Estoy cansada de la atención sanitaria

Por Luz Sierra – IWW de Miami, 5 de Agosto de 2015salud

Han pasado ya cinco años desde que empecé a trabajar como Certified Nursing Assistant o CNA (auxiliar de enfermera). Una CNA es una profesional de la salud que asiste a las Registered Nurses o RN (enfermeras registradas). Se considera a las CNA como las que hacen el “trabajo sucio” en la atención sanitaria: cambiar, bañar, dar de comer y ofrecer a los pacientes cualquier tipo de asistencia que las RN no tengan tiempo u oportunidad de dar en el ambiente acelerado y multitarea del sistema de salud de hoy. Ofreciendo cuidados a los pacientes he visto muchas de las atrocidades de la sociedad actual, especialmente con la salud mental.

El año pasado me ofrecieron un puesto de cuidadora en un hospital local después de haber sido despedida de mi trabajo anterior por haber organizado a los trabajadores. Es un trabajo bastante tranquilo. Dependiendo del censo, ofrezco cuidados a uno o dos pacientes con riesgo de caída y que están bajo el Baker Act (una ley de Florida sobre salud mental que obliga al paciente a permanecer en las instalaciones y bajo supervisión hasta 72 horas debido a la posibilidad que se dañen a sí mismos o a otros), o pacientes con alto riesgo de complicaciones que pueden resultar heridos. A lo largo de la mayoría de mi tiempo allí como empleada, he visto más que nada a pacientes con trastornos de la salud mental. Entre ellos están las personas mayores a las que se ha diagnosticado con demencia o Alzheimer. De acuerdo con mi experiencia, o no se les da suficiente tratamiento o no se les da ninguno. Sólo se les administra medicación que los mantiene sedados durante horas o, simplemente, son ignorados por las enfermeras. Un individuo con tales dolencias podría ponerse muy ansioso, agitado y desorientado, lo que conlleva muchos problemas. Por ejemplo, a menudo intentan levantarse de la cama de modo no seguro debido a la pérdida de memoria, pueden quitarse su terapia intravenosa (IV) si ésta les molesta, y algunas veces intentan dañar físicamente a personas que no reconocen porque sufren de ansiedad y temen a cualquier persona. La lista podría ser más larga. Los trastornos de la salud mental no son fácilmente tratados, así que hay ocasiones en las que vas a necesitar la ayuda de una asistente de enfermera, una enfermera e incluso la administración. Por desgracia, a veces tal ayuda es inexistente, como un día que se me asignó un paciente que tenía Alzheimer y estaba muy confuso.

Aquel día recibí a la paciente en una situación difícil. Cuando llegué a su habitación, ella estaba dando puñetazos y patadas a la asistente de enfermera, que no le permitía bajarse de la cama. La asistente de enfermera me avisó de que tuviera cuidado ya que ella era muy combativa; no estaba mintiendo. Pasé las primeras dos horas impidiendo que se bajara de la cama mientras ella intentaba darme puñetazos y patadas una y otra vez. Finalmente vino un fisioterapeuta que la acompañó a caminar hasta el lavabo y por la habitación. Luego, la enfermera le administró medicación que la calmó y la reorientó. Después de tomarse la medicación, la paciente empezó a hablarme amablemente, explicándome cosas de su vida hasta que se durmió por unos treinta minutes. Cuando se despertó la medicación ya no hacía efecto, así que estaba agitada y confundida otra vez. Quería irse de su habitación pero no le dejaban, así que me empujaba y pegaba, pidiendo ayuda a gritos. Yo quería apartarme de ella porque es lo que te enseñan que debes hacer ante un paciente irritado, pero no podía porque ella intentaba levantarse de la cama, poniéndose en riesgo de caer. Llamé a la enfermera para explicarle lo que estaba sucediendo, pero todo lo que ella hizo fue venir un momento y hablar con la paciente. Cuando se fue, la paciente se puso agresiva de nuevo.

Durante las siguientes tres horas llamé a la enfermera cinco veces, pero ella no hizo nada más que intentar calmar la paciente hablando con ella. No hay ningún problema con eso, pero si la paciente está dañándose a sí misma e intentando atacar a cuidadores, debería haber una alternativa mejor. No soy una gran defensora de la medicación pero, en mi opinión, es mejor sedar a un paciente con tal de prevenir cualquier posible daño si la enfermera no estará allí 24/7 y si el cuidador del paciente tiene recursos limitados al tener que impedir que un paciente se dañe a sí mismo o a otros. Por suerte, se presentó otra enfermera y se llevó a la paciente a visitar a su esposo, que también estaba hospitalizado. Se me ordenó que permaneciera con ella mientras visitaba a su marido. Estuvo calmada durante un rato, pero después se agitó y quiso irse de la habitación para buscar a sus hijos, que no estaban allí. Tuve que llevarla de nuevo a su habitación, donde ella no quería estar, y pasé las siguientes tres horas yendo y viniendo entre su habitación y la de su esposo. Durante el camino me pegaba y me gritaba mientras las enfermeras miraban sin decir nada.

Durante las últimas horas de mi turno, nadie hizo nada para detener su comportamiento violento, y continué aguantando el maltrato. Se me dijo que la mantuviera sentada colocando una mesa delante de su silla y poniendo my peso sobre ésta, pero no me sentía cómoda haciendo eso. Cumplir esa orden podría ser asalto ilegal y yo no quería inmovilizar a una paciente sin la orden de un médico. Por lo tanto, dejé por inútil lo de pedir ayuda y simplemente aguanté los golpes y coces, pasando las últimas horas de mi turno pasar en el reloj.
Estuve atrapada por diez horas siendo maltratada mientras nadie intentó siquiera ayudarme a sujetar un paciente que me estaba dañando claramente. Eso me dejó molesta, abatida y extremadamente cansada al final del día. Ningún trabajador de la asistencia sanitaria debería experimentar algo así. Los trabajadores también tienen derechos y obligarnos a aguantar maltratos como estos es una locura. Por desgracia, no puedo decir que ésta fuese mi primera vez.

Muchos pacientes se han comportado de este modo y algunos aún peor. Un paciente Baker Act estaba continuamente intentando abandonar el hospital, escupía en todas partes, intentando golpearme, e incluso se masturbó delante de mí. A la enfermera le costó tres horas presentarse antes de inmovilizar al paciente aunque el encargado de seguridad exigiese a la enfermera que interviniera. Éste estaba claramente molesto y no se podía creer que el hospital careciese de procedimientos apropiados o un área (no hay un departamento psiquiátrico en este hospital) para pacientes en dichas condiciones.

Después de cuidar al paciente que me maltrató durante diez horas, estaba sin ninguna duda cansada de tal abuso hasta el punto de considerar dejar el sector. El sistema de asistencia médica es espantoso. Si a nadie le importa un paciente negligido, maltratado o ignorado, ¡imagina qué experimenta el trabajador! Este sistema se preocupa más de los beneficios que las vidas de las personas que viven en él. Pacientes de clase alta, lameculos y ricos son los únicos que obtienen los frutos de nuestra miseria. El resto tienen bastante suerte si dejan el hospital con el sabor de la esperanza que queda en este mundo.

Por diez dólares la hora sin prestaciones no vale la pena ser maltratado. Ningún sueldo merece que el trabajador trabaje bajo estas circunstancias. Tiene que haber un modo de reestructurar este sistema. Apelar a agencias gubernamentales que supuestamente monitorizan el sistema de asistencia sanitaria, como OSHA, no funciona porque a penas inspeccionan cada algunos años, y aún menos tienen suficiente presupuesto para hacer inspecciones sorpresa. A través de la presión empresarial, reuniones y las extensivas ataduras entre la industria y Washington, están controlados por la misma gente que se supone que deberían supervisar. Sean cuales sean las pocas leyes que haya para regular los hospitales, éstas carecen de modos de ejecutarlas bien y están claramente escritas para las empresas que hacen funcionar la industria.

Por eso organizar a los trabajadores debería ser nuestra solución. Puede que los profesionales de la salud estén separados por los horarios, el pesimismo y el miedo, pero hay incontables ejemplos, tanto en el pasado como actuales, donde trabajadores de hospitales se unen y exigen los cambios que se necesitan. Hay la esperanza que un día los empleadores de la atención sanitaria sean capaces de reconstruir un sistema que ofrezca cuidados preventivos, se tome la salud mental más seriamente y trate a pacientes y trabajadores como seres humanos en vez de productores de beneficios. Espero que este día llegue pronto.

Quizás compartir esta historia sería un primer paso. La primera acción que podría acabar con el miedo de no callar, el tormento de estar solo en este sector, la desesperanza entre los trabajadores de la atención sanitaria cuando se enfrentan a condiciones injustas y, en general, la falta de inspiración a contraatacar y construir el sistema que los trabajadores desean. Por eso continuaré mientras me mantenga firme y mi deseo de ver cambios siga vivo.

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– Traducido por FW Milena (Catalunya)

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