El papel del movimiento obrero

Carlos Molina
(Afiliado nº X381616
)

Pocos momentos en la historia de la lucha de clases tuvieron tanta importancia para la clase obrera como los años 30 del siglo XX. En EE. UU. la fortaleza del movimiento sindical y el temor a un colapso del sistema forzó al presidente Roosevelt a establecer una serie de medidas de intervención estatal en la economía que echara hielo sobre el fuego. Este instante del movimiento obrero fue un ejemplo de que solo la lucha del proletariado como clase social pueden poner freno al liberalismo que defiende los intereses de la clase capitalista. Desde hace 30 años, una agresiva ola liberal ha acabado con las conquistas sociales alcanzadas en la primera mitad del siglo pasado y pretende desmontar los vestigios de una sociedad que caminaba hacia un modelo de solidaridad y justicia social.

Gobierno y capital están unidos contra la clase obrera

La burguesía capitalista ha absorbido al Estado y lo ha convertido en su obediente perro guardián. Las clases populares han renunciado a confiar en el mecanismo de acción política porque la ficción del bipartidismo no representa sus intereses. Así, los trabajadores no tenemos otra alternativa que luchar con nuestros propios medios con la acción directa. El poder político solo espera del trabajador que legitime con su voto una política que ya está decida de antemano y en la que los ganadores y perdedores son siempre los mismos, gane el partido que gane.

Los trabajadores siempre perdemos en las elecciones. En 2001 el Gobierno republicano de George W. Bush eliminó la obligación de las empresas de informar a la Dirección de Prevención de Riesgos Laborales (OSHA) de las lesiones musculares y óseas que sufrieran los trabajadores (normalmente lesiones de espalda, del túnel carpiano y tendinitis). Esta es la tercera causa más común de discapacidad en el país y está asociada con trabajos de movimientos repetitivos durante muchas horas. Con la elección de Barack Obama en 2008, sindicatos y organizaciones laborales de todo el país esperaban que el nuevo Gobierno demócrata revirtiera la medida para prevenir así accidentes y lesiones laborales innecesarias. Dos años después, en 2010, la OSHA se planteó la posibilidad de restaurar el sistema anterior añadiendo este dato en su formulario 300. Sin embargo, finalmente el Gobierno abandonó la idea por “controvertida”, tras consultar con los empresarios.

¿Globalización para quién?

¿Está el mundo más unido o más dividido? El proceso de globalización ha dado libertad a la circulación de capitales e inversiones y ha facilitado una nueva etapa de expansión capitalista en la que la clase obrera de todas las naciones ha quedado marginada, dividida y hasta enfrentada. El internacionalismo ha sido una característica esencial del movimiento obrero desde sus comienzos. Los trabajadores no tienen patria pues les hermana la lucha por sus intereses comunes. Esta verdad nunca ha sido más clara que ahora. La urgente necesidad de unir nuestros esfuerzos y coordinar la acción sindical para contrarrestar los avances del liberalismo salvaje debe ser una prioridad en la arena internacional de la lucha de clases. El capital actúa unido y decidido mientras que la clase obrera está dividida y compite por unos empleos cada vez peor pagados desde que la industria trasladó sus fábricas al extranjero en busca de salarios más bajos y peores condiciones laborales.

La miopía de la acción sindical tradicional (como la AFL-CIO en EE. UU.), que burocratizó la organización y representación obreras desarmándola de sus rasgos creativos y revolucionarios, hizo que se atrofiara su estructura. De forma paralela, la esclerosis de la socialdemocracia europea que se vendió al capital y creyó poder alcanzar sus objetivos participando en el juego de una democracia ficticia, muestra ahora su verdadero rostro, el de una dictadura de las ideas, el pensamiento único y el castigo de la disidencia. En este contexto, la nueva lucha sindical debe superar los límites de la negociación colectiva y exigir la participación activa en las empresas, pero no mediante la compensación con valores o acciones de las compañías, sino luchando por ser parte en la toma de decisiones de la producción y la gestión.

La utopía capitalista ha terminado

Este hermoso pero falso sueño que nos hicieron creer, en el que el trabajo y el esfuerzo tienen sus frutos y son recompensados, ya no se sostiene. El 80% de la población activa de EE. UU. está asalariada por horas y su productividad laboral ha aumentado un 78% en los últimos 35 años mientras que sus salarios crecieron menos de un 2%. Se nos habla de desigualdad social en términos matemáticos, pero detrás de los números hay una dura realidad, hay auténtica pobreza, hay familias que dependen de bajísimos salarios que no dan para vivir y menos para pagar servicios médicos, jubilación o vivienda. Se nos engaña con cifras irreales de desempleo y se nos crean falsas esperanzas de futuro con estadísticas de crecimiento que prometen mejores condiciones de vida y trabajo, pero lo que vemos son solo mayores beneficios empresariales.

Somos una clase social

En esta situación, la conciencia de clase es nuestra mejor arma. Un ejército de propagandistas, enormes inversiones en medios de comunicación y un sistema educativo inadecuado y sumiso han desarmado a una clase obrera que una vez fue activa y consciente de su papel social. Una clase atomizada y formada por individuos educados en la competencia y el patriotismo conformista ha sembrado la mejor cosecha que el liberalismo podría esperar. Por eso, la tarea más urgente que debemos proponernos es reconstruir la conciencia de clase, la idea de pertenencia al grupo en base a los intereses sociales que compartimos. En este proyecto, el sindicalismo democrático de acción directa del IWW es un ejemplo por su renuncia a los medios tradicionales de organización sindical y de gestión interna y por sus instrumentos de elección puramente democráticos, que devuelven a las bases la iniciativa de la acción y la toma de decisiones.

En el IWW defendemos esta posición de lucha ante el atropello del capitalismo corrupto y dictador como única alternativa a la opresión y la obediencia que se nos exige. La historia del movimiento obrero, llena de desaciertos y tragedias, pero también de avances y logros heroicos, debe servirnos de lección. El pasado nos brinda la mejor oportunidad para corregir nuestros errores y mejorar las tácticas de acción. La organización sindical es un paso importante pero su objetivo final es la formación de una clase social con vocación revolucionaria que asuma la madurez de organizar la nueva sociedad que surja de las cenizas de un capitalismo decadente que ya no satisface las necesidades de un mundo evolucionado y necesitado de justicia social.

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