Que es un lugar de trabajo? Raza, la lucha en el trabajo y el IWW. 

por: Juicy Parsons, Twin Cities

traducción por: Grace ML

Comités de empresa, plantas de producción, negociación colectiva, contratos. ¿Qué significan estas palabras para tí? Pues bien, depende de tu experiencia de vida, por supuesto. Para mí y otras trabajadoras de mi sector, esas palabras han sido asociadas con colegas que tienen “trabajos reales”. ¿Entiendes?, aunque tengo un trabajo real en un sector real, no todos los sectores son tratados de manera igual.

Trabajo en el sector servicios. Camarera, mesera, servidora, da igual. En Estados Unidos, el sector servicios ha sido desarrollado al margen de otros sectores porque algunos de los ingresos de quienes trabajan en él son respaldados por la gratificación, lo que está fuera del alcance de las nóminas. Esta situación ha generado lagunas legislativas, exclusión, lucha interna y sobretodo una estructura de clase dentro del sector servicios que es muy difícil de derribar. Llevo en el sector servicios desde que tengo 15 años (Tengo 31 ahora, básicamente la mitad de mi vida). Solamente trabajé en otro sector por un año, en el sector de la imprenta, y llevo intentando dejar este algunos años. Me pasa algo similar que a otras/os compañeras/os del sector, no tengo cualificación, he tenido experiencias cortas fueras del sector, y he desarrollado una dependencia crónica y adicción a ciertas sustancias.

Este sector es altamente precario debido a la forma en la que ha sido desregulado y separado de los lugares de trabajo tradicionales. Por supuesto, existe una clase media-alta de empleadas/os del sector servicios que gana más de 30 dolares la hora, pero es una pequeña minoría, quienes tienen el capital social y profesionalismo para impulsar las tan lejos. Una amplia selección de miembros de la sociedad que son de clase baja, criminales, ex-convictas/os, adictas/os, inmigrantes indocumentadas/os y trabajadoras/es del sexo, encuentran trabajo en mi sector.  He trabajado junto a esta gente a lo largo de toda mi vida. Lo que no se cuestiona en esta cultura de trabajo es la falta de asistencia médica y otros beneficios, cobrar en efectivo, habitualmente fuera de nómina, lo que permite a la gente con antecedentes penales y sin documentos de ciudadanía tener una oportunidad para sobrevivir, pero aún a manos de la discreción y la explotación de las/os jefas/es. Para ser claras, como revolucionaria, estoy orgullosa de toda la gente que me encuentro en el trabajo. Sin embargo, la incomprensible naturaleza de nuestro trabajo es lo que nos hacer continuar ignoradas/os, no invitadas/os, no preparadas/os o confundidas/os acerca de nuestro sitio en el ámbito de la ‘organización del lugar de trabajo’.

Mesera/os y camareras/os, son especialmente alimentadas por las/os jefas/es con esta idea de que somos nuestras propias jefas/es. La jerarquía de las/os empleadas/os con propina crea una meritocracia falaz. En el sector servicios, quienes ganan más dinero deben cumplir con normas de profesionalismo muy rígidas y coloniales, una idea que, por supuesto, prevalece en la mayoría de las industrias. En el sector servicios esto se ve marcado por las condiciones materiales que las/os trabajadoras/es menos “profesionales” tienen que enfrentar. El término “última/o en contratar, primera/o en despedir” es especialmente válido en esta situación de trabajadoras/es negras/os o racializadas en el sector servicios. Esa expresión no es baladí, todo Estados Unidos se apoya en los estándares de “profesionalismo” europeos. Aquellos que no han dominado la retórica, las habilidades y la apariencia de un profesional enfrentan la pérdida crónica de empleos, el robo de salarios, la explotación y un apoyo Federal muy limitado.

Entra el IWW. La primera vez que escuché hablar de IWW fue cuando visité Occupy (en Minnesota). La acampada estaba justo al lado de donde vivía, y en mi camino hacia el trabajo en un bar en el centro de Minneapolis. Comencé a ver todos los cambios positivos que la gente quería hacer en la sociedad y a conocer más sobre la clase dirigente y el capitalismo. Estas serian mis primeras interacciones serias con sindicalistas, (a pesar de haber sido miembro de “Comida y Bebida Local no-se-que” en el aeropuerto) y la primera vez que entendí acerca de la importancia de los sindicatos. Todavía no la entiendo completamente, ya que solo he sido sindicalista una vez en los últimos 12 trabajos en el sector servicios. Pero lo que he aprendido, es como la solidaridad es el arma de la clase trabajadora contra la clase dirigente. Este nivel de solidaridad es lo que me hizo comenzar a entender, especialmente cuando “Occupy the Hood” apareció para gestionar las preocupaciones de las personas negras viviendo en los Estados Unidos. Ver a algunos miembros de IWW ser parte de esa conversación sobre nuestras desventajas materiales se me quedaría grabado.

Además, soy una entusiasta seguidora del hip-hop femenino, que habla de la necesidad de unos feminismos para las mujeres pobres no cualificadas y no binarias del gueto. Gestiona las preocupaciones ampliamente ignoradas por las feministas blancas convencionales, especialmente sobre cómo la sociedad trata a la gente que utiliza el sexo como herramienta de trabajo, usuarias/os de drogas, y gente presa. Esto va en línea con la experiencia de vida que tengo trabajando en bares, donde he valorado a toda esa gente con la que estuve en contacto. Si tuviera un sindicato donde participaran toda la gente con la que he trabajado, sería uno bien colorido, con un montón de inmigrantes, adictas/os al alcohol y las drogas, trapicheras/os, un montón de mujeres, trabajadoras sexuales de todos los géneros, jugadoras/es profesionales, estudiantes, y algunas/os trabajadoras/es sin hogar. (Las/os trabajadoras/es sin hogar no son un nuevo fenómeno como algunos medios quieren hacernos creer, confía). No sería maravilloso si tuviéramos un sindicato como ese?

Cuando Occupy se disolvió, me volví a encontrar con IWW cuando estaba trabajando en la abolición de las prisiones. Fue en 2014, cuando descubrí que IWW trabajaba en la organización de presas/os, que volví a reconectar con viejas/os wobblies que había conocido anteriormente. Eché un vistazo a las ideas del “Gran Sindicato”, y encontré que el sindicato tenía una historia de “primeras” y “solos”. El pensamiento de un sindicato solo para mesera/es y camareras/os no me gustaba, que la representación de las mesera/os, camareras/os fuera frecuentemente la imagen de alguien pobre y negra/o, era una idea que me resentía. Siempre encontré más afinidad con la gente de la parte de atrás (cocineras/os, friegaplatos…) quienes tenían que lidiar con similares circunstancias como deudas, inestabilidad habitacional, largos trayectos al trabajo, y vivir en pobres barrios como en los que habitualmente trabajamos. El único sindicato que había querido, era uno que tuviera a todo el mundo en la misma lucha. Cuando conocí la diferencia entre sindicatos de oficios y el IWW, fue cuando empecé a estar interesada. Entonces, alguien me dijo que se motivaba a mendigas/os y trabajadoras/es del sexo a que se organizarán dentro del IWW, saqué la tarjeta roja con la intención de iniciar una camarilla de africano/as (African People’s Caucus), algo que podría ayudar a las/os Wobblies negras/os a desarrollar su conciencia política. Pensaba que era el único sindicato que tenía la oportunidad de hablar a toda la clase trabajadora.

Desde que me afilié, me he encontrado con que mucha gente, la mayoría no se dedica a la organización de lugares de empleo en el IWW. (Burgerville y Stardust Family United siendo campañas interesantes). Hay algunas razones para esto, unas por las que el sindicato es responsable, pero otras porque factores externos entran en juego. Uno de estos factores es el cambio de naturaleza del puesto de trabajo.

En los últimos 15 años he visto cómo las agencias de empleo se han convertido en salas de ordenadores desamparadas, han desaparecido las formaciones, las fábricas han cerrado y han dado paso al trabajo a tiempo parcial. Las personas negras y otras personas económicamente desfavorecidas son encarceladas con tasas extremas. No sólo a través del encarcelamiento masivo, los complejos sistemas de supervisión estatal y los programas de trabajo post-carcelario están cambiando la cara del lugar de trabajo tradicional. Los sindicatos son débiles desde el punto de vista legislativo. Hay grandes segmentos de la clase obrera negra en los principales sindicatos empresariales, pero esto no se traduce necesariamente en poder obrero. “Lucha por $15” ha sido prometedor en el desarrollo de la conciencia de la clase en la gente negra, especialmente en la comida rápida, incluso con sus limitaciones basadas en el salario. Ha sido uno de los pocos movimientos sindicales en mucho tiempo que ha hablado con los segmentos más pobres de las/os trabajadoras/es. Se trata de personas que dependen de una multitud de empleos a tiempo parcial no cualificados y poco remunerados para ganarse la vida, y ese segmento de la población está creciendo. Los lugares de trabajo tradicionales están siendo desarraigados por la automatización y las industrias alternativas.

Históricamente, las personas en lugares de trabajo no tradicionales han sido excluidas de la mayoría del movimiento sindical, incluso en medio de la realidad de que las/os trabajadoras/es no tradicionales y las/os desempleadas/os son innegablemente parte de la “clase obrera”. Lo que me impresionó del modelo de “One Big Union” es que este podría ser un lugar para coordinar a muchos sectores especiales y excluidos de la clase obrera. Estamos viendo un futuro en el que la clase obrera, especialmente las mujeres y las personas racializadas, trabajan a tiempo parcial, a remoto, en el hogar, por cuenta propia y en economías clandestinas. Mucha gente que se parece a mí y viene de vecindarios similares se gana la vida comprando y vendiendo productos (a menudo con exceso de existencias o robados) en línea y en los mercadillos. Mi desafío a largo plazo para el IWW es que continúen con su legado histórico de abrir los esfuerzos organizativos a toda la clase obrera. Esto requerirá un nivel excepcional de comprensión y conciencia acerca de la gente en las clases bajas/lumpen.

Se tendrán que desarrollar algunas estrategias de organización cohesivas para tratar con las realidades que TODAS/OS las/os trabajadoras/es enfrentan. El trabajo del Comité General de Defensa, por ejemplo, debería incluirse absolutamente en la estrategia de “organización del lugar de trabajo” del IWW. La realidad de nuestro tiempo es que la clase obrera está enfrentando una tremenda cantidad de violencia política y destrucción social en el trabajo y en casa. Hay autónomas/os, programadoras/es, diseñadoras/es y administrativas/os en línea que tienen que organizarse todos los días contra el derecho alternativo y las/os jefas/es en el trabajo. Siempre recordaré mi primera formación de Organizadora 101-durante el ejercicio de mapeo social me reí mucho mientras dibujaba líneas rojas que conectan a los trabajadores con los gerentes que les habían suministrado cocaína. Mis compañeras/os de trabajo (en su mayoría blancas/os, de principios de los años 20) han estado mucho más agitadas/os por la brutalidad policial y por Philando Castile que por las quejas “tradicionales” en el lugar de trabajo. Cuando considero organizarme con las/os trabajadoras/es de la industria de servicios, el factor más significativo en el que pienso es, si las luchas de la gente con el abuso de sustancias o los juegos de azar obstaculizarán su organización, y cómo combatir esto de una manera seria.

Por mucho que me gustaría concluir con un final de cuento de hadas, sería prematuro e infundado. Varias campañas para incluir a más segmentos de la “clase obrera” han sido definitivamente recibidas con hostilidad. El Comité Organizador de Trabajadoras/es Encarceladas/os es un gran ejemplo de cómo la IWW fue capaz de superar la estrecha ideología “obrerista”. De hecho, “economistas” y “obreristas” levantan la cabeza de vez en cuando, afirmando que el IWW debería adherirse a formas estrictas y francamente arcaicas de organización en el lugar de trabajo. Mi mayor preocupación con respecto a esto se refiere a quiénes serán incluidas/os y quiénes serán excluidas/os. ¿Continuará la”One Big Union” anticapitalista ese legado de organización seria con trabajadoras/es “no tradicionales”, o simplemente se tolerará a estos trabajadoras/es para preservar la política radical sobre el papel? Para mí, la decisión depende de las/os miembros. Sin embargo, si no elaboramos estrategias y proponemos formas innovadoras e inteligentes de organizarnos junto a toda la clase obrera, el IWW estará atascado tratando de organizarnos en cerradas plantas de producción.

 

 

Anuncios

Mujeres Sindicalistas I: ¡Pan y Rosas!

Por: Joe Grim Feinberg

Traducido por: Grace ML

Parece que nadie sabe exactamente cuando, pero años antes de 1911 una canción y una idea llamada “Pan y Rosas” comenzó a difundirse por el movimiento obrero internacional. Era, aparentemente, justo en tiempo. Cuando James Oppenheim publicó su poema “Pan y Rosas”, en diciembre de 1911, en “The American Magazine”, atribuyó su inspiración a “una consigna de las mujeres del este”, y de verdad, en aquellos años parecía circular entre las activistas norteamericanas del medio oeste de “The Women’s Trade Union League”. Sin embargo, este honorable origen fue rápidamente eclipsado por otros acontecimientos históricos.

As we come marching, marching in the beauty of the day,
A million darkened kitchens, a thousand mill lofts gray,
Are touched with all the radiance that a sudden sun discloses,
For the people hear us singing: “Bread and roses! Bread and roses!”

Mientras vamos marchando, marchando a través del hermoso día
Un millón de cocinas oscuras y miles de apartamentos grises,
Son tocados por un radiante sol que asoma repentinamente ,
Para el pueblo que nos oye cantar: ¡Pan y rosas! ¡Pan y rosas!

Primero vino el Día Internacional de las Mujeres, el cual celebra su nacimiento meses antes de la aparición del poema de Oppenheim. El movimiento de las mujeres estaba naciendo, sucedió justo cuando “Pan y Rosas” se estaba afinando (generalmente atribuída a una arreglista de melodías obreras y populares llamada Caroline Kholsaat) y comenzaba a conocerse más allá de las paginas de revistas literarias.

Lo siguiente que vino fue la huelga de trabajadores de 1912 en Lawrence, Massachusetts, la cual fue conocida como “La huelga de pan y rosas”. No hay evidencias históricas de que la frase “Pan y Rosas”, cantada, hablada, o escrita, apareciera durante la huelga, la más larga y exitosa de la historia de EE.UU, pero la leyenda obrera cuenta que la mayorías de las huelguistas llevaban carteles que decían “¡Queremos pan, y rosas también!”. Al final, da igual si la canción inspiró la huelga y el movimiento o al revés. Algo ya estaba en el aire.

As we come marching, marching, we battle too for men,
For they are women’s children, and we mother them again.
Our lives shall not be sweated from birth until life closes;
Hearts starve as well as bodies; give us bread, but give us roses!

Mientras vamos marchando, marchando, luchamos también por los hombres,
Por aquellos hijos de mujeres, y los protegemos maternalmente otra vez,
Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte,
Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos,
¡dennos pan, pero también dennos rosas!

Es interesante como el movimiento socialista necesitaba del movimiento de mujeres para recordarle que el hombre no sólo vive de pan. Pero de una manera u otra, el correctivo se empleó para combatir la creciente unilateralidad económica de la Segunda Internacional. Si la lucha por el socialismo había tomado la apariencia de hombres musculosos que exigían llenar sus panzas –  o peor aún, de duros trabajadores esperando obedientemente al inevitable desarrollo económico – entonces era hora de apuntar que “Los corazones padecen hambre igual que los cuerpos”. O mejor aún, no es sólo que el pan no nos satisface – porque sólo comemos pedazos – sino que no hay pan a menos que este venga con aroma a rosas. La materia prima es un sin sentido sin “arte, amor y belleza”, lo único que puede redimir el haber tan materialista de nuestros antepasados.

As we come marching, marching, unnumbered women dead
Go crying through our singing their ancient cry for bread.
Small art and love and beauty their drudging spirits knew.
Yes, it is bread we fight for – but we fight for roses, too!

Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertas
Van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan.
Sus espíritus fatigados conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas!

Pero, ¿Qué son el arte, el amor y la belleza? ¿No son categorías burguesas construídas por la separación de la simpleza, la crueldad y la fealdad de la esfera de vida refinada de la burguesía? ¿El género de estas categorías no enmascara la realidad opresiva de las mujeres trabajadoras de la idealizada imagen de las esposas burguesas? ¿Pueden las proletarias alcanzar esas cosas tan delicadas, sin excluirse a sí mismas como proletarias?

Sí, dice la canción, “Mientras vamos marchando, marchando” – la marcha en sí misma es lo que toca las oscuras cocinas y los miles de apartamentos grises con un radiante sol que “asoma repentinamente”. El día es bonito porque (“para”) la gente nos escucha cantar: ¡Pan y Rosas! ¡Pan y Rosas!. Como vamos marchando, marchando, hacemos belleza, cambiamos el significado de belleza, echamos abajo los muros de la fábrica que mantienen la belleza alejada.

As we come marching, marching, we bring the greater days.
The rising of the women means the rising of the race.
No more the drudge and idler – ten that toil where one reposes,
But a sharing of life’s glories: Bread and roses! Bread and roses!

A medida que vamos marchando, marchando, traemos con nosotras días mejores.
El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de la humanidad.
Ya basta del agobio del trabajo y del holgazán: diez trabajan y uno descansa.
¡Queremos compartir las glorias de la vida: pan y rosas, pan y rosas!

* * *

Lee la segunda parte de este artículo en Mujeres Sindicalistas: La Chica Rebelde, que se publicará próximamente en SOLIDARIDAD.

Para más información:

Timothy P. Lynch, Strike Songs of the Depression, Jackson, Mississippi: University Press of Mississippi, 2001.

Shelly Romalis,  Pistol Packin’ Mama: Aunt Molly Jackson and the Politics of Folksong, Urbana, Illinois: University of Illinois Press, 1999.

Jim Zwick, “Behind the Song: ‘Bread and Roses,’” in Sing Out! Vol. 46., no. 4 (Winter 2003), pp. 92-3.