Navidad en Starbucks

  

Ha habido un resurgimiento de la organización entre los baristas en el gigante cafetero, y nosotros en el sindicato IWW alentamos a todos los empleados actuales y anteriores de Starbucks a buscar a su rama local del IWW y llevar el formidable Sindicato de Trabajadores de Starbucks de regreso a su tienda … y darle una Navidad a su empleador que jamás olvidara. – JP

Por: Liberté Locke

Starbucks es un trabajo en el que el jefe es tan mierda que puede perder todo en el huracán Sandy y su simpatía sólo dura un par de semanas. Los trabajadores giran los ojos y los que no pueden morderse la lengua no puede dejar de pronunciar la palabra “karma”. Evaluaciones degradantes de los empleados llevan a todos a recordar que (si bien su tía, primo, amante, o niñera sigue viviendo en la oscuridad, 27 tramos de escalera en las viviendas públicas, preguntándose por qué la Cruz Roja esta a ras de dólares y que están viviendo de migajas, pagan por Metrocards que solo compran un raite en los autobuses llenos en las líneas aún no restauradas) el patrón estaba molesto, pero sólo brevemente.

Es una victoria para llegar al trabajo a sólo 20 minutos tarde, pero por supuesto que el jefe no lo cree así. Turistas tienen más empatía acerca de lo que hemos pasado que el jefe que sintió los efectos del huracán. Está estable pronto – una recuperación rápida mientras continuamos a luchar. El gerente puso a todos las calificaciones más bajas en la “orientación al cliente”. Irónicamente él es incapaz de preparar un café con leche y recordar un solo nombre de un cliente habitual. Su cheque de pago es como si él hiciera todas las bebidas.

Las ventas de bebidas suben, las transacciones se disparan, las ventas minoristas escalan, mientras se reducen las horas, los descansos están “olvidados”, y las evaluaciones demoran y son ofensivas. 

Una compañera mía había aguantado bastante. Ella resolvió el asunto de la manera en que las cosas se hacen en Nueva York. Ella golpeó al jefe y rompió la puerta de vidrio de la tienda. Cuando llegué al día siguiente tenia la certeza de que me culparían por lo de la puerta.

El día anterior, la Sede de Starbucks finalmente me obligó a quitar todos los botones sindicales de mi uniforme, a excepción de uno. Este momento se produjo después de cinco años de batallas legales sobre el uso de múltiples pasadores sindicales en el trabajo (y la lucha por la readmisión de nuestros miembros, incluyendo a Daniel Gross). Después de perder cuatro apelaciones, Starbucks finalmente ganó, una vez, y eso fue suficiente. Tiré a la basura todos mis pasadores emitidos por la empresa y gané un montón de simpatía por parte de mis compañeros de trabajo, quienes especialmente apreciaron mi pin de Dr. Martin Luther King, Jr. el cual ya no se me permitía portar.

Retomando lo de la puerta, yo había asumido que era algún tipo de vandalismo en la madrugada que la mayoría de los trabajadores de Starbucks se han acostumbrados (a nivel mundial están acostumbrados a mucho más que un vidrio roto). Pregunté al personal encargado de abrir la tienda y aprendí de nuestra nueva heroína popular: la mujer que hizo lo que los temores justificados de despido y la cárcel impiden a los demás actuar. Si el karma fuera real (y éste hubiera sido alguien más arriba), pensaría que ese golpe al patronal fue en solidaridad por nuestro Compa Daniel.

Lo último que supe es que Starbucks sigue buscando a esa empleada. No sé dónde está, pero sé que ella tiene mi respeto y agradecimiento. ¿Cómo responde la Sede que nuestra tienda va bien económicamente y, al mismo tiempo, el gerente esta siendo denunciado por los trabajadores y, finalmente, atacado por una empleada? Envían correos electrónicos aplaudiendo su “liderazgo”. Estos mensajes están impresos y publicados para que todos puedan ver que nuestro crédito ha sido robado – probablemente convertido en un incentivo que nunca vamos a recibir.

Justo antes de Navidad, la Sede nos decidió dar las “gracias”. Casi todos los gerentes de distrito (DM) en Manhattan invadieron la tienda durante el pico de la mañana, y gritaron mal una canción de Navidad. Nuestra DM llegó detrás del mostrador (en el camino donde estábamos preparando las bebidas) y levantó un tablero laminado gigante firmado por los DMs y solo dijo “Gracias por su … (bla, bla, bla).” Ella lo leyó en voz alta, más a los clientes como una táctica que a nosotros como una verdadera “gracias.” Grité desde mi caja registradora, “A mi no lo parece un cheque gigante!” Mis colegas en las cajas registradoras regresaron a servir a los clientes y dijeron que entre sí en voz alta, “Sí, ¿dónde están nuestros aguinaldos, eh?”

Para colmo de males, los DMs se adueñaron de dos mesas grandes para sentarse a almorzar – una multitud de 10 personas que han pasado años tratando de despedirme, tres de los cuales han tratado, en vano, de arrestarme en manifestaciones. Saltaron la línea, ordenaron varias bebidas complicadas y compraron la mayor parte de nuestros sandwiches – por supuesto que los querían calentados y algunos sin queso. Fue en la tarjeta de la empresa, nos sobrecargaron de trabajo, molestaron a los clientes habituales y, como esperamos, NO nos dejaron la propina. Está claro que estaban celebrando nuestro trabajo duro con un almuerzo gratis. Algunos trabajadores mordisquearon de la cajita de las galletas feas de estrella del supermercado que al menos nos dejaron. Le dije a la gente que hace esos tableros en Kinkos por 40 bolas y que seria mejor si hubieran puesto esos $ 40 en el tarro de las propinas. Como personas mayores con recibos, con niños y con colegiatura – (pagando con las galletas de estrella), en lugar de sentirnos apreciados, sentimos que ellos cagaron sobre nosotros. Justo después, un cliente en un uniforme de mantenimiento dio a mí y una compañera cada una un billete de $ 20 y dijo: “Es para ustedes, Feliz Navidad.” Nos recordó que los trabajadores se cuidan los unos a los otros.

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Este articulo apareció originalmente en el Industrial Worker en marzo de 2013, después del huracán Sandy, cuyo tormenta mató a 233 personas en 8 países y causó daños por $ 70 mil millones, inundando Nueva York en octubre y noviembre de 2012. La escritora es Liberté Locke, trabajadora-organizadora del Sindicato de Trabajadores de Starbucks del IWW. Aunque actualmente inactiva, la campaña del SWU-IWW ganó una plétora de pequeñas y grandes victorias, incluidos aumentos salariales en toda la ciudad en Chicago y Nueva York y el pago de vacaciones para el Día de Martin Luther King Jr. en toda la empresa.

 

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