
Fotografía de Iago Barreto, 1.º de Mayo de 2026, comunidad de la Praia dos Botes, Fortaleza, Ceará, Brasil.
Del mar al manglar
Veintidós tesis para la reconstrucción del sindicalismo revolucionario
Elementos de crítica y de orientación, desde Brasil para el mundo
União Terra e Trabalho (Unión Tierra y Trabajo)
Apertura
La luz del sol rasga de brillo el mar y encandila los ojos de quien pasa. Nadie ve, mirando el mar, que más de la mitad de aquella vida vino de otro lugar: el manglar. Criadero que solo se ve por dentro. Quien no entiende su suelo rico lo juzga lodo podrido; quien no entiende sus contrastes lo juzga oscuridad.

Ensayo fotográfico “Sabiaguaba N Ativa”, de Maddu Soares, 2022.
Así son las organizaciones de base. Cuántos partidos evitaron ensuciarse los pies en este terreno, tras el resplandor del sol, y por eso nunca vieron el cangrejo, la ostra, el mejillón sururu.
Nosotros nos quedamos. Encontramos constelaciones en los caracoles que la marea lleva y trae, dejamos que las aguas se llevaran la brújula, aprendimos a leer el vuelo de los pájaros que migran de norte a sur. No es fácil componer una idea para tiempos tan acelerados. Pero lo nuevo siempre viene,¹ aun en silencio, como el rocío que delata el sereno de la madrugada.
la marea que bajó
A maré tá cheia, ioió
A maré tá cheia, iaiá!
A maré subiu! Sobe, maré!
A maré desceu! Desce, maré!
La marea está llena, ioió
¡La marea está llena, iaiá!
¡La marea subió! ¡Sube, marea!
¡La marea bajó! ¡Baja, marea!
(Corrido de capoeira)²
1. Un arreglo social terminó y nadie enterró el cuerpo. El ciclo abierto en los años ochenta, guiado por la estrategia democrático-popular,³ tuvo su apogeo en 2003 y su límite en 2017, con la derrota de la lucha contra la reforma de las pensiones y con la reforma laboral que desmontó el financiamiento del sindicalismo oficial.⁴ Oficialismo y oposición eran las dos caras de una misma forma de intervenir en la realidad, y las dos caras cayeron juntas. Las vacas gordas pasaron como un rayo, y sin la lluvia de recursos hasta los grupos más aguerridos quedaron desorientados. “Es tiempo de reflujo” se volvió la justificación fatalista para no enfrentar la crisis con respuestas nuevas. Una crisis aguda exige una crítica radical.

A la izquierda, asamblea de metalúrgicos en un fotograma de la película “ABC da Greve” (“ABC de la huelga”), Leon Hirszman, 1979. A la derecha, protesta en Brasilia, 2017.
2. No contamos con el mismo nivel de organización de masas del pasado. Aun así, hay quien apuesta a que la comunicación eficaz de buenas ideas, envueltas por buenos políticos, en torno a un buen partido puede traer de vuelta los buenos tiempos. Se intenta repetir los errores del pasado, pero de una manera más ilusoria.

Käthe Kollwitz, “Marcha de los tejedores”, grabado de la serie “Una revuelta de tejedores”, 1897.
3. Quien niega la elección suele apostar por la calle. Sueñan con marchas masivas, a partir de reivindicaciones comunes, que deriven en conflictos explosivos en las grandes ciudades. Tomar la alcaldía, izar la bandera en lo alto. La foto que todos quieren esconde la fragilidad de la estrategia centrada en la calle. En esa inestabilidad, sin la capacidad de autogestionar las necesidades económicas, el momento histórico se escurre entre las manos de los trabajadores y cae en las de falsos profetas. La revuelta, por noble que sea, depende de la capacidad del pueblo de asociarse en torno a sus necesidades para atravesar los grandes acontecimientos.
La apuesta dogmática por la “guerra prolongada” del campo a la ciudad tiene su límite en la estructura militarizada y centralizada que trae consigo. Además, el poder militar del Estado tiende a aislar y asfixiar esas experiencias. La construcción de comunidades basadas en la autosuficiencia en el campo, por otro lado, tiene su debilidad estratégica en que no toma en cuenta los sectores urbanos de la producción, parte importante de la economía que, incluso, sostiene hoy la vida en el campo.
4. Hay tiempos tan inflamados que una pequeña chispa produce grandes llamas. Cuando ese tiempo pasa es que se ve que la fuerza de las consignas no estaba en ellas mismas, sino en el momento en que fueron dichas. Sin la construcción del momento, flotan en el aire como nubes inofensivas. Una agitación teatral constante no va a parir acciones consecuentes. El esplendor de la mañana no se abre con cuchillo. ¿Sería entonces necesario un grupo rígido de grandes estrategas comprometidos con la causa del pueblo? Lo que más vimos fueron esos grupos, por su rigidez, quebrándose a sí mismos o quebrando al pueblo cuyos anhelos decían representar.
Hacemos una apuesta distinta. Desplazamos la disputa por el futuro al terreno económico, donde gente común construye, sostiene y decide sobre lo que produce y sobre cómo vive. Es ahí donde la clase trabajadora ya guarda un poder que ningún voto y ninguna guerrilla pueden darle desde afuera. El sindicalismo revolucionario devuelve la cuestión a su lugar: la organización del pueblo. Es en este terreno contradictorio y rico, el manglar, donde está el embrión del mundo nuevo.
tierra y trabajo
Quem deu esse nó, não soube dar
Esse nó tá dado, eu desato já
Ô, desenrola essa corrente, deixa os índios trabalhar
Quien hizo este nudo no lo supo hacer
Este nudo está hecho, lo desato ya
Oh, desenrolla esta cadena, deja a los indígenas trabajar
(Toré indígena, común en el Nordeste de Brasil)⁵

Fotograma de la película “Cabra Marcado para Morrer” (“Cabra marcado para morir”), Eduardo Coutinho, 1984.
5. ¿Eres trabajador? Una inmensa mayoría de personas que también pueden reconocerse como obreros, empleados, asalariados, cuentapropistas, habitantes de favelas, indígenas, quilombolas,⁶ gitanos y campesinos respondería: “Sí, soy trabajador”. Ese reconocimiento nos ayuda a comprender la idea de trabajador como el sujeto explotado, oprimido, que se gana la vida con su sudor. Es decir, hay mucho trabajador más allá de la libreta de trabajo firmada.⁷
6. Como una moneda, la clase trabajadora tiene dos caras. Una es el lugar donde nos ganamos la vida; la otra, el lugar donde llevamos la vida.
Donde nos ganamos la vida es el trabajo: el lugar en que nuestro esfuerzo se vuelve riqueza, casi siempre para otro. A veces eso es directo, como el asalariado en la fábrica, la cocinera del comedor escolar, el repartidor de la aplicación. A veces es más indirecto, como el agricultor que lleva a la feria parte de lo que cosechó para comprar lo que no siembra. Aquí la pregunta es: ¿quién manda sobre nuestro tiempo, y adónde va lo que producimos?
Donde llevamos la vida es todo aquello que nos mantiene en pie para volver al trabajo al día siguiente: la casa alquilada que da abrigo, la comunidad donde se vive, el trabajo doméstico sin salario que se acumula en las espaldas de las mujeres, la fila del centro de salud, el autobús repleto. Cosas que parecen ser solo la manera de vivir, pero que también forman parte de nuestra condición de clase trabajadora. Aquí la pregunta es: ¿cuánto cuesta vivir, y quién decide ese precio?
7. Es en las dificultades que aparecen en esos dos ámbitos donde la clase se forma, frente a los salarios bajos, el acoso, los desalojos, la carestía y el hambre. Cuando esas dos caras se articulan, una potencia a la otra y favorece la autoorganización de la clase. La clase trabajadora por sí misma.
En las sociedades de resistencia y de ayuda mutua de los inicios del movimiento obrero, el mismo fondo que pagaba el entierro de un compañero financiaba, semanas después, una huelga; en el Primer Congreso Obrero Brasileño, en 1906,⁸ eso fue criticado como desviación asistencialista, pero patrón y policía nunca tuvieron dudas: reprimieron el tejido entero porque sabían que era uno solo. A fines de los años setenta, la Oposición Sindical Metalúrgica de São Paulo tenía fuerza en el portón de la fábrica porque tenía, en el barrio, a las Comunidades Eclesiales de Base, la Pastoral Obrera y el Movimiento del Costo de Vida cuestionando el precio de la comida.⁹ Hoy la misma pauta reaparece donde menos se lo busca: en los puntos de espera de los repartidores, en los talleres de motos, en los grupos que avisan de los controles policiales y convocan el paro, en los equipos que se reconocen por camiseta y por zona. El café compartido en el punto, la colecta para quien perdió la moto: nada de eso es lo que sobra después de la lucha. Es la vida reproduciéndose y, de a poco, volviéndose de nuevo capacidad de sabotear los engranajes de la producción de valor.

A la izquierda, cortejo fúnebre de José Martinez, São Paulo, 1917 (Archivo Público del Estado de São Paulo). A la derecha, Breque dos Apps en la Avenida Paulista, 1 de julio de 2020 (Roberto Parizotti/Fotos Públicas).¹⁰
8. Por eso organizamos los dos lados al mismo tiempo, sin que uno mande sobre el otro. Las Organizaciones por Lugar de Vivienda, o comunitarias, cuidan de donde habitamos. Las Organizaciones por Lugar de Trabajo cuidan de donde trabajamos. Ninguna es superior a la otra, y es en la costura entre ellas donde vive la fuerza que buscamos.
el enfoque industrial
“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”
(Eduardo Galeano, El libro de los abrazos)¹¹

Poço da Draga, Fortaleza. Maddu Soares, ensayo “Antes da ponte fechar” (“Antes de que cierre el puente”), 2023.
9. Las primeras asociaciones de trabajadores se definían por la herramienta que utilizaban: los sastres, los carpinteros, los herreros. Eso cumplió un papel hasta el punto en que la economía fue evolucionando y los oficios empezaron a depender cada vez más unos de otros y de la maquinaria que cambia el trabajo vivo por trabajo muerto. La industria no debe entenderse como un lugar con cinta de producción y obreros manchados de grasa. La industria es una característica del modo de producción de nuestro tiempo, marcado por el esfuerzo coordinado, integrado a escala global, que tiende a abarcar toda la vida social.
Al reconocer esto, Big Bill, un trabajador de las minas y del campo, denunció, en la fundación de la IWW (Industrial Workers of the World), en 1905, el límite de los sindicatos que separan a los trabajadores por oficio. Mientras los patrones tejían amplias alianzas entre sí para dictar los salarios, los trabajadores de un mismo lugar estaban divididos en sindicatos particulares que negociaban beneficios de manera egoísta. Por lo general, eso reforzaba las desigualdades entre trabajadores más calificados y menos calificados, entre trabajadores blancos y negros, entre nativos y migrantes.

Trabajadores de la mina Trade Dollar, Silver City (Idaho, EE. UU.), década de 1890. Bill Haywood es el séptimo desde la izquierda, de perfil.
10. Un sindicalismo industrial no elige entre calificados y no calificados: reúne al ingeniero y a quien carga el fardo bajo el mismo techo, y sabe que su prioridad real está siempre con quien tiene menos. Big Bill decía, con razón:
Me importa un bledo si los trabajadores calificados se unen o no a este movimiento industrial en este momento. Cuando hayamos traído a esta organización al trabajador no organizado y no calificado, el trabajador calificado vendrá por necesidad, para su propia protección.¹²
En 1920 la Confederação Operária Brasileira (Confederación Obrera Brasileña) defendió ampliamente la fusión de los sindicatos de oficio en sindicatos de industria, en la construcción y en la industria textil, apostando a la superación del corporativismo. Antes de eso, la IWW había radicalizado la apuesta por el Gran Sindicato Único (One Big Union), de la minería a la marina, sin distinción de calificación, raza ni género. En España, la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) llevó el método al límite en el Congreso de Sants, en 1918, suprimiendo los sindicatos de oficio para formar Sindicatos Únicos por ramo; pocos meses después, el Sindicato Único de Agua, Gas y Electricidad paralizó Barcelona durante 44 días en la huelga de La Canadiense y arrancó por decreto la jornada de ocho horas en toda España.

Barcelona, 1919: en la huelga de La Canadiense, la ciudad se paralizó y el gobierno militarizó los servicios básicos.
Las organizaciones comunitarias, de cierto modo, anticiparon la organización industrial, en la medida en que, en general, no buscan beneficios para categorías específicas de vecinos: involucran a todos a partir del lugar donde viven, porque todos son necesarios para que la comunidad sea vivida.
11. El enfoque industrial es necesario para superar el estado de desorganización y sujeción de los tercerizados, los temporarios, los contratos precarios, los informales y los repartidores. La organización recortada por profesión vuelve invisibles justamente a los trabajadores que comparten el mismo edificio, el mismo turno y el mismo patrón real, solo que con otro contrato. La organización industrial los encuentra el primer día, porque la pregunta que hace no es qué categoría defender, sino cómo crear poder colectivo. De ahí nuestra prioridad absoluta: más del 90% de los trabajadores brasileños no están afiliados a ningún sindicato. Y, entre los que lo están, muchos están en sindicatos fantasma o, como mínimo, lejos de las necesidades de quienes sostienen el trabajo diario.
Estas comprensiones nacieron de experiencias prácticas de organización de tercerizados en el sector educativo en Goiás, en Río de Janeiro y en Ceará. En muchos de esos casos, el estudiante fue una pieza clave para desencadenar procesos de organización.

Viñeta de Laerte.
12. Hace falta, por lo tanto, una propuesta estratégica para la organización estudiantil. Y aquí proponemos que se integre de forma industrial a la rama de la educación.
La lucha del estudiante no es una burbuja aislada de la clase trabajadora: es una de sus fracciones. El estudiante ocupa una posición propia dentro de la industria de la educación: madruga, cumple horario, se somete a disciplina, plazos y evaluación, y al final de la línea entrega trabajo, siendo a la vez producto y productor de lo que la escuela produce. Insistir en una organización puramente estudiantil, apartada de los docentes, el personal técnico y los tercerizados que comparten el mismo día a día, reproduce la fragmentación por oficio que ya criticamos. Y sale caro: en Brasil se perdieron huelgas en la educación porque la comunidad escolar llegó dividida en categorías, con el estudiante sin participación, el docente a destiempo y el tercerizado tratado como si no estuviera ahí. Si nos organizamos hoy del modo en que queremos gestionar el mundo mañana, no hay motivo para separarlos desde el núcleo de base.

Tercerizados de la Universidade Federal do Ceará paran por salarios atrasados, junto a estudiantes del Sindicato Geral Autônomo da Educação do Ceará (SIGAE-CE, Sindicato General Autónomo de la Educación de Ceará), 2025.
autonomía y soberanía
“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”
(Santiago 2:17)

Poço da Draga, Fortaleza. Maddu Soares, ensayo “Antes da ponte fechar” (“Antes de que cierre el puente”), 2023.
13. Autonomía y soberanía no son sinónimos. Autonomía es la capacidad colectiva de actuar sin ser determinada por una fuerza exterior contraria, el Estado y los patrones en especial. Puede medirse en grados de independencia. Soberanía es la capacidad de reproducir, ciclo tras ciclo, las condiciones materiales que mantienen eficaces las decisiones colectivas: caja, local, transporte, abogado, formación, memoria, gente disponible para sostener la rutina cuando la movilización se enfría. Puede medirse en relaciones de interdependencia. La autonomía se afirma contra la determinación externa; la soberanía, contra la propia impotencia. Nuestra hipótesis es simple y desagradable: casi todo lo que criticamos en nuestro propio campo no es una falla moral de militantes, es lo que ocurre cuando una de esas capacidades existe sin la otra.
14. Autonomía sin soberanía tiende al aislamiento y al agotamiento. Soberanía sin autonomía tiende a la integración. Una organización políticamente autónoma y materialmente impotente no deja de necesitar existir ante los ojos de los demás y ante los propios. Si no frena un desalojo, no banca una huelga de tres semanas, no paga un abogado y no sostiene un local, busca el único terreno que le queda: la imagen y la diferenciación ideológica. Así es como la lucha se vuelve contenido, el acto existe para ser fotografiado, la foto existe para probar que el grupo existe, la consigna se elige por la repercusión que rinde. Así es como la organización pasa a distinguirse por posición doctrinaria en vez de por trabajo de base, y la asamblea deja de decidir sobre el subsidio de transporte, el aula superpoblada y la orden de desalojo para decidir sobre la coyuntura nacional. La gente se afilia para participar en reuniones de activistas, no para organizarse como clase, y lo que nació para ser popular se vuelve un partido pequeño discutiendo consigo mismo. Nadie se despierta por la mañana con ganas de hacer política de apariencia: se llega ahí por falta de medios.

Primera asamblea de la Ocupación Nestor Makhno, 15 de abril de 2023. Archivo Terra Liberta.¹³
15. El espectáculo es un síntoma. Por eso no medimos una acción por su intensidad, sino por lo que deja una vez terminada: cuántos organizadores nuevos formamos, cuántos trabajadores mapeamos, cuánta caja construimos, cuántos núcleos siguen en pie cuando se asienta el polvo. Si una lucha termina con la misma capacidad organizativa que encontró, no cumplió su tarea, por visible que haya sido. La indignación constante no sustituye a la investigación paciente.
16. La oposición sindical,¹⁴ por más clasista y combativa que se proclame, presenta límites estratégicos importantes. El calendario es del sindicato oficial. El derecho legal de huelga es del sindicato oficial. La estructura, la carta sindical, la prerrogativa de negociar con el patrón, la asamblea que vale: todo pertenece a quien se pretende combatir. El ciclo es conocido: la oposición crece durante la huelga y se marchita cuando la huelga termina, casi siempre justo después de una traición de la dirección. Cuando la disputa se da por las listas electorales, el repertorio de acción directa se encoge hasta caber en lo que la entidad autoriza; y cuando la maniobra burocrática cierra la cuestión, no queda propuesta alguna, porque no había organización propia fuera de ahí.
Los intentos de pegar esa táctica a la estrategia sindicalista revolucionaria en Brasil después de los años 2000 rara vez escaparon de este ciclo, y cuando se conseguía una directiva, era más una victoria de la institución oficial que de la organización sindicalista revolucionaria. La justificación de que “las masas están en los sindicatos oficiales” no se sostiene: la sindicalización brasileña está por debajo del 9%, y buena parte de ella es sindicalismo de servicios, con asambleas vacías y afiliación mantenida por convenios de beneficios.
17. El reconocimiento que buscamos, al final, no es jurídico. Es material: un sindicato se impone cuando el patrón ya no puede ignorarlo, no cuando recibe un registro; un comité existe cuando cambia una relación de fuerza concreta, no cuando obtiene autorización para existir. Y ninguna organización que dependa solo del entusiasmo sobrevive al reflujo. Por eso la cuota de cada afiliado no es caridad ni tasa administrativa: es la forma concreta de construir independencia frente al Estado, los partidos, las fundaciones y los patrones. Sostiene abogado, formación, comunicación, fondo de solidaridad y de huelga, local y memoria organizativa. La infraestructura es lo que baja el costo de luchar y decide si una huelga dura tres días o tres semanas, si el trabajador despedido por organizar tiene adónde ir, si lo aprendido en una campaña llega a la siguiente o se pierde con quien se fue agotado. Es ella la que nos permite la doble libertad que buscamos: libertad frente a la dominación y libertad para construir, desde ya, formas de vida colectiva y de trabajo libremente asociado.
vanguardia y retaguardia
“Hubo un día en que yo, también, creí en las palabras.”
(Aforismo inspirado en san Francisco de Asís)
18. Lo que le falta hoy a la clase trabajadora no es alguien que le diga al pueblo qué hacer. La tradición del partido de vanguardia parte del diagnóstico de que falta conciencia y falta dirección, y existe para proveerlas. Por nuestra experiencia, percibimos que el costo real de hacer avanzar la lucha no es decir sí o no. El desafío es sostener la fuerza que la movilización generó. No falta coraje en la primera línea; falta una retaguardia capaz de absorber el costo de permanecer después de que la multitud se dispersa, sin tiempo, sin ingresos, sin ahorros, sin reserva emocional. En cada ciclo el movimiento recomienza desde cero, y el peso recae sobre las mismas personas, endeudadas y agotadas, o sobre una nueva camada que se desgasta al mismo ritmo de su propio trabajo. Lo que la clase necesita es una buena retaguardia, capaz de garantizar que quien trabaja doce, catorce, dieciséis horas por día participe en las decisiones que la lucha exige, en lugar de ser desplazado dentro de un proceso cuyo origen y cuyo destino ni siquiera logra seguir.
19. La retaguardia no es lo opuesto de la primera línea: es su condición. Así como las líneas logísticas sostienen la actividad en el frente de batalla, la retaguardia es la infraestructura material por la cual la lucha gana duración y la autonomía se vuelve soberana. La primera línea aparece en el piquete, en la caravana, en el paro, en la reunión arrancada al patrón, en la negociación expuesta al público, pero no brota de la nada. Los liderazgos en quienes los trabajadores realmente confían no se forman frente al micrófono: se forman en la convivencia diaria, en el punto de espera, en el taller, en el grupo, en el barrio, y es ahí donde hacen el trabajo político que nadie fotografía, movilizando gente, organizando solidaridad, mediando conflictos, conectando barrios y ciudades. La retaguardia es el lugar al que el trabajador puede volver, reencontrarse y permanecer en la lucha; donde quien quiere seguir organizando encuentra apoyo, formación y condiciones que bajan el costo de continuar; y donde quien no está en el centro de la lucha puede ser muy útil, cuidando la logística, garantizando recursos, asumiendo la comunicación, sosteniendo la rutina que le da combustible a quien está al frente. El trabajo de retaguardia no es secundario ni preparatorio: es la condición para que la primera línea vuelva a existir la próxima vez.

Feijoada de confraternización del 1.º de Mayo de 2026 en la Praia dos Botes, Fortaleza. Fotografía de Iago Barreto. Archivo de la Organização Popular Terra Liberta.
20. Formamos un tipo específico de sujeto en la lucha. No el revolucionario profesional, no el activista del próximo acto, no el dirigente que habla por los demás. Formamos al organizador: aquel que investiga, escucha, forma a nuevas personas, resuelve conflictos, sostiene cajas comunes y sabe que su trabajo está bien hecho cuando deja de ser indispensable. La pregunta que orienta ese trabajo no es cuántos discursos dio alguien ni cuántos actos organizó. Es otra: después de seis meses, ¿hay más trabajadores capaces de organizarse sin esa persona? Si la respuesta es sí, hubo organización. Si es no, hubo solo actividad. Investigar no es una actividad separada de la militancia; investigar es organizar las condiciones para que la lucha continúe.
21. La autoridad viene de la base, y a eso no renunciamos. Pero las experiencias de solidaridad autónoma que el pueblo construye son como pájaros posados: basta el grito de un debate moral, de una disputa estratégica lejana o de una huelga general que nunca llega para que alcen vuelo y desaparezcan. Contra eso, dos cuidados. El primero es el peso real de la cantidad: si una decisión política no lleva detrás de sí gente organizada de verdad, es el debate de un grupo pequeño haciéndose pasar por posición colectiva. El segundo es la cuota obligatoria: una organización que dice tener cientos de afiliados pero no demuestra cientos de cotizantes, aunque sea con una cuota simbólica, probablemente no tiene esos cientos; tiene un puñado de gente hablando en nombre de una base que no existe.

Fotograma de la película “La sal de la tierra”, Herbert Biberman, 1954.
22. Es preciso que los brazos sostengan la rebeldía de la lengua. Esto no es desconfianza del pueblo: es la garantía de que la opinión de cualquier liderazgo tenga respaldo en una base capaz de presionarlo cuando el discurso se despegue de la práctica. Federalismo no es desorden, es rigor aplicado a la horizontalidad. Por eso toda función administrativa es delegada, todo mandato es revocable en cualquier momento, y ninguna instancia central decide en lugar de quien organiza el conflicto real.
la marea que vendrá
Toda marea que baja vuelve a llenarse, y no es el grito lo que la hace subir. No creemos que la emancipación de la clase trabajadora vaya a nacer de un gran acontecimiento. Nace de la construcción paciente de instituciones propias, como el manglar que, raíz por raíz, retiene lo que la corriente trae y hace tierra donde antes solo había agua. Formar a quienes vendrán después de nosotros y preparar, desde ya, dentro de la vieja sociedad, la capacidad colectiva de organizar otra: ese es el trabajo de la marea baja. Cuando el agua vuelva, que encuentre raíz firme. Cuando vuelva a bajar, que deje más tierra de la que encontró.
18 de octubre de 2026 | UNIÃO TERRA E TRABALHO
Notas a la edición en español
Traducido del original en portugués, Do Mar ao Mangue (18 de octubre de 2026). Estas notas se agregaron para lectores de fuera de Brasil.
- Lo nuevo siempre viene (“o novo sempre vem”) evoca un verso de “Como nossos pais” (1976), canción de Belchior, compositor de Ceará.
- El corrido es un canto breve de pregunta y respuesta que se canta en el círculo de capoeira. Ioió e iaiá son antiguas formas de tratamiento, variantes de sinhô y sinhá (“señor” y “señora”) de la época de la esclavitud, que sobreviven en el canto popular.
- La estrategia democrático-popular se formuló en el Partido de los Trabajadores (PT) en los años ochenta. Buscaba acumular fuerzas mediante elecciones, sindicatos y movimientos sociales hacia reformas democráticas y populares y, a la larga, el socialismo. Lula, del PT, asumió la presidencia en 2003.
- El sindicalismo oficial es la estructura sindical regulada por el Estado brasileño, creada bajo Getúlio Vargas en los años treinta y cuarenta. Admite un solo sindicato por categoría profesional en cada territorio, registrado ante el Estado (históricamente mediante la carta sindical); solo ese sindicato firma convenios colectivos y, por regla general, convoca una huelga legal. Hasta 2017 la estructura se financiaba con una contribución obligatoria de un día de salario al año, descontada a todo trabajador formal, afiliado o no. La reforma laboral aprobada ese año bajo el gobierno de Michel Temer (Ley 13.467) la volvió voluntaria.
- El toré es una danza y canto ritual de pueblos indígenas del Nordeste de Brasil, central en su vida colectiva y en sus luchas por reconocimiento y territorio.
- Los quilombolas son integrantes de comunidades de quilombo, descendientes de asentamientos formados por personas que escaparon de la esclavitud. Muchas son reconocidas hoy como comunidades tradicionales con derechos colectivos sobre sus tierras.
- La carteira de trabalho es la libreta en la que el empleador registra un empleo formal. Tenerla firmada significa un contrato formal, con derechos laborales y seguridad social. Una gran parte de la fuerza de trabajo brasileña trabaja sin ella.
- El Primer Congreso Obrero Brasileño, realizado en Río de Janeiro en 1906, adoptó el sindicalismo revolucionario como orientación y resolvió fundar la Confederação Operária Brasileira (COB), que aparece en la tesis 10.
- La Oposição Sindical Metalúrgica de São Paulo fue una corriente de base que enfrentó a la dirección conciliadora del sindicato metalúrgico de São Paulo durante la dictadura militar. Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y la Pastoral Obrera eran organismos de base de la Iglesia católica inspirados en la teología de la liberación. El Movimiento del Costo de Vida nació de los clubes de madres de la periferia de São Paulo y protestó contra el alza de los precios de los alimentos.
- José Ineguez Martinez, zapatero y anarquista español de 21 años, fue baleado por la policía el 9 de julio de 1917, durante una huelga en el barrio de Brás, en São Paulo. Su entierro se convirtió en una manifestación masiva y ayudó a transformar la huelga en la huelga general de 1917. El Breque dos Apps fue un paro nacional de repartidores de aplicaciones el 1 de julio de 2020, durante la pandemia; breque es la palabra coloquial brasileña para “freno”. En las tesis 7 y 19, “paro” traduce breque.
- La cita de Galeano se reproduce en su original en español.
- Las palabras de Haywood están traducidas de su original en inglés, publicado en las actas de la convención fundacional de la IWW (Proceedings of the First Convention of the Industrial Workers of the World, Chicago, 1905).
- Una ocupação es la toma organizada de terrenos o edificios urbanos ociosos por familias sin vivienda, que viven allí mientras reclaman el derecho a quedarse.
- En Brasil, una oposição sindical es una corriente organizada que actúa dentro de un sindicato oficial para disputar su dirección, por lo general presentando listas en las elecciones sindicales. Como solo el sindicato oficial puede negociar y, por regla general, convocar una huelga legal (véase la nota 4), la oposición depende de su calendario y de su estructura.
Aviso legal: Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor. No significa que representan los del IWW, Industrial Worker, o Solidaridad en conjunto.