de la explotación, ya sea porque el patrón puede negar la realidad de la explotación o negar que él sea culpable, y nos niega el marco adecuado para explicar nuestra condición. Nos denominan “putas”, nos denominan “víctimas”, nos denominan “amigas”, nos denominan “ayuda doméstica”, nos denominan “invisibles”, nos denominan “objetos”, nos denominan “esposas”, pero nunca nos denominan “trabajadoras”. Denominarnos “trabajadoras” nos permitiría entender nuestros problemas como problemas de la clase trabajador y acabar con su habilidad de proponer soluciones falsas y nocivas a la miseria de nuestras condiciones para mantenernos ocupadas y con miedo. Se espera que ocultemos la cantidad de trabajo que hacemos para que puedan negar que nos merezcamos mayor compensación, y para mitigar su culpa de tener sirvientes. Pagar a las trabajadoras en estos ámbitos laborales más feminizados es algo que a la gente le molesta intensamente. Se ve en los salarios degradantes de las trabajadoras domésticas, en los clientes que reciben cargos de “robo de servicios” cuando violan a una trabajadora sexual. Se ve en el hecho de que la gran mayoría de las víctimas de la trata de personas terminan haciendo trabajo sexual o doméstico, en los estereotipos deshumanizantes de trabajadoras domésticas inmigrantes (véase cualquiera de las trabajadoras domésticas en la televisión que habla inglés pésimo para que todos se rían) y de las trabajadoras sexuales (véase episodios de “CSI”, donde prostitutas muertas, sin nombres caen muertas en la mayoría de los episodios). Se ve en cada tropo cultural que nos denomina cualquier cosa menos trabajadoras, porque estas son cosas que los hombres y la burguesía detestan admitir que se pagan, o que se debería pagar. Se ve en el horror de la sociedad que provoca la idea de que una ama de casa debería ser pagada por su contribución social. Una ama de casa tradicional – la esposa arquetípica – se gana la vida en una doble capacidad. Hace el trabajo doméstico en forma de cocinar, limpiar, cuidar a los niños, etc., y hace el trabajo sexual y emocional con su esposo. Sin embargo la sociedad estigmatiza al ama de casa (por lo menos el ama de casa de la clase obrera, véase especialmente Peggy de “Matrimonio con hojos / Casados con hijos“) como perezosa, inútil y una carga (el ama de casa blanca de clase alta es una cuestión muy diferente, aunque incluso el ama de casa burgués es el sujeto de muchos chistes, véase las numerosas amas de casa neuróticas y esponjas de la Televisión, la ficción y la Televisión de “realidad”).

gecnewLa sociedad considera el trabajo sexual como una forma fácil de ganar mucha plata y a la vez intrínsecamente degradante. La primera declaración es incorrecta; el trabajo es duro y el pago no es suficiente para la cantidad de trabajo realizado y la falta de beneficios y obras sociales. Es así incluso si uno es una trabajadora independiente con bastante éxito, y es una representación de la trabajadora sexual basada en la propaganda burguesa y la virtud inherente del “trabajo duro” (la cantidad de dinero debe ser siempre una recompensa por la virtud). En cuanto al carácter degradante del trabajo sexual, argumento yo que la sugestión que el sexo siempre debe degradar inherentemente a una mujer es decir que el valor de una mujer depende intrínsecamente de su conducta sexual, una posición que es la altura de la misoginia, sino también queda obvio que todo el trabajo es degradante bajo el capitalismo. Estar obligado a vender el trabajo para evitar la muerte es degradante, y completamente deshumanizante, y por lo tanto culpar a la parte “sexual” en el trabajo sexual por la degradación de las trabajadoras, en lugar de enfocarse en la porción de “trabajo” en el trabajo sexual, el capital desvía las preocupaciones de la gente sobre el trabajo sexual para ocultar la naturaleza totalmente explotadora del sistema en el que se produce.

Del mismo modo, la sociedad lanza acusaciones de pereza (y por lo tanto la falta de virtud capitalista) a trabajadoras domésticas para justificar su maltrato. ¿Cuántas veces algún imbécil burguesa que nunca ha hecho un día de trabajo en su vida, se ha quejado de que la empleada de limpieza (probablemente agotada y ganando una miseria) no haya limpiado bajo un mueble pesado o que no haya fregado adecuadamente su bañera sucia?

Además, se dice que tanto el trabajo doméstico como el trabajo sexual no requieren ninguna habilidad (la habilidad es otra virtud que la burguesía valora) que, aunque descaradamente falso, justifica el uso de las trabajadoras domésticas y sexuales como blancos fáciles aceptables.

En ambos casos, se utilizan las acusaciones de la pereza y la falta de habilidad (es decir, la falta de virtud) para justificar la situación de subordinación social de la clase obrera, y por lo tanto el capitalismo como sistema, así como para enfrentar a obreros “buenos” (los que trabajan duro y por lo tanto “merecen” compensación) contra obreros “malos” (los que son “perezosos” “no calificados” “disruptivos” o “codiciosos” y así “merecen” ser indigentes) y crear un chivo expiatorio para el capital: el obrero “malo”, a quien se atribuye toda la gula parasitaria del capitalista, y a lo cual la sociedad echa la culpa de todo el sufrimiento de su clase. La puta, la “reina del subsidio”, la empleada de limpieza perezosa y sin educación, la ama de casa dominante y frívola; No es conveniente que estos arquetipos de obreros “malos” son de los grupos que la sociedad más ha oprimido? Las mujeres, especialmente las mujeres de color, son los más frecuentemente invocadas para mantener a los trabajadores divididos con su atención puesta hacia abajo.

La única puta buena es una puta que no cobra, o por lo menos está feliz, pasiva, y poco exigente. Esta puta es la que la narrativa neoliberal del “empoderamiento” de las trabajadoras sexuales exige. Si nos sentimos maltratadas, se nos dice que estamos aceptando el carácter degradante de nuestro trabajo, y así que justificamos la denegación de nuestros derechos y nuestro propio encarcelamiento y asesinato. Si hablamos de los problemas de nuestro trabajo se nos dice que estamos entregando municiones al enemigo en forma de la aceptación del carácter misógino de la industria del sexo, el enemigo que nos considera traidores a las mujeres, y a quien le gustaría ver que nos fusilen. Si no hay algo malo, la única solución es que una persona amable interviene y nos rescata de nuestro trabajo; nunca luchar para mejorar el ambiente y la sociedad en que trabajamos. Se ve la naturaleza ingeniosa de esta retórica paradójica.

adios_jefeLa única buena trabajadora doméstica es incansable, alegre y nunca resentida contra su empleador. Ella es la niñera que acepta el peor sueldo y verdaderamente ama a los pequeños niños que se le paga para criar con preferencia a sus propios hijos. Ella es la empleada que limpia la casa impecablemente, que exige menos del salario mínimo y toma un descanso sin pago para escuchar los problemas de su empleadores porque los considera como un buenos amigos. Ella acepta productos usados con gratitud, y nunca se pregunta por qué es justo que ella sólo debe tener lo de segunda mano. Ella trata a su empleador con toda la adoración asombrada que tiene un perro por su maestro. Si su empleador se siente atraído por ella, ella devuelve a sus sentimientos (véase: “The Nanny“). Si ella llega a competir con su empleador para la atención romántica, se desaparece en el fondo de la casa, asexual, nunca con el deseo de eclipsar a sus “superiores” (véase: Dot en los misterios “Friné Fisher”, la arquetípica niñera). A una niñera que no ama a sus cargos o incluso prefiere a sus propios hijos a los de su empleador se le dice que es cruel, insensible y el monstruo de un cuento de hadas. Una criada que no se mata trabajando es perezosa, egoísta y se aprovecha de su empleador. Si ella no le da a su empleador el trabajo emocional de parecer que le cae bien y de estar muy contenta con hacer su trabajo mal pagado y físicamente exigente, ella es quejumbrosa, ingrata, indigna y de mal humor. Defenderse es convertirse en el villano.

Una buena puta, una buena trabajadora doméstica, una buena esposa, hace todo y no exige nada, porque se nos dice que justificamos nuestro propio maltrato si nos atrevemos a pedir más que los restos más pequeños.

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Publicado en “The Industrial Worker”, junio 2015

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Lucía Sánchez Saornil: Periodista y poeta anarquista, miembro de Mujeres Libres

Cronista de guerra, literata, anarcosindicalista, Lucía Sánchez dedicó su vida a transformar el papel secundario de la mujer, dentro incluso de las organizaciones obreras, gestando la primera organización anarcofeminista europea: Mujeres Libres.

Escrito por D. Marín  del Periódico CNT Lucia Sanchez Saornil

Lucía Sánchez colaboró con la fotoperiodista húngara Kati Horna en la revista Umbral en octubre de 1937 en un interesante articulo: “La maternidad bajo el signo de la revolución”. Un tema inquietante que hasta aquel momento jamás se había planteado en un contexto bélico. Un contexto de lucha antifascista en Europa acostumbrado a hablar de heroicidades o victorias militares y en el que destacan los adjetivos referidos a la masculinidad, a la valentía, el ardor guerrero, o el coraje. Pero las mujeres eran desde hacia siglos la parte secundaria de todas las guerras: madres, esposas o «el descanso del guerrero», es decir, una parte relegada a la retaguardia. Lucía Sánchez y sus compañeras modernizaron el panorama cultural y político de su época, y rompieron el muro del silencio de las mujeres al aparecer, reclamando su espacio, en prensa, radio y demás medios de comunicación, como lo habían hecho al aparecer en las calles plantando cara a los sublevados de julio de 1936. Este espacio público, por primera vez, habla de mujeres, educación, niños, hospitales o casas de maternidad, milicianas, y como no, de un proyecto común de futuro equitativo integrado en el contexto de la revolución española, la única hasta el momento en que la clase trabajadora autogestiono la mayoría de aspectos de la vida cotidiana. Las mujeres fueron parte intrínseca y determinante de esta transformación social.

Una de las protagonistas de esta transformación fue Lucía Sánchez (1895-1970) que tenia tras de sí una brillante trayectoria militante ligada al anarcosindicalismo y rompió su particular techo de cristal, pasando de ser una empleada de la compañía telefónica madrileña a destacar como poeta, conferenciante y periodista en el Madrid de los años treinta. Su militancia obrera la hizo frecuentar mundos hasta aquel tiempo vetados a las mujeres: reuniones nocturnas, imprentas clandestinas, plenos de sindicatos, etc. Su juventud y su carácter decidido hicieron el resto: pronto se implicó hasta el final y poco a poco se gesta en su mente la decisión de crear una organización especifica de mujeres, ya que el atraso intelectual y ético del país se revela como un lastre del que hay que librarse si se quiere avanzar hacía la igualdad. El sindicato y la misma organización libertaria son su primer lugar de batalla. La lucha por la inclusión de la mujer en el debate sindical y laboral será una de las batallas emprendidas por las muchachas que gestan la primera organización anarcofeminista europea: Mujeres Libres.

Cronista y miliciana

Lucía Sánchez fue secretaria de redacción de CNT (1933-1934) antes había publicado en Ultra, Tableros, Plural y otras revistas madrileñas de literatura, participó en la gran huelga de Telefónica y fue duramente represaliada. Este y otros motivos la obligaron a trasladarse a Valencia (1927-1931) y fue readmitida en Telefónica en 1936. Aquel año participa con su organización, la CNT, en los combates callejeros del asalto al Cuartel de la Montaña y luego partió rauda al frente de guerra donde trabajo como periodista, lo que mejor sabia hacer: escribir la crónica de la lucha obrera. Ya en Valencia escribe en Umbral donde es jefa de redacción en 1937. De la ciudad del Turia pasó a Barcelona, reclamada por la organización y realiza múltiples labores de educación y coordinación hasta que en mayo de 1938 se encarga de SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) organización anarquista solidaria destinada a la ayuda de la población civil que proyectará su labor después de la evacuación de la población civil en territorio francés.

Lucía Sánchez también pasa la frontera y es internada en los campos de refugiados. En 1940 reside en París y más tarde en Montauban con su compañera de toda la vida América Barroso a la que había conocido en Valencia. Pasan clandestinamente a España gracias a las redes de evasión anarquistas y residen, sin papeles, en Madrid y Valencia. No legaliza su situación hasta 1954 y se ve obligada a desempeñar multitud de oficios precarios que la obligan a coartar su terrible creatividad que expresará a través del dibujo y de escritos que jamás verán la luz. Una vida truncada por la terrible represión franquista que planea siempre como una espada de Damocles sobre los militantes clandestinos. Lucía Sánchez murió en Valencia y solo algunos viejos militantes y buenos amigos conocían sus altas capacidades intelectuales y morales. Su vida discreta tuvo que ser rescatada años más tarde a partir, como no, de otras mujeres anarquistas, como Pepita Carpena, Suceso Portales, Antonia Fontanillas, Pilar Molina, Llum Quiñonero y algunas más.

Su labor más destacada es la que realiza dentro de Mujeres Libres, como explica muy bien la anarcofeminista Lola Iturbe en su libro pionero sobre las mujeres libertarias española editado en México en 1974 y que desvela por primera vez rastros y rostros de la lucha de las mujeres en el siglo XX. Mujeres Libres es una organización única en su tiempo de la que tomaran modelo otras organizaciones antifascistas y que pone en marcha multitud de escuelas de capacitación femenina, clínicas, cursillos, charlas y un largo etcétera, una labor que jamás se había emprendido en nuestro país, con uno de los indices de analfabetismo obrero, y de entre él el femenino, más altos de Europa.

Lucía Sánchez no estaba sola en esta lucha, secundan su idea la jovencísima doctora aragonesa Amparo Poch y la intelectual Mercedes Comaposada. A su alrededor se apiñan un grupo de obreras entusiastas, pero también maduras militantes de los años del plomo barcelonés en que los militantes se ven obligados a crear los grupos de defensa confederales en los cuales se implican compañeras, amigas y familiares. Todas ellas ponen en marcha una organización sin precedentes en la carca España que se abre paso ante la inquietud de la iglesia católica y del privilegio de los más cavernícolas que ven peligrar sus prerrogativas. Una organización que denuncia la doble opresión que padece la mujer. Teresa Claramunt lo había expresado a la perfección a finales del XIX: «La mujer obrera en España es la esclava del esclavo».

Ahora una publicación se suma a las que van recuperando su trayectoria vital. Después de la antología de poemas compilada por Rosa Maria Martín en 1996, ahora llega la recopilación de artículos escritos por Lucía Sánchez de la mano de Pau Martinez y Antonia Fontanillas que pacientemente los recuperó a lo largo de toda su vida y que ahora publica La Malatesta. Una buena ocasión para profundizar en la trayectoria de una mujer libre. Pasado y presente conforman parte de la utopía cotidiana que día a día se transforma en futuro posible. ¡Va por ti, Lucía!

Periódico CNT nº 417 – Marzo 2015

CNT simbolo

Primero de Mayo para Kobane!

De nuestro/as compañero/as en Kobane en Primero de Mayo, 2015:

 

luchadoras de YPJ - Kobane

Camaradas Trabajadoras y Trabajadores, sindicatos y organizaciones de trabajadores!

¡Les hacemos llegar el cálido y fraternal saludo de las trabajadoras y trabajadores del Cantón de Kobane, el Cantón de la revolución, la resistencia y los mártires, en el Primero de Mayo, el día de conmemoración de la lucha y resistencia de los Trabajadores contra la tiranía y la opresión, y contra la explotación del capitalismo!

La revolución de Rojavá, fue un punto de partida histórico en la lucha de los trabajadores y los pueblos oprimidos en el Oriente Medio y en todo el mundo, para recuperar la autoridad política; y fue la revolución de las mujeres, la juventud y los trabajadores para establecer un nuevo sistema basado en la transición del poder al pueblo como el verdadero legítimo dueño de ese poder. Nuestra resistencia contra los terroristas del ISIS y quienes les apoyan internacionalmente no fue sólo para proteger la vida y la dignidad humana de nuestro pueblo, sino que también fue y es la resistencia para defender los logros de la revolución y nuestro sistema de auto representación que está basado en la democracia radical y la eliminación de las organizaciones jerárquicas.

Ahora, a traves de heroicas batallas de nuestras y nuestros camaradas en las “Unidades de Defensa del Pueblo” (YPG) y las “Unidades de Defensa de las Mujeres” (YPJ), los terroristas están siendo expulsados de la ciudad, pero los ataques en las áreas suburbanas y el bloqueo de las rutas y caminos de nuestro cantón aún continúan. Nuestra resistencia ha entrado en una nueva fase, más difícil aún, la de reconstruirle la vida social a Kobane, bajo los ataques y el bloqueo económico y logístico, en una situación en la que más del 80% de las estructuras y edificios de la ciudad y las infraestructuras vitales han sido destruidas.

La historia de la lucha de clases muestra que la unión de los trabajadores no tiene fronteras ni límites geográficos, así es que reconocemos nuestra resistencia contra el cruel terrorismo y quienes les apoyan internacionalmente, como la resistencia en representación de todos los pueblos del mundo. Nosotros creemos que, la revolución, al mismo tiempo que rompe con los fundamentos de la dominación, y va fundando un nuevo mundo, conquistando y garantizando el respeto, la libertad y la igualdad para todos los pueblos, requiere de una lucha práctica y feroz. El mismo camino, la solidaridad internacional de los trabajadores, es la necesidad histórica y un campo material y concreto para defender los logros de la clase, para luchar hombro con hombro contra la dominación y la opresión capitalistas.

¡Nosotro/as, las trabajadoras y trabajadores, asociaciones y organizaciones del Cantón de Kobane, conmemorando las luchas de los trabajadores y pueblos oprimidos por su liberación y por la igualdad alrededor de todo el mundo, y agradeciendo y apreciando su apoyo y solidaridad con nuestra resistencia contra los ataques terroristas, invitamos a nuestras y nuestros camaradas trabajadores, sindicalistas, gremialistas, y a todos los libertarios, a participar en la solidaridad práctica con la revolución de Rojavá y la resistencia de Kobane, y los invitamos a ustedes a unirse a nosotros en esta situación histórica para defender los logros de la revolución!

Vivan las luchas libertarias de los pueblos alrededor del mundo!

Viva la unión internacional de las trabajadoras y los trabajadores del mundo!

 

https://1stmayforkobani.wordpress.com/2015/04/26/1-may-2015-spanish/

Anita.

Anita: dirigido por Freida Lee Mock. Producido por Samuel Goldwyn Films (2013).

escrito por Jane LaTour, traducido por Laura S. y Mayra M.Anita Hill poster

Para las generaciones que se conviertieron en adulto al rededor de 1991, el nombre de Anita Hill se ha separado de su narrativa. Muchos jóvenes reconocen el nombre, mas no saben la historia que protagonizó. Para muchos, los acontecimientos que ocurrieron en aquel verano se quemaron en nuestro cerebros. Conservamos la imagen de la colina con su traje azul y fragmentos de diálogo sorprendente – como una acusación de:  “La saga de Anita Hill y Clarence Thomas”; está se desarrolló públicamente, pegado a los espectadores a su TV “un poco loca y un poco putilla.” conjuntos.

Afortunadamente para todos nosotros, tanto los que tienen recuerdos vívidos y los que no tienen conocimiento alguno del impacto que Anita Hill había creado en la conciencia de la nación con respecto al acoso sexual en el lugar de trabajo, un nuevo documental está disponible para llenar los espacios en blanco.

El documental; “Anita”, fue lanzado esta primavera en medio de una campaña de publicidad de bajo nivel. Esta película merece más atención. Raza y viajes de género uno tras del otro, y ambos constituyen el primer plano, el fondo y trasfondo de la historia. Sin embargo, para propósitos de este ensayo, quiero abordar algunos de los aspectos de género que normalmente se pasan por alto. A raíz de las audiencias, una serie de libros cubrió el tema. Uno de estos libros que considero es absolutamente de los mejores: “Extraña justicia: la venta de Clarence Tomas” escrito por Jane Mayer y Jill Abramson, finalista del Premio Nacional de Literatura en 1994 .

La documentalista Freida Mock alista los dos reporteros estrellas como las cabezas parlantes que proporcionan la columna vertebral de la película. Revisitando este capítulo de la historia de la mujer que abre muchas vías para la exploración. Una de ellas es la distancia que las mujeres han recorrido desde el graduado de la Escuela de Derecho de Yale Anita Hill, un profesor de derecho de Norman, Oklahoma. Se sentó en agosto de 1991 ante un grupo excepcionalmente “ingenuos” y todos varones miembros del Comité Judicial del Senado de Estados Unidos a testificar acerca de su experiencia de ser acosada sexualmente mientras trabajaba como ayudante del Comisionado de Clarence Thomas, que en ese momento era el jefe de la Comisión de Oportunidades de Empleo (EEOC). Mientras ella testificaba, los miembros de la comisión, bajo el liderazgo de su presidente, el senador Joseph Biden, la sometieron a un interrogatorio humillante y excepcionalmente hostil.

La participación de Hill en las vistas del senado para la confirmación de Clarence Thomas por un puesto en la Corte Suprema de Estados Unidos, la apertura que resultó de la jubilación del legendario icono de los derechos civiles, Justicia Thurgood Marshall, provocó un debate nacional sobre el acoso sexual.

Sisters in the Brotherhoods

En mi libro, “Sisters in the Brotherhoods”: Working Women Organizing for Equality in New York City,” la historia de Anita Hill está incluida en un capítulo llamado “Servicio incivil,” sobre las experiencias de Ann Jochems, la solitaria carpintera que trabaja para New York City en la Junta de Educación:

“En 1991, Anita Hill coloca el acoso sexual en la agenda nacional. Hasta ese momento, las experiencias tortuosas de muchas mujeres en el lugar de trabajo habían pasado desapersividas. Hill había dejado su trabajo en la EEOC en 1983. El acoso que ella alegó ya estaba en su pasado. La ironía de que este acoso se dirigió a Hill, una abogada, trabajando para la EEOC radicaba en que esa es la agencia encargada de hacer cumplir la ley sobre el acoso sexual – a manos del jefe de esa agencia, sólo subrayó la compleja realidad de la naturaleza del acoso sexual.

“Hasta ese momento, el hecho de que el acoso sexual en el lugar de trabajo no es cosa de risa, pero una grave violación de la ley había pasado desapersivida por muchas personas. Pero el testimonio fascinante de Hill sobre el comportamiento de su jefe, Clarence Thomas, ante una Comisión Judicial muy condescendiente del Senado de Estados Unidos tuvo mucho que ver con cambiar esa realidad. A medida que el comité consideró la idoneidad de Clarence Thomas para un puesto en la Corte Suprema de Estados Unidos, el público nacional obtuvo un tutorial por parte de la profesora Hill en el tema doloroso de acoso sexual. Anita Hill se convirtió en una inspiración para las mujeres de todo el país.

“Una escena de la película ‘North Country’ sobre la demanda colectiva de las primeras mineras mujeres empleadas por Eveleth Mines muestra ‘Josie Aimes,” el demandado principal de ficción Lois Jenson, de pie paralizado delante del testimonio televisado de la profesora Hill. La atención nacional del caso alumbró y enfocó el acoso sexual resonando profundamente en las mujeres como Lois Jenson, Ann Jochems y todas las otras mujeres que sufrian a solas los similares crudos y humillantes incidentes como parte de su trabajo diario.

Los ejemplos graves de acoso sexual que las mujeres de mi libro han experimentado fueron repetidas por los que Lilly Ledbetter experimentó en su trabajo en Goodyear Tire. Si bien la historia de Ledbetter se ha centrado en la desigualdad salarial que experimentó, el acoso sexual es igualmente parte de su historia.

En su libro, “Gracia y Coraje: Mi Lucha por la igualdad de remuneración y de imparcialidad en Goodyear y más allá” (escrito con Lanier Scott Isom), Ledbetter describe la letanía de abusos amontonado sobre ella mientras realizaba sus tareas en un trabajo que se consideran “no tradicionales” para una mujer.

Grace and Grit

Para aquellas mujeres que trabajan en las estaciones de bomberos de la nación, en obras de construcción, plantas de energía, telecomunicaciones y otros trabajos especializados de cuello azul que permanecen “a trabajos no tradicionales” para las mujeres, su escasa representación y el consiguiente aislamiento siguen dando lugar a incidentes de acoso sexual.

Estas historias aparecen con frecuencia en los tabloides y otras publicaciones. Lo que ha cambiado es que el paisaje de acoso sexual ha sido identificado llanamente. A menudo, los acosadores ya no pueden operar con impunidad si sus víctimas tienen el coraje de presentar un recurso y arrastre sus opresores a la luz del día. Sin embargo, la mala conducta indignante es todavía una realidad común en el lugar de trabajo. Estos casos no se limitan a las mujeres en entornos de cuello azul. Una reciente demanda acusa que una representante de ventas que trabajaba en el centro comercial Westchester para una empresa de bolsos de alta gama fue trasladada al servicio higiénico después de negarse a su jefe ‘insinuaciones sexuales.’

Hacia el final de este poderoso documental, Anita Hill habla de las miles de cartas que ha recibido – caminando frente a los archivos, ella describe las cartas de odio y amenazas de muerte dirigidas a ella después de su testimonio. Luego ella señala al último gabinete, el cual tiene las cartas de quienes la apoyan. Ella nota  que las mujeres que han experimentado la misma cosa ahora pueden hablar de ello. “!Esperemos que no sean disuadidas para que no hagan sus denucias!”

Después de no hablar durante dos años sobre las audiencias de Thomas, Anita Hill comenzó a expresar más su punto de vista. Ella se convirtió en una defensora de las mujeres, poniendo su experiencia en perspectiva. “El acoso sexual es sólo una parte del problema más amplio de la desigualdad de género,” dice ella. A medida que el cineasta visita un taller de adolescentes en el programa basado en Brooklyn, Niñas para la Equidad de Género, se plantea la pregunta: “¿Quién sabe de Anita Hill?” Esta generación está siendo preparada y comprometida en el debate más amplio. “Hemos estado construyendo una comprensión de la igualdad y de lo que se necesita para llegar allí. Es mejor de lo que era en 1991. La honestidad, la dignidad y el valor será recordado, ” dice Hill. Expuso estas cualidades en abundancia.
Encuentre la película y veala. Lea el libro fascinante de Mayer y Abramson. Un buen balance de la historia en su caja de herramientas le hará un activista más potente y eficaz.