Minneapolis nos demuestra porqué debemos organizarnos en nuestros trabajos
Mi primera manifestación como adulto fue parte de la oleada de manifestaciones contra la guerra en Iraq que surgió en todos los Estados Unidos en 2003. Fui parte de una multitud de más de 100,000. Me sentí bien de qué había tanta gente y que estaba solo en mi indignación con las acciones de mi gobierno. George W. Bush acaba de inaugurarse como presidente, y yo no sabía de ninguna persona que hubiera votado por él.
La guerra continuó exactamente como si no hubiéramos hecho nada.
Después de eso, casi nunca asistí a manifestaciones. Si un grupo tan grande de acciones masivas no cambiaron nada, ¿Por qué sería diferente una manifestación pequeña organizada por un grupo de activistas locales? Quería ver tantos cambios en el mundo, pero no sentí una razón para continuar luchando, porque no había manera de cambiarlo.
Luego, Trump fue elegido como presidente por primera vez. Yo trabajaba en Big Tech, y de repente, otros obreros en mis redes profesionales preguntaron: qué podemos hacer si Trump pide a nuestro empleador construir el “registro musulman” de que hablaba?. Pudimos ver a todas las cortes no alzarse contra la administración, y desde adentro, de repente estuvimos conscientes de nuestro poder. Para la mayoría de la gente, las compañías de tecnología más grandes son como el gobierno es a mi: Organizaciones grandes de las que no tenemos ningún control, que intentamos protestar y votar fuera y boicotear y no vemos cambios. Pero los obreros en la industria entendían que unas miles de personas, o a veces unos cientos, podrían hacer lo que millones no podrían, si fueran los obreros que construyeron la nube y las plataformas de la red social.
Lograr que mil personas se muevan en la misma dirección es aún una tarea enorme. Cuando me inscribí en un entrenamiento de organizadores IWW por primera vez en 2018, finalmente aprendí como hacerlo. Ví cómo organizarse en una escala pequeña podría transformar las vidas de la gente. Como aunque no podía cambiar lo que puede hacer un político, tengo el poder sobre el lugar en que me ubico 40 horas cada semana.
Antes de involucrarme en organizar mi trabajo, no fui centrist@. No sabía cómo debería llamarme, porque no estaba seguro sobre qué debería haber después del capitalismo, pero estaba seguro que debía haber un “después.” el punto en leer teoría política o hablar con mis amigos de esas ideas, porque no tenía el poder de hacer nada.
Veo mi experiencia repetida en las historias que escucho de Minneapolis. Después del surgimiento de la policía federal secuestrando personas desde la calle, trabajos, escuelas, y casas, ha habido una explosion de reportes de la gente local sobre personas que no habían sido políticamente activos y que ahora sí se involucraban. El usuario de Bluesky Nick Bednar compartió un ejemplo arquetípico de esas cuentas: “Alguien en sus medio-50s hoy me dijo que esta es la primera vez que él había pensado en ser afectado por las políticas. Y ahora, este tipo está activo en proteger edificios y a sus compañeros de trabajo del ICE.”
Hay manifestaciones en todo los EEUU contra ICE y en las instalaciones de ICE, pero la respuesta al aumento en Minneapolis es algo diferente: la gente cotidiana organizando redes de respuesta rápida, trayendo comida a vecinos quienes temen irse de sus casas, buscando y siguiendo agentes de ICE en sus vehículos, soplando silbato y disparando alarmas de coches para alertar a sus vecinos, y más rodeando agentes y físicamente obstruyendo detenciones. No son manifestaciones, son acciones directas. Y aunque tienen poca esperanza de forzar la terminación de la ocupación de Minneapolis, hacen una diferencia mucho más tangible. Cada hora que los agentes deben gastar evadiendo o molestando observadores es una hora en que no están rastreando o secuestrando a individuos. Cada interrupción de una acción tiene la posibilidad de permitir a alguien escapar de la detención, encarcelación, o deportación.
Entonces ¿qué es la diferencia entre una manifestación y este tipo de acción directa? La diferencia no es si las personas creen que las acciones son correctas o no, o aun si perciben al gobierno como justo. La diferencia es si piensas que sus acciones pueden cambiar la situación de una manera importante. La diferencia es si piensas que pueden ganar. Como escribió Alyssa Battistoni en su obra poderosa “Spadework” sobre organizar sindicatos como obrera-estudiante:
“Su trabajo como organizador es descubrir lo que la persona quiere ser diferente en su vida, y después persuadir a la persona que importa si decide hacer algo. No es la misma cosa que persuadir a la persona que la cosa sí misma se importa: ya sabe que si. La tarea es persuadir a la persona que él/ella misma se importa: ya sabe que típicamente no.”
Una cosa que aprendí al organizar a los obreros y hablar con la gente es que los individuos frecuentemente parecen apáticos porque no tienen esperanza. Un compañero de trabajo una vez me dijo que le preocupaba algo ocurriendo a otros obreros en nuestro trabajo, pero “¿cuál es el punto?, porque nadie más les importa aquí.” ¡Acabe de hablar con otro compañero de trabajo quien me dijo que les importa la misma situación! Cuando el asunto es que alguien más se hace daño, el acabado puede incrementar. Nos obliga ser cómplices en el daño que está causando nuestro empleador y que nuestro gobierno está causando en general. Sentimos en algún nivel que beneficiamos de este daño. “¿Obtengo un salario, no?” “Tengo suerte de ser ciudadano cuando tantas personas se sacrifican tanto para mudarse aquí.” Pero cuando no sentimos que podemos hacer nada para cambiarlo, solo tenemos la opción de no pensar en si. De olvidar que nos importa.
¿Qué ocurre cuando alguien nos ofrece la oportunidad de hacer algo? No importa si es luchando por nuestros compañeros de trabajo o alertando a nuestros vecinos que ICE está cerca, se abre camino entre la apatía y temor y vergüenza. Empeña a individuos que nunca fueron “políticos” anteriormente. Trae esperanza a ellos. Y resulta que la gente está dispuesta a ponerse en riesgo mucho más cuando tiene esperanza. Individuos que nunca antes se asomaron a las manifestaciones más suaves y permitidas anteriormente se ponen a riesgo confrontar a policías armados quienes ya asesinaron a dos ciudadanos blancos solo para ponerse al medio. No están aboliendo a ICE, pero la posibilidad verdadera de salvar a un vecino es suficiente.
Pero qué hay de nosotros que no vivimos en Minnesota? ICE no lo haría en todas partes, y sería terrible desearlo. Pero la mayoría de adultos en Norteamérica tienen trabajo. Organizar a nuestros compañeros de trabajo para enfrentarnos juntos al jefe no tiene el riesgo de ser rociada con armas químicas. Estoy seguro de que muchos miembros de IWW se sienten inspirados por el valor de la gente en las Ciudades Gemelas alzándose contra el poder, y pensando en cómo se puede continuar su lucha mejor en otras partes. Nuestro primer instinto puede ser manifestarnos, pero pienso que la mejor manera de honrar las lecciones y la lucha es tomarlo a nuestros trabajos. Traer la esperanza, de uno en una, que podemos mejorar nuestras vidas y alzarnos contra el poder cuando lo hacemos juntos. Que nosotros importamos.