Mujeres Sindicalistas II: la chica, la dama, y el sindicato

Mujeres Sindicalistas II: la Chica Rebelde, la Dama Sindicalista, y el lado en que ellas estan

Escrito por: Joe Grim Feinberg

Traducido por: Grace ML & J. Pierce

…Continuación de parte 1 – Mujeres Sindicalistas I: ¡Pan y Rosas!

La idea de una nueva belleza proletaria, encuentra su expresión, por ejemplo, en la representación de Joe Hill de “The Rebel Girl” en 1914, inspirada por la gran sindicalista Elisabeth Gurley Flynn, quien, entre otras cosas, ayudó a la organización de la “Huelga de pan y rosas” de 1912.

Yes, her hands may be hardened from labor,
And her dress may not be very fine;
But a heart in her bosom is beating
That is true to her class and her kind.

Sí, ella tiene callos en las manos de trabajar,
y su vestido quizá no sea muy fino.
Pero un corazón está latiendo en su pecho.
que es auténtico para ella y para su clase.

That’s the Rebel Girl, that’s the Rebel Girl!
To the working class she’s a precious pearl.
She brings courage, pride and joy
To the fighting Rebel Boy.

¡Esa es la Chica Rebelde, esa es la Chica Rebelde!
Para la clase trabajadora ella es una perla preciosa.
Proporciona coraje, orgullo y alegría
al chico rebelde que lucha.

Y en 1940 Woody Guthrie colmó de felicitaciones similares a su “Dama Sindicalista”

There once was a union maid, who never was afraid
Of the goons and ginks and the company finks
Or the deputy sheriff who made the raid.
She went to the union hall, when a meeting it was called
And when the Legion boys came ‘round she always stood her ground.

Había una vez una dama sindicalista, que nunca tuvo miedo,
De esbirros, imbéciles y chivatos de la empresa
O del ayudante del alguacil que hizo la redada.
Ella fue a la sede del sindicato, cuando se convocó una reunión,
Y cuando los chicos de la Legión llegaron, ella siempre se mantuvo firme.

Oh, you can’t scare me, I’m sticking to the union…
I’m sticking to the union, ‘till the day I die.

Oh, no puedes asustarme, pertenezco al sindicato…
Pertenezco al sindicato, hasta el día que muera.

Sin embargo, se debería decir que estos gestos de solidaridad de género mantuvieron una perspectiva masculina de una chica ideal trayendo felicidad a los chico rebeldes, eclipsando y avergonzando esos gallinas que tienen miedo de rebelarse. Por contraste, la canción sindicalista más popular de la lengua inglesa, en realidad escrita por una mujer, es, significativamente, sobre hombres:

If you go to Harlan County,
There is no neutral there.
You’ll either be a union man
Or a thug for J. H. Blair.

Si vas a Condado Harlan,
No hay neutrales allí.
Serás un hombre sindicalista
o un esbirro para J. H. Blair.

Which side are you on, boys? Which side are you on?
En cuál lado estan, chicos? En cuál lado estas?

Gentlemen, can you stand it?
Oh, tell me how you can?
Will you be a gun thug
Or will you be a man?

Señores, pueden aguantarlo?
Oh, digan me cómo pueden?
Serás un matón
O serás un hombre?

Así escribió Florence Reece en 1931, durante una huelga de mineros de Kentucky que fue violentamente suprimido, y las palabras han estado adoptadas a muchas huelgas nuevas desde entonces. Pero esa huelga destaca, porque sus dos protagonistas famosas eran mujeres y compositores, quien vivieron entre mineros pero no trabajaron (y no eran permitidas trabajar) en las minas.  Para Reece, el papel de la mujer es lo de una agitadora quien, como en la representatión de Guthrie, ecplisa a los hombres menos audaz, pero quien – no como en la canción de Guthrie – coloca responsibilidad principalmente en los hombres para levantarse y unirse con ella.

Pero la canción de Reece, aunque sí menciona pan (“Con pistolas y con fusiles/Nos quitan nuestro pan/Y si ustedes mineros lo insinuaron/Se golpearán en la cabeza”), no habla mucha de rosas. Algo de rosas puede ser encontrado, por otra parte, en una canción, que mas probable se inspiró a Reece, escrito a la misma melodía popular por “Tía” Molly Jackson, la otra agitatora bien conocida del Sindicato Nacional de Mineros (NMU) de Condado Harlan, Kentucky, en 1930-1:

I am a union woman
As Brave as I can be;
I do not like the bosses,
And the bosses don’t like me.

Soy una mujer sindicalista.
Tan valiente como puedo;
No me gustan los jefes,
Y yo no le gusto a ellos.

Join the NMU, come join the NMU
Únete a la NMU, ven y únete a la NMU.

The bosses ride fine horses
While we walk in the mud,
Their banner is the dollar sign,
Ours is striped with blood.

Los jefes cabalgan sobre buenos caballos,
Mientras nosotros caminamos en el lodo,
Su bandera lleva un símbolo de dólar,
la nuestra esta rayada de sangre.

Es posible que los jefes tienen el pan más dulce, pero los trabajadores tienen una rosa que no se marchita: una bandera coloreada en la lucha. La mujer sindicalista exige rosas, no porque sea más delicada, más sensible que los hombres, sino porque ella fue la primera que reconoció que la belleza nace de la lucha por el pan.

Mujeres Sindicalistas I: ¡Pan y Rosas!

Por: Joe Grim Feinberg

Traducido por: Grace ML

Parece que nadie sabe exactamente cuando, pero años antes de 1911 una canción y una idea llamada “Pan y Rosas” comenzó a difundirse por el movimiento obrero internacional. Era, aparentemente, justo en tiempo. Cuando James Oppenheim publicó su poema “Pan y Rosas”, en diciembre de 1911, en “The American Magazine”, atribuyó su inspiración a “una consigna de las mujeres del este”, y de verdad, en aquellos años parecía circular entre las activistas norteamericanas del medio oeste de “The Women’s Trade Union League”. Sin embargo, este honorable origen fue rápidamente eclipsado por otros acontecimientos históricos.

As we come marching, marching in the beauty of the day,
A million darkened kitchens, a thousand mill lofts gray,
Are touched with all the radiance that a sudden sun discloses,
For the people hear us singing: “Bread and roses! Bread and roses!”

Mientras vamos marchando, marchando a través del hermoso día
Un millón de cocinas oscuras y miles de apartamentos grises,
Son tocados por un radiante sol que asoma repentinamente ,
Para el pueblo que nos oye cantar: ¡Pan y rosas! ¡Pan y rosas!

Primero vino el Día Internacional de las Mujeres, el cual celebra su nacimiento meses antes de la aparición del poema de Oppenheim. El movimiento de las mujeres estaba naciendo, sucedió justo cuando “Pan y Rosas” se estaba afinando (generalmente atribuída a una arreglista de melodías obreras y populares llamada Caroline Kholsaat) y comenzaba a conocerse más allá de las paginas de revistas literarias.

Lo siguiente que vino fue la huelga de trabajadores de 1912 en Lawrence, Massachusetts, la cual fue conocida como “La huelga de pan y rosas”. No hay evidencias históricas de que la frase “Pan y Rosas”, cantada, hablada, o escrita, apareciera durante la huelga, la más larga y exitosa de la historia de EE.UU, pero la leyenda obrera cuenta que la mayorías de las huelguistas llevaban carteles que decían “¡Queremos pan, y rosas también!”. Al final, da igual si la canción inspiró la huelga y el movimiento o al revés. Algo ya estaba en el aire.

As we come marching, marching, we battle too for men,
For they are women’s children, and we mother them again.
Our lives shall not be sweated from birth until life closes;
Hearts starve as well as bodies; give us bread, but give us roses!

Mientras vamos marchando, marchando, luchamos también por los hombres,
Por aquellos hijos de mujeres, y los protegemos maternalmente otra vez,
Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte,
Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos,
¡dennos pan, pero también dennos rosas!

Es interesante como el movimiento socialista necesitaba del movimiento de mujeres para recordarle que el hombre no sólo vive de pan. Pero de una manera u otra, el correctivo se empleó para combatir la creciente unilateralidad económica de la Segunda Internacional. Si la lucha por el socialismo había tomado la apariencia de hombres musculosos que exigían llenar sus panzas –  o peor aún, de duros trabajadores esperando obedientemente al inevitable desarrollo económico – entonces era hora de apuntar que “Los corazones padecen hambre igual que los cuerpos”. O mejor aún, no es sólo que el pan no nos satisface – porque sólo comemos pedazos – sino que no hay pan a menos que este venga con aroma a rosas. La materia prima es un sin sentido sin “arte, amor y belleza”, lo único que puede redimir el haber tan materialista de nuestros antepasados.

As we come marching, marching, unnumbered women dead
Go crying through our singing their ancient cry for bread.
Small art and love and beauty their drudging spirits knew.
Yes, it is bread we fight for – but we fight for roses, too!

Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertas
Van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan.
Sus espíritus fatigados conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas!

Pero, ¿Qué son el arte, el amor y la belleza? ¿No son categorías burguesas construídas por la separación de la simpleza, la crueldad y la fealdad de la esfera de vida refinada de la burguesía? ¿El género de estas categorías no enmascara la realidad opresiva de las mujeres trabajadoras de la idealizada imagen de las esposas burguesas? ¿Pueden las proletarias alcanzar esas cosas tan delicadas, sin excluirse a sí mismas como proletarias?

Sí, dice la canción, “Mientras vamos marchando, marchando” – la marcha en sí misma es lo que toca las oscuras cocinas y los miles de apartamentos grises con un radiante sol que “asoma repentinamente”. El día es bonito porque (“para”) la gente nos escucha cantar: ¡Pan y Rosas! ¡Pan y Rosas!. Como vamos marchando, marchando, hacemos belleza, cambiamos el significado de belleza, echamos abajo los muros de la fábrica que mantienen la belleza alejada.

As we come marching, marching, we bring the greater days.
The rising of the women means the rising of the race.
No more the drudge and idler – ten that toil where one reposes,
But a sharing of life’s glories: Bread and roses! Bread and roses!

A medida que vamos marchando, marchando, traemos con nosotras días mejores.
El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de la humanidad.
Ya basta del agobio del trabajo y del holgazán: diez trabajan y uno descansa.
¡Queremos compartir las glorias de la vida: pan y rosas, pan y rosas!

* * *

Lee la segunda parte de este artículo en Mujeres Sindicalistas: La Chica Rebelde, que se publicará próximamente en SOLIDARIDAD.

Para más información:

Timothy P. Lynch, Strike Songs of the Depression, Jackson, Mississippi: University Press of Mississippi, 2001.

Shelly Romalis,  Pistol Packin’ Mama: Aunt Molly Jackson and the Politics of Folksong, Urbana, Illinois: University of Illinois Press, 1999.

Jim Zwick, “Behind the Song: ‘Bread and Roses,’” in Sing Out! Vol. 46., no. 4 (Winter 2003), pp. 92-3.

El lugar de una mujer está en su sindicato

Por Pasionaria

Traducido por Grace MLJoin the OBU mujeres

Este artículo trata sobre mi experiencia personal militando en el sindicato IWW, lo que he aprendido y porqué pienso que como mujer* es importante que participe en él. Como está basado en mi propia experiencia, usaré el lenguaje que es relevante para mi y con el que me siento cómoda. Soy completamente consciente de la existencia de diferentes lenguajes relacionados con el género en particular, pero considero que geográfica, cultural y socialmente no tienen que ver con mi experiencia personal. No haciendo uso de ellos, no es un intento de ofender o alienar a quien se sienta diferente, pero, como ya dije, esto trata de mi experiencia personal. Espero que independientemente de tu bagaje y experiencia, encuentres en este artículo algo con lo que indentificarte e inspirarte.

El lugar de una mujer está en su sindicato… así puede aprender a plantar cara.

Niñas y mujeres de todo el mundo son predominantemente enseñadas cómo ser una “buena chica”. Sé bella. Sé mona. Sé un poco tímida y modesta. Sé educada. ¡Sé complaciente! Todo lo demás es “malo”, “maleducado” o peor. Tengo la suerte de ser, como mi educado compañero inglés diría, “alguien que no tiene paciencia para estupideces”, o, como diría yo, citando a Bette Midler, “No soy una cabrona, tengo poca tolerancia a las gilipolleces”.

A pesar de ser una Wobbly desde hace un tiempo, hace pocos años que empecé a participar de forma más activa en la delegación de la región donde vivo. Lo que me hizo cambiar fue una experiencia personal. Hace un par de años trabajaba para una pequeña organización de voluntariado donde tuve una de las peores experiencias de mi vida (aunque no la única, ¡desafortunadamente!). Mi mánager era esencialmente una acosadora quien, habiendo fundado y dirigido la organización por unos años, actuaba como su “Líder supremo”. Tuve incontables problemas con derechos laborales básicos, como tener un contrato de trabajo. Decidí confrontar a esta persona y presentar una queja con el apoyo de un compañero del sindicato. Fue una experiencia increiblemente estresante, me creó todavía incluso más problemas por el hecho de que mi mánager era una mujer como yo, y se definía como una persona concienciada política y socialmente, y miembro de colectivos oprimidos. A pesar de las noches sin dormir y del estrés, decidí seguir adelante con ello y plantarle cara. No era la primera vez que le plantaba cara a alguien – ¡mi tolerancia es jodidamente pequeña! – pero fue la primera vez que lo hacía conscientemente y como algo político. No reaccioné de forma impulsiva contra las gilipolleces de esta persona, tomé la decisión conscientemente e independientemente de las consecuencias me levantaría por mis derechos y hablaría, como Wobbly, como mujer, y como ser humano. 

gecnew

¡El lugar de una mujer es en su sindicato… así se puede sentir empoderada, copar espacio y apoyar a otras personas a hacer lo mismo!

Pasar la experiencia personal de realizar una queja en el lugar de trabajo me ha empoderado a diferentes niveles. Primero, he adquirido conocimientos prácticos sobre qué pasa cuando realizas una queja, cómo presentarla, qué esperar y qué lenguaje utilizar. Segundo, ahora soy completamente consciente del impacto emocional que los problemas laborales causan en las vidas de las personas. Tan pronto como la pesadilla acabó, lo primero que quise hacer fue realizar el curso de “Representante Sindical”, así podría representarme a mi misma y apoyar a otras personas en situaciones similares en su puesto de trabajo. Una vez más, eché de mi cabeza las voces del patriarcado que me decían que retomara el buen camino de ser una “buena chica”, y tomé la decisión consciente de seguir adelante y dar la cara. Y no sólo eso, sino que ayudaría a otras personas a sentirse igual de empoderadas que yo. 

Cuando terminé el curso de representante, no sabía que tomaría el camino de la lucha Wobbly y me convertiría en formadora. Para ser honesta, nunca pensé que un año más tarde incluso disfrutaría siendo formadora. Si alguien me hubiera dicho que iba a estar un domingo por la tarde en la plaza principal de Bristol realizando una formación sobre tácticas de organización Wobbly, me hubiera reído y hubiera dicho “Naaaaa, eso no es para mi”. Los bastardos patriarcales de mi cabeza jamás habrían creído que iba a hacer eso e incluso ¡qué lo disfrutaría!

El lugar de una mujer está en su sindicato… ¡así ella puede encontrar su lugar en la lucha!

Así que, aquí estoy ahora escribiendo este artículo. Me ha llevado varios años encontrar mi lugar en el IWW. Me uní a la delegación de Bristol tan pronto como se abrió porque quería formar parte de un sindicato de base que reflejara mi ideología, pero incluso así, me llevó un tiempo encontrar mi voz en él, y entender en de qué lucha me sentía más cercana y cómo participar en ella. Hasta ahora he sido la responsable de las comunicaciones de mi delegación por un año. Soy una representante sindical y formadora acreditada, he realizado cursos como formadora, y el año pasado me dediqué a atraer a migrantes europeos traduciendo materiales a otros idiomas, y reuniéndome con diferentes personas y grupos pertenecientes a esas comunidades. No está mal ¿no?. Todavía encuentro difícil a veces ignorar la mierda de las voces del patriarcado en mi cabeza diciéndome que soy prepotente y que debería callarme la boca más, y ser más modesta, tímida, educada, bonita, y más todo, que debería esforzarme más por ser una “buena chica”… pero la mayoría del tiempo estoy bastante orgullosa de poder decirle a esas voces que les j**** porque participando en el IWW me ha concedido el orgullo de ser un ser humano, una mujer, una Wobbly, y lo más importante una persona que da la cara.

* En el artículo original se utiliza siempre la palabra “womyn” para referirse a las mujeres, en lugar de “woman” que deriva de “man” (hombre)

logo del IWW

Anita.

Anita: dirigido por Freida Lee Mock. Producido por Samuel Goldwyn Films (2013).

escrito por Jane LaTour, traducido por Laura S. y Mayra M.Anita Hill poster

Para las generaciones que se conviertieron en adulto al rededor de 1991, el nombre de Anita Hill se ha separado de su narrativa. Muchos jóvenes reconocen el nombre, mas no saben la historia que protagonizó. Para muchos, los acontecimientos que ocurrieron en aquel verano se quemaron en nuestro cerebros. Conservamos la imagen de la colina con su traje azul y fragmentos de diálogo sorprendente – como una acusación de:  “La saga de Anita Hill y Clarence Thomas”; está se desarrolló públicamente, pegado a los espectadores a su TV “un poco loca y un poco putilla.” conjuntos.

Afortunadamente para todos nosotros, tanto los que tienen recuerdos vívidos y los que no tienen conocimiento alguno del impacto que Anita Hill había creado en la conciencia de la nación con respecto al acoso sexual en el lugar de trabajo, un nuevo documental está disponible para llenar los espacios en blanco.

El documental; “Anita”, fue lanzado esta primavera en medio de una campaña de publicidad de bajo nivel. Esta película merece más atención. Raza y viajes de género uno tras del otro, y ambos constituyen el primer plano, el fondo y trasfondo de la historia. Sin embargo, para propósitos de este ensayo, quiero abordar algunos de los aspectos de género que normalmente se pasan por alto. A raíz de las audiencias, una serie de libros cubrió el tema. Uno de estos libros que considero es absolutamente de los mejores: “Extraña justicia: la venta de Clarence Tomas” escrito por Jane Mayer y Jill Abramson, finalista del Premio Nacional de Literatura en 1994 .

La documentalista Freida Mock alista los dos reporteros estrellas como las cabezas parlantes que proporcionan la columna vertebral de la película. Revisitando este capítulo de la historia de la mujer que abre muchas vías para la exploración. Una de ellas es la distancia que las mujeres han recorrido desde el graduado de la Escuela de Derecho de Yale Anita Hill, un profesor de derecho de Norman, Oklahoma. Se sentó en agosto de 1991 ante un grupo excepcionalmente “ingenuos” y todos varones miembros del Comité Judicial del Senado de Estados Unidos a testificar acerca de su experiencia de ser acosada sexualmente mientras trabajaba como ayudante del Comisionado de Clarence Thomas, que en ese momento era el jefe de la Comisión de Oportunidades de Empleo (EEOC). Mientras ella testificaba, los miembros de la comisión, bajo el liderazgo de su presidente, el senador Joseph Biden, la sometieron a un interrogatorio humillante y excepcionalmente hostil.

La participación de Hill en las vistas del senado para la confirmación de Clarence Thomas por un puesto en la Corte Suprema de Estados Unidos, la apertura que resultó de la jubilación del legendario icono de los derechos civiles, Justicia Thurgood Marshall, provocó un debate nacional sobre el acoso sexual.

Sisters in the Brotherhoods

En mi libro, “Sisters in the Brotherhoods”: Working Women Organizing for Equality in New York City,” la historia de Anita Hill está incluida en un capítulo llamado “Servicio incivil,” sobre las experiencias de Ann Jochems, la solitaria carpintera que trabaja para New York City en la Junta de Educación:

“En 1991, Anita Hill coloca el acoso sexual en la agenda nacional. Hasta ese momento, las experiencias tortuosas de muchas mujeres en el lugar de trabajo habían pasado desapersividas. Hill había dejado su trabajo en la EEOC en 1983. El acoso que ella alegó ya estaba en su pasado. La ironía de que este acoso se dirigió a Hill, una abogada, trabajando para la EEOC radicaba en que esa es la agencia encargada de hacer cumplir la ley sobre el acoso sexual – a manos del jefe de esa agencia, sólo subrayó la compleja realidad de la naturaleza del acoso sexual.

“Hasta ese momento, el hecho de que el acoso sexual en el lugar de trabajo no es cosa de risa, pero una grave violación de la ley había pasado desapersivida por muchas personas. Pero el testimonio fascinante de Hill sobre el comportamiento de su jefe, Clarence Thomas, ante una Comisión Judicial muy condescendiente del Senado de Estados Unidos tuvo mucho que ver con cambiar esa realidad. A medida que el comité consideró la idoneidad de Clarence Thomas para un puesto en la Corte Suprema de Estados Unidos, el público nacional obtuvo un tutorial por parte de la profesora Hill en el tema doloroso de acoso sexual. Anita Hill se convirtió en una inspiración para las mujeres de todo el país.

“Una escena de la película ‘North Country’ sobre la demanda colectiva de las primeras mineras mujeres empleadas por Eveleth Mines muestra ‘Josie Aimes,” el demandado principal de ficción Lois Jenson, de pie paralizado delante del testimonio televisado de la profesora Hill. La atención nacional del caso alumbró y enfocó el acoso sexual resonando profundamente en las mujeres como Lois Jenson, Ann Jochems y todas las otras mujeres que sufrian a solas los similares crudos y humillantes incidentes como parte de su trabajo diario.

Los ejemplos graves de acoso sexual que las mujeres de mi libro han experimentado fueron repetidas por los que Lilly Ledbetter experimentó en su trabajo en Goodyear Tire. Si bien la historia de Ledbetter se ha centrado en la desigualdad salarial que experimentó, el acoso sexual es igualmente parte de su historia.

En su libro, “Gracia y Coraje: Mi Lucha por la igualdad de remuneración y de imparcialidad en Goodyear y más allá” (escrito con Lanier Scott Isom), Ledbetter describe la letanía de abusos amontonado sobre ella mientras realizaba sus tareas en un trabajo que se consideran “no tradicionales” para una mujer.

Grace and Grit

Para aquellas mujeres que trabajan en las estaciones de bomberos de la nación, en obras de construcción, plantas de energía, telecomunicaciones y otros trabajos especializados de cuello azul que permanecen “a trabajos no tradicionales” para las mujeres, su escasa representación y el consiguiente aislamiento siguen dando lugar a incidentes de acoso sexual.

Estas historias aparecen con frecuencia en los tabloides y otras publicaciones. Lo que ha cambiado es que el paisaje de acoso sexual ha sido identificado llanamente. A menudo, los acosadores ya no pueden operar con impunidad si sus víctimas tienen el coraje de presentar un recurso y arrastre sus opresores a la luz del día. Sin embargo, la mala conducta indignante es todavía una realidad común en el lugar de trabajo. Estos casos no se limitan a las mujeres en entornos de cuello azul. Una reciente demanda acusa que una representante de ventas que trabajaba en el centro comercial Westchester para una empresa de bolsos de alta gama fue trasladada al servicio higiénico después de negarse a su jefe ‘insinuaciones sexuales.’

Hacia el final de este poderoso documental, Anita Hill habla de las miles de cartas que ha recibido – caminando frente a los archivos, ella describe las cartas de odio y amenazas de muerte dirigidas a ella después de su testimonio. Luego ella señala al último gabinete, el cual tiene las cartas de quienes la apoyan. Ella nota  que las mujeres que han experimentado la misma cosa ahora pueden hablar de ello. “!Esperemos que no sean disuadidas para que no hagan sus denucias!”

Después de no hablar durante dos años sobre las audiencias de Thomas, Anita Hill comenzó a expresar más su punto de vista. Ella se convirtió en una defensora de las mujeres, poniendo su experiencia en perspectiva. “El acoso sexual es sólo una parte del problema más amplio de la desigualdad de género,” dice ella. A medida que el cineasta visita un taller de adolescentes en el programa basado en Brooklyn, Niñas para la Equidad de Género, se plantea la pregunta: “¿Quién sabe de Anita Hill?” Esta generación está siendo preparada y comprometida en el debate más amplio. “Hemos estado construyendo una comprensión de la igualdad y de lo que se necesita para llegar allí. Es mejor de lo que era en 1991. La honestidad, la dignidad y el valor será recordado, ” dice Hill. Expuso estas cualidades en abundancia.
Encuentre la película y veala. Lea el libro fascinante de Mayer y Abramson. Un buen balance de la historia en su caja de herramientas le hará un activista más potente y eficaz.